¿Hache, la intoxicación o la identificación con el desecho?

Por: Francisco Maquilón Herrera

Hemos manifestado la inequívoca tendencia a hacer a un lado la muerte, a eliminarla de la vida. Hemos intentado matarla con el silencio. (Freud, 1915)

En la clínica de las toxicomanías, es habitual hacer referencia a su composición química y la reacción que ocasionan las sustancias en el cuerpo. Con la hache, una de las drogas con más publicaciones y menor tolerancia social, ocurre algo importante. Actualmente, los grupos políticos hablan de ella en sus campañas, en las cuales indican crear nuevos centros de rehabilitación que frenen el consumo. Muchos periódicos del Ecuador la llaman la nueva bestia, puesto que acecha a la juventud del país.

Es normal que se haga mención a la hache, cocaína y marihuana de modo indistinto. Reportajes de varios periódicos, ciertas investigaciones por parte del CONSEP y posterior por la SETEC, exploraron este terreno; estableciendo diferencias en base a su composición química.

La hache nació concretamente en la penitenciaria de Guayaquil. En el 2002, los traficantes empezaron a vender hache en las calles, pero es finalmente en el 2011 que hace su aparición masiva; posterior en el 2014 las autoridades reforzaron la vigilancia dentro y fuera de las unidades educativas. Se elabora en base a los residuos de heroína, mezclada con uno o varios de los siguientes componentes: cafeína, diltiazem, kerosén, racumín, tiza, vidrio molido y heces de animales. Esta sustancia puede ser fumada, inhalada o inyectada.
En distintas comunidades de nuestra ciudad, se llama hache a la peor calidad de consumo potencial: al desperdicio.

El inicio del consumo de hache en el Ecuador sigue la lógica de la expansión del discurso capitalista. Podríamos pensar la incidencia con el cambio de política económica en el año 2007, en ese momento el país dejó de ser rentable para los productos fabricados en el extranjero y los insumos importados se volvieron una especie de extinción; posterior llegó la hache a los barrios más pobres del país. La venta de esta sustancia se convirtió en un medio de vida en sectores marginales. Hoy el vendedor de hache es un vecino más. Hay familias enteras que viven de eso. Se vende en casas, almacenes y colegios.

Al momento de la ingesta, nadie sabe lo que consume exactamente. La hache, es un polvo entre blanco hueso y café, su color dependerá de las sustancias con que se acompañe. La pueden fumar mezclada con marihuana, a lo cual se conoce como mariachi o dormilón; en pipas manufacturadas con casi cualquier material de la vida cotidiana (plumas, tapas de bebidas), pipas que muchas veces ocasionan quemaduras en labios o manos.

Los efectos en el cuerpo son insoslayables. Toma un instante en afectar el SNC, produciendo un breve efecto de euforia. Dependiendo de la cantidad y la regularidad del consumo, durante el periodo de intoxicación se suelen presentar trastornos sensoperceptivos e ideación paranoide, independiente de la estructura subjetiva.

El consumo sostenido en el tiempo produce graves síntomas físicos. Además de los temblores, la hipotonía y las estereotipas neuromusculares que se dan durante la intoxicación aguda, suele producir dolores abdominales, mareos, vómitos, taquicardia, hipertensión y problemas respiratorios.

La experiencia nos enseña que la mayoría de las personas que consultan por esta problemática lo hacen en instituciones públicas, y suelen llegar con un grado de deterioro tan importante que la mayoría de las veces requiere internación, por el riesgo en que se encuentra su vida y por la dificultad para sostener cualquier otro tipo de dispositivo de tratamiento.

Desde el psicoanálisis podríamos sostenernos desde el aporte del psicoanalista Hugo Freda los que trabajamos con toxicómanos recibimos la muerte con los pacientes, y tratamos de hacer de la muerte poesía. (1998) La hache es la droga de hipermodernidad, se consume todo, hasta el des-echo.

Cada día más hombres y mujeres eligen la dependencia de un objeto a condición de no preguntarse por su subjetividad. La satisfacción con el objeto-droga hace que prescindan de cualquier relación posible con una pareja de carne y hueso.

La intoxicación es uno de los métodos más eficaces contra el mayor sufrimiento del ser humano: la relación con el Otro y los otros. En el texto El malestar en la cultura, Freud le da al tóxico, el lugar de remedio.

En las adicciones observamos una práctica no discursiva que imposibilita al sujeto servirse de la palabra. La intoxicación no requiere del recurso de la palabra. Aunque el sujeto hable mucho de la droga, lo hace en una perspectiva informativa y no simbolizada. Desde la ética del psicoanálisis, debemos hacer pasar al sujeto de las adicciones a las dicciones. El tóxico es un objeto que actúa sin hablar, es un transformador de la satisfacción autoerótica. El sujeto al intoxicarse rechaza saber acerca de su sexualidad, de la dimensión de imposible que se juega entre los sexos

Podemos escuchar que muchos pacientes traen sus aventuras con la droga, la cantidad utilizada, los tipos de sustancias que han consumido, su iniciación en el consumo, pero poco hablan sobre sí: el sujeto se encuentra mudo. El toxicómano encuentra una manera de mantener a distancia el desencuentro de la no relación sexual: no hablar para permanecer en esa satisfacción, la del consumo.

El pharmakon hace que se excluya de cualquier relación posible con una pareja, pues el consumo del tóxico promueve el adormecimiento del sujeto ante lo real, “[…] la droga suele cumplir esta función de proveer al sujeto de un dormir sin sueño” (Bassols, 2011), es decir dormir en la realidad.

En la intoxicación con la hache el sujeto no requiere hablar, hablar tampoco es garantía de nada pero “[…] aleja de la muerte al menos por un tiempo, como lo sabía Sherezade quien hablaba para no morir” (Tarrab, 1998). La única oportunidad que se tiene es que el hacer hablar pase al decir: se puede hablar mucho para no decir nada. Esto lo podemos evidenciar cuando los pacientes acuden a los centros públicos de atención. Estos sujetos consumen su tiempo de atención, y cuando se termina dicho plazo, van en busca de otro espacio en el cual puedan hablar; pueden hablar una y otra vez durante mucho tiempo sobre su adicción para justificar su consumo, sin que aquella experiencia se inscriba en su subjetividad, en su cuerpo y haga un recorte, una conmoción del goce que lo consume.

Es importante ubicar los puntos de repetición del síntoma en el sujeto y recordar que cuando un analista insiste en el síntoma, verifica una intensificación de la resistencia al tratamiento. Con las enseñanzas de Lacan aprendimos que en la clínica, con nuestras intervenciones, debe primar la dimensión de la sorpresa.

Bibliografía

Bassols, M. (2010). Adicciones: un dormir sin sueño. Obtenido de http://miquelbassols.blogspot.com/2010/03/un-dormir-sin-sueno.html?m=1

Freda, H. (1998). En Revista Pharmakon 6.

Freud, S. (1915). De guerra y muerte. Temas de actualidad. En Obras Completas, Tomo XVI.

Tarrab, M. (2017). Un dormir sin sueño. Obtenido de http://ampblog2006.blogspot.com/2017/03/una-experiencia-vacia-por-mauricio.html?m=1

 

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Encuentro de Bibliotecas NEL- Psicoanálisis y Arte: Una lectura de la triada Odio, Cólera e Indignación

SEPARE EN SU AGENDA: JUNIO 17

Encuentro de Bibliotecas NEL
Psicoanálisis y Arte
Una lectura de la triada Odio, Cólera e Indignación

Sesión 3  – Fotografía y Escultura

INVITACIÓN: II Actividad de la Biblioteca de la NEL sede Guayaquil

La NEL sede Guayaquil invita a la segunda actividad de su Biblioteca para el programa de Arte y Psicoanálisis. “Una lectura de la triada Odio, Cólera e Indignación”.

“Dejarnos enseñar por el arte”

Invitadas: María Paulina Briones, Mayra de Hanze, con la coordinación de Ana Ricaurte.

Este encuentro será un espacio para hablar de la obra de algunas escritoras ecuatorianas como María Fernanda Ampuero, Mónica Ojeda, Karina Sánchez, Solange Rodríguez, Lupe Rumazo y otras.

Fecha: Sábado 8 de Junio
Hora: 10h30  Agradecemos su puntualidad
Lugar: La casa morada. Calle Segunda 620 entre Ficus y Las Monjas

Entrada Libre 

Psicología de las masas, extimidad y singularidad, hoy

CONVERSACIÓN

“Psicología de las masas, extimidad y singularidad, hoy”

Participan: 
Carlos Tutivén, académico-investigador de la UCG
Fernanda Carrera, periodista y maestrante en Comunicación digital (UCG)
Mauricio Orrala, psicólogo clínico de la Red de Psicoanálisis Aplicado
Héctor Bujanda, Coordinador de la Maestría de Periodismo digital y gestión de proyectos multimedia.
Coordina: Jessica Jara, psicoanalista y docente del CID.
Lugar: Universidad Casa Grande. Edificio Mayor, piso 7, Sala 1.
Fecha: Jueves 6 de junio.   Hora: 20h30.
* Cupos limitados. Asegure su cupo escribiendo a: loimposiblede@gmail.com
Introducción
Este foro está conformado con algunos de los participantes del cartel “Psicoanálisis y política”, más un amigo del psicoanálisis; y tiene como propósito releer el texto freudiano “Psicología de las masas y análisis del yo”, desde dónde nos preguntaremos ¿qué ocurre con las identificaciones, hoy? En esa vía, queremos recordar eso éxtimo que entrevió Lacan y a lo que Miller dedicó un curso, ¿de qué va hoy esa topología donde lo más íntimo es localizado y rechazado en eso extranjero, en ese modo de gozar del Otro?, ¿ha sido arrasada en el reinado de la imagen, que se evidencia en la apasionada división entre amigos/enemigos, sin una posibilidad real de mediación?
Al respecto, ¿cómo contrariar el rechazo de lo hétero y la singularidad en los nuevos fanatismos, en el empuje actual a lo universal y al hombre sin atributos? ¿Cómo propiciar un litoral, en lo ilimitado de los pujantes nuevos nacionalismos y las anónimas redes sociales? ¿Es qué no se trata hoy de hacer caer los ideales porque estos han caído ya, como la piel de un fruto maduro,por la alianza entre la ciencia y el discurso capitalista; sino, de tejer nuevas modalidades de lazos sociales, a la medida de cada quién?

Cine y Psicoanálisis: “Rabia”

Sobre una conversación con su director: Sebastián Cordero

Por Adriana Pérez Fournier

El 20 de marzo de este año tuvimos el privilegio  en nuestra sede de la Nel Guayaquil, de contar con la presencia del prestigioso director de cine ecuatoriano Sebastián Cordero, que nos permitió conversar sobre su película “Rabia” (2009),  y adentrarnos en la trilogía del próximo IX Enapol: Odio, Cólera, Indignación, y sumergirnos,  deslizarnos,  por estas pasiones que agitan lo humano.

Rabia, ira,  cólera,   que junto al odio, y la indignación,  son  distintos modos de nombrar aquello ante lo cual  se puede encontrar un sujeto  confrontado ante determinados acontecimientos o encrucijadas en la vida, y no pudiendo responder mediante el recurso de la palabra se interrumpe el circuito que hace cadena y lazo con el Otro,   haciendo irrupción lo real.

Es ese  innombrable, que se presenta bajo la forma de estas pasiones que hacen su emergencia  bajo distintas modalidades de goce, afectos como efectos del significante sobre el cuerpo, y pudiendo estallar, entre el odio y la rabia o indignación,   como sucede en la película  que culmina en lo peor, un pasaje al acto criminal del personaje José María.

 

“El vínculo entre dignidad e indignidad es esencial, no azaroso, pero aquel que media entre indignación y cólera es más laxo”[1]. Puede ser que la indignación dé lugar a que se monte en cólera, “aunque no todo humor colérico es producto de la indignación”, ésta se puede dar cuando la singularidad se ve e amenazada, cuestionada, rechazada, desconocida, violada. (G.Arenas)

 

 

La película nos interna en la trama de una “historia de amor imposible”, tal como nos comenta el director Sebastián Cordero,  con un elemento nuevo en la adaptación guionada  de la novela “Rabia”, del escritor argentino Sergio Bizzio, y es el tema de la inmigración. Son  José María y Rosa, colombianos  que migran a España, en busca de trabajo y una vida mejor.

José María trabaja en una obra en construcción. Rosa, empleada doméstica en la casa de la familia Torres, otrora una mansión,  que se convertirá a medida que avanza la película en un lugar, el escenario de lo que se dirime para cada uno como  su lugar respecto al otro, Otro, produciendo distintos des-enlaces para sus pasiones.

Inmigrante-Extranjero-Extraño

“El estatuto del inmigrante cuestiona el círculo de la identidad del sujeto, pero ser un inmigrante es también el estatuto del sujeto en psicoanálisis”.[2]

Nos dirá J-A. Miller que el sujeto como tal, definido por su lugar en el Otro, es un inmigrante. No definimos su lugar en lo Mismo porque sólo tiene hogar en lo del Otro. El problema del sujeto precisamente es que ese país extranjero es su país natal.

Podemos encontrar personificado en José María,  condensado en distintos momentos, el  odio, la rabia o cólera, frente a aquello en lo que se ve amenazado, expulsado, frente al odio racista, segregacionista, expresado por su jefe, el capataz en la obra  donde trabaja cuando éste le dice: “aquí no estás en tu país, aquí se viene a trabajar”.

“Nunca tuvimos lo que el inmigrante nos robó”, sentencia S. Zizek en “La permanencia de lo negativo”, a esto se le teme.

“..Siempre atribuimos al “otro”, un goce excesivo: quiere robarse nuestro goce, y arruinar nuestra forma de vida, y/o tiene acceso a un goce perverso y secreto. En resumen lo que realmente nos molesta del “otro”, es el modo peculiar en que organiza su goce, precisamente el excedente, el “exceso”, característico de esta forma: el olor de “su” comida, “sus canciones”, canciones y bailes ruidosos, “sus extrañas costumbres”, “su” actitud respecto al trabajo. Para los racistas, el “otro” es un adicto al trabajo que se roba nuestro trabajo o un vago que vive de nuestros esfuerzos, y es divertido ver la premura con que pasamos de acusarlo de rehusarse a trabajar a reprocharle que se roba nuestro trabajo”.[3]

En su curso “Extimidad”, Miller nos indica que este odio al Otro,  que se conoce a través del racismo, hay algo más que agresividad, hay una consistencia de esta que merece el nombre de odio y que apunta a lo real en el Otro, y surge la pregunta respecto a ¿qué hace que este Otro sea Otro para que se lo pueda odiar en su ser?, pues bien, dice Miller, es el odio al goce del Otro. Se odia la manera particular en que el Otro goza, y  en esa extimidad  es que en tanto el Otro, es Otro dentro de sí mismo, se odia al propio goce, como extraño, extranjero.

El odio, esa pasión, del ser, del alma, es anterior al amor, surge de la repulsa del mundo exterior; y ese odio primario, inaugural de lo humano, vemos cómo  se va fermentando en José María, pasando  por distintos momentos, y en tanto en su fundamento el odio es tan intenso,  que no se extingue al ser expresado bajo la forma de ira o cólera. El odio apunta a la destrucción, es preciso que el ser del otro odiado no forme parte de este mundo.

Así la rabia y el odio que ésta porta, le lleva a  José María a una serie de  actos violentos, y desencadena en lo peor, la muerte del capataz, al escuchar de parte de éste  el modo insultante e indignante al referirse a Rosa, su novia “…la colombianita esa que todos se quieren follar…”.

La casa, “como un personaje, un protagonista más” como lo señala Cordero, esa mansión   en la que se esconde José María, allí se refugia  luego de la muerte del capataz, será ese éxtimo, interior y exterior, unheimlich, el lugar donde si bien cerca de Rosa, en  tanto relación imposible se le torna inalcanzable. Su mirada sigue los movimientos de lo que allí sucede y  es testigo de los abusos y violación a Rosa por parte de Álvaro, hijo de los Torres. “El goce del encastre”[4] no funciona, y se desencadena el odio junto con la rabia, y José María produce un pasaje al acto criminal, una segunda muerte.

https://drive.google.com/open?id=1hc4we2nPfaIpfdkqyNJ_uidNhZKUnBaC

“La furia, la ira, la rabia, la cólera, en cierto sentido sería la suspensión de la pasión en función de la acción inmediata.  Puede decirse también que la rabia, la cólera, es la explosión contingente de un afecto, que se enraíza en la pasión del odio.”[5]

Estas  pasiones, odio, cólera indignación, se puede decir que se presentan de un modo moebiano, en cada momento contingente frente a la emergencia e irrupción de lo real, allí cuando se produce una suspensión de la cadena S1-S2, pudiendo interpenetrarse, y relevarse  unas con otras.

Quienes participamos en la conversación, con el director de la película “Rabia” Sebastián Cordero, agradecemos mucho su entusiasmo y transmisión en su pasión por el arte del cine, y quedando aún “otras capas o significados, para analizar y continuar interpretando la película”, tal como nos supo decir, y efectivamente desde el psicoanálisis sabemos que el sentido busca de algún modo atrapar lo real, pero éste no se deja atrapar, es reacio al sentido, como las pasiones.

Esta conversación nos abre una vía al articular “Cine y Psicoanálisis”, en este vector hacia el  IX Enapol, propuesto por la coordinación de Bibliotecas de la Nel, sobre “Arte y Psicoanálisis”,

 

Participantes de la conversación

Ana Ricaurte

Miembro de la Nel y AMP

Coordinadora Biblioteca Nel Guayaquil

 

Adriana Pérez Fournier

Asociada de la Nel  Guayaquil y participante del Programa de “Cine y Psicoanálisis” en la Comisión de Biblioteca de Nel Guayaquil

Miguel de la Rosa García

Asociado de la Nel Guayaquil y participante del Programa  de “Cine y Psicoanálisis” en la Comisión de Biblioteca de Nel Guayaquil.

[1] Arena, G. “Cólera, indignación y goce del encastre” https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5113128.pdf

[2] Miller, J-A, “Extimidad”. Ed. Paidós pag.43

[2] S.Zizek http://revistaanfibia.com/ensayo/nunca-tuvimos-lo-inmigrante-nos-robo/

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[4] Arena, G. “Cólera, indignación y goce del encastre” https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5113128.pdf

[5] Boletín OCI 4, Romildo do Rego Barros (EBP)

 

La música de la rata

Por: Miguel De la Rosa G.

En la época medieval, el acto más grande de dignidad, de reconocimiento que podía obtener un sujeto era la nominación de caballero, nominación otorgada por la realeza a causa de un acto heroico que, sin bien puede estar en consonancia sus deseos, no exenta al sujeto de sus pasiones. Por el contrario, a causa de un acto criminal o de sumo quiebre con la moral religiosa, un sujeto podría ser condenado a la muerte física o ser sometido a una muerte social con incidencias subjetivas: el exilio o la excomunión. Pero sabemos también, que el exilio puede ser la elección de un sujeto ante la vivencia de indignación que colma su ser; tal es el caso de José María, protagonista de la película Rabia, de quien me ocuparé en este escrito.

En la entrevista a Sebastián Cordero (https://youtu.be/60x1odgSvgU), director de aquella película, nos plantea concebir a José María como un personaje que experimenta una deformación a medida que avanza la historia, al punto de “animalizarse”: convertirse en una rata. Nos dice Sebastián que las ratas son los únicos seres vivos con quienes comparte un vínculo, se alimenta junto a ellos, son los únicos que pueden verlo. Sin embargo, que aquellas lo vean, lo perciban, no significa que lo estén mirando.

Como sabemos, la mirada no es equiparable al órgano visual, al ojo, más bien existe una esquizia entre ambas nociones, de la cual Lacan nos advierte en El Seminario 11. Para la estructuración de la imagen del cuerpo, noción que encontramos a partir de El estadio del Espejo, la mirada del niño cobra una especial importancia, pues a través de ella experimenta una sensación de júbilo por el sentimiento de unicidad de su cuerpo. La cuestión está en que el niño, sujeto en construcción, debe estar acompañado por el Otro, sus palabras y mirada, que lo dignifican en tanto tal.

Lacan se ha ocupado de hablar de la dignidad brevemente en El Seminario 8 para decirnos que aquella es posible en tanto el Otro nos reconoce en calidad de sujetos, con una singularidad única, ligada a la vertiente del deseo. De la obra de Sartre El ser y la nada quisiera extraer su vivencia en medio de la plaza para evocar lo que ocurre a nivel del reconocimiento, este ejemplo dice así, “estoy en una plaza pública, veo césped, unos asientos y a un hombre que pasa cerca de ellos. Conjeturo que es un hombre aunque, a esta distancia, podría ser un muñeco o un robot”. (1966, p. 357) En el ejemplo de Sartre la vertiente del afecto no es considerada, pues su planteamiento se enlaza a los conceptos de percepción y distancia.

Un sujeto no convoca la mirada de cualquier Otro para ser reconocido como tal: mientras hay miradas que vivifican, otras matan: inhiben, angustian. La cuestión están en que como plantea Freud: la pulsión es sádica – en ella incluye la mirada, no se detiene ante el dolor del otro. Un afecto puede mediatizar nuestra relación con las pulsiones y por ende, con el modo en que se satisfacen. Introduzco esto para indicar como puede funcionar un acto de dignidad de un sujeto a otro: el amor, o alguna de sus variables. Cuando un sujeto no es considerado por el Otro en tanto tal, cuando sus deseos son ignorados, cuando no hay un afecto que mediatice la relación, un sujeto puede llegar a la indignación y su expresión podría surgir mediante un acting out o un pasaje al acto: actos delictivos, exilios, su propia muerte.

Ahora bien, quisiera traer como ejemplo dos referencias sobre la figura de la rata que podemos encontrar en los textos de psicoanálisis. La primera, en el estudio de una neurosis obsesiva por parte de Freud: El hombre de las ratas. El relato de aquel estudio nos introduce a un sujeto que buscaba ser digno del reconocimiento de los oficiales de alto mando: ser reconocido como un hombre que soporta la vida militar. En conversación con un colega, escucha una historia de tortura oriental empleando ratas, relato que lo espanta, pero en el cual se satisface su vertiente sádica, que además, desencadena en él toda una serie de síntomas obsesivos. La segunda, en el Seminario 20, su clase final La rata en el laberinto, en la cual Lacan se pregunta por el saber del ser y cómo llegar a aquella conclusión, nos ilustra junto con la figura de la rata una discrepancia:

La rata esa no se aprehende como ser, sino, en verdad, como cuerpo, lo que supone que se la ve como unidad, como unidad ratera. Pero, y el ser de la rata, entonces, ¿qué lo sostiene? No se lo preguntan en lo más mínimo. O más bien, identifican su ser y su cuerpo. (1973, pp. 168-169)

José María es él mismo objeto de su tortura, vive sin estar vivo, sin tener algún deseo por la vida. La indignación por el crimen que comete lo lleva al punto de hacer equivaler su existencia a la de una rata… ¿lo sabe? No se lo pregunta, lo actúa. Cuando el mata por primera vez, empujado por ese torbellino, esa pasión que rompe con la razón y con toda ética, como lo plantea Gallo (2016), está indignado, no solo por el comentario xenofóbico de su jefe, sino de cómo este traspasa la autoridad de su ser, en tanto devalúa a su mujer, lo ignora y devalúa también a él como su hombre y como sujeto. A partir de ese acto, José María no convoca más la mirada de su mujer, la culpa lo carcome. ¿Muere como sujeto en el momento que mata? Sí y se exilia del Otro. Solo lo sostienen las llamadas que realiza a su amada, Rosa, a quien le pide lo espere, ella lo interroga, al principio lo convoca a su lado, pero luego de un tiempo, como indica Ana Ricaurte en la entrevista con el director, ella se mantiene “del lado de la vida”: sigue con su embarazo, sus quehaceres, sus amistades. José María, sin saberlo, la ha perdido: solo le quedan sus sombras, mientras él vive en las sombras.

La música juega un papel importante en esta película. Una melodía une a ambos personajes, Sombras de Julio Jaramillo, canción que evoca el dolor de la partida de uno de los amantes, un anhelo por el reencuentro, pero además la similar experiencia de José María: vivir bajo la cobija de las sombras, de la indignación. Agonizando por el veneno para ratas, José María realiza una última llamada a Rosa, quien finalmente descubre su paradero. Con su último aliento pide sostener a su hijo en brazos y se despide de la vida ante la mirada de Rosa: una mirada que dignifica. Al final de la película, suena esta misma melodía, pero ahora interpretada por Chavela Vargas, con un tono desgarrador. A la par, propongo un extracto del poema de Borges (2011): Música griega, que hace equivaler a la vida con lo que dure la música. Así finalizo:

Mientras dure esta música,

seremos dignos del cristal y de la caoba,

de la nieve y del mármol.

Mientras dure esta música,

seremos dignos de las cosas comunes,

que ahora no lo son.

Mientras dure esta música,

mereceremos haber visto, desde una cumbre,

la tierra prometida.

 

Bibliografía

Borges, J. (2011). Música giega. En Poesía completa. Buenos Aires: De Bosillo.

Freud, S. (2016). El hombre de las ratas: a propósito de un caso de neurosis obsesiva. Madrid: Amorrortu.

Gallo, H. (2016). Las pasiones en psicoanálisis. Buenos Aires: Grama.

Lacan, J. (1964). La esquizia del ojo y la mirada. En El Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1972). La rata en el laberinto. En El Seminario 20: Aún (págs. 168-169). Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (s.f.). El estadio del espejo como formador de la función del yo. En Escritos 1. Buenos Aires: Siglo XXI.

Sartre, J. (1966). El ser y la nada. Buenos Aires: Losada.

 

 

IX Enapol “ODIO, CÓLERA, INDIGNACIÓN”: Película RABIA – Sebastián Cordero

¿Te interesa el tema del IX Enapol “ODIO, CÓLERA, INDIGNACIÓN” que se realizará en Sao Paulo en el mes de septiembre?

Estamos trabajando sobre él.  Hemos elegido la película Rabia, de Sebastián Cordero y tenemos una entrevista con este Director de cine, quien nos visitó en la Nel para conversar sobre estas pasiones: OCI, en los personajes y en la historia de la película.

Nos gustaría recibir tu comentario.  ¡Esperamos tu participación!

Enlace de película: https://zoowoman.website/wp/movies/rabia/

Entrevista completa: https://youtu.be/1kGoinqCKm4

Extractos de entrevista: https://youtu.be/60x1odgSvgU