BOLETÍN 9 – Hacia la II Jornadas de la Nel Guayaquil

BOLETÍN  9

HACIA LAS II JORNADAS

Presentado por Ana Ricaurte

María Cristina Giraldo, Psicoanalista en Medellín, Colombia. AME de la AMP y de la NEL-Medellín. AE (2016-2019)  nuevamente presente en el trabajo de Escuela de Nel Guayaquil,  comparte con nosotros las observaciones que hace en el Laboratorio de NEL-Fapol sobre una realidad de violencia desde la que puede señalar algunas precisiones para una clínica que no se estanque en la victimización del sujeto abusado en tanto da consistencia al Otro y en contrapartida tapona la lectura del goce propio pulsional, condición para dejar de identificarse como objeto del goce del Otro. Además del aspecto clínico, este escrito tiene también  un interés ético y político al señalar que el psicoanálisis ofrece una vía de desplazamiento de lo mortífero a los arreglos posibles.

Arreglos con lo imposible

María Cristina Giraldo

El fantasma, a la vez que separa de Un real, cumple la función de dar consistencia al Otro. En el caso del abuso, la consistencia dada por parte del parlêtre a un Otro abusador del cual se es víctima, hace imposible analizar la posición en la pulsión. Analizarse supone volver legible la gramática pulsional en la iteración de los restos del trauma. Las disrupciones de goce que se producen mientras el fantasma comanda abren en forma episódica a la opacidad de Un real que ex-siste a la ficción del fantasma con la cual se da sentido gozado al goce. El troumatismo de lalengua sobre el cuerpo escribe la letra de goce que hace marca en Un cuerpo, y es a partir de esas marcas que se hace la experiencia del hecho traumático. No redoblar la victimización supone el paso lógico de ser objeto de goce del Otro del abuso a las formas de arreglo posibles con el propio modo de goce.

En el Observatorio 1 de la NEL-FAPOL, La violencia y las mujeres en Latinoamérica, no tomamos posición por la mujer como objeto de la violencia, en tanto el título del Observatorio permite también situar la violencia en la mujer cuando esta es agente de la misma; de ahí que en la investigación nos ocupemos, por ejemplo, tanto de la participación de las mujeres en el conflicto armado en Colombia -en la guerrilla, en los grupos paramilitares o en el ejército-, como de las víctimas del mismo.

Lo imposible de psicoanalizar supone también considerar la cara de lo posible. Gil Caroz explica lo que es la respuesta del analista en la urgencia subjetiva en un primer momento del trauma: “No se trata de certificar de la posición del sujeto, sino de reconquistar una zona donde el sujeto había estado ausente, puesto que él no se esperaba esta intrusión de lo real fuera de programa”.[1] Nos advierte que intervenir de entrada sobre el goce en un sujeto que padece un hecho violento -podemos agregar: de abuso o maltrato-, sin que él lo elija, es un forzamiento. Se trata, en primera instancia, de reconquistar la condición de sujeto, que desaparece cuando el estallido del trauma irrumpe. El sujeto habrá de bordear ese agujero que el trauma produce en el cuerpo y en lo simbólico, y que cambia las coordenadas que ordenaban su mundo. Otra cosa es cuando se trata del deseo decidido de la víctima, como propone Gérard Wacjman. Cuando se trata de lo real de la pasión de la víctima, estamos en el terreno del goce y de una de las nuevas máscaras de la pulsión de muerte. Hay pues un desplazamiento, siempre posible, del hecho traumático a la decisión de la víctima, es decir, a la voluntad de goce que es el modo singular de gozar de esa víctima. La pregunta es: ¿cómo puede cada uno construir una salida al trauma, que no lo deje atrapado en la identificación a la pasión sacrificial, en la que la pasión se aliena a lo traumático? Los arreglos o no con lo imposible que es el propio goce son lo que marca el borde entre lo posible y lo imposible en un análisis.

[1] Caroz, G., “La víctima real no es víctima del inconsciente”, PIPOL 7, Lacan Cotidiano. Disponible: http://ampblog2006.blogspot.com.co/2015/09/lacan-cotdiano-la-victima-real-no-es.html

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BOLETÍN 8 – Hacia la II Jornadas de la Nel Guayaquil

BOLETÍN  8

HACIA LAS II JORNADAS

Esta ocasión, Ana Vizueta, Psicóloga Clínica, cartelizante en Nel-Guayaquil y trabajando su rasgo; “La orientación analítica en la atención clínica”, nos participa una apreciación de la práctica institucional en Chile. Ubicando cómo el entusiasmo de los Programas de Salud Pública y de Protección Social apoyados en los Derechos Universales, van tropezando en la marcha con el Programa de Goce Singular, con el que cada sujeto pone en tensión el andamiaje asistencial.

Presentado por
Mayra de Hanze

Vulnerados, violentados y abusados: objetos de un asistencialismo sin límites
Ana Vizueta

¿El asistencialismo encarnado en las instituciones de salud mental en Chile dan cuenta del imposible de gobernar de Freud?

El reordenamiento de las políticas públicas de salud mental en Chile gira en torno a la propagación de los derechos humanos, enfocándose en priorizar el acceso a la atención de salud para todos los ciudadanos; ocasionando la proliferación de programas especializados en diferentes vulneraciones de derechos, tales como PPF, PRM, PIE, entre otros; mismos que tienen una línea de acción especializada según la restitución de derechos que se considere se debe hacer. Aveggio (2017) puntualiza: ¨…al igual que otras políticas se orientan por el denominado “enfoque de derechos” consistente en la necesidad de justificar cualquier acción orientada a la justicia social en una acción de protección o de reparación de las consecuencias de un quebrantamiento de un derecho social o un derecho humano¨.

El furor asistencialista se ve marcado en la intromisión de profesionales de las ciencias sociales y de la salud mental, que evalúan si el sujeto fue o es vulnerado, llevando a cabo los planes de intervención y con ello, dictaminando qué destino para este sujeto. Como si para cada dolor o malestar subjetivo existiera un modelo de atención y con ello, una cura efectiva que alivie y desaparezca los síntomas en el menor tiempo posible, cayendo en demostrar la eficiencia de la terapia; desmintiendo la castración.

Greiser (2012), señala: ¨…las burocracias sanitarias ubican un delirio de normalidad que va de la mano del furor curandis —un furor por curar lo incurable— y de la regulación de todo aquello que, según los manuales, escapa a la norma¨. En efecto, frente al sujeto que no se adecúa a una vida que integre un bienestar para sí o para los que lo rodean, queda por fuera de la norma, siendo derivado según el infortunio que alega el incumplimiento a los derechos humanos.

El meollo en este trajín de instituciones es el aumento de sujetos que son denominados bajo el título que mejor corresponda a la trasgresión de derechos por los que ha pasado. Entonces, ya no se habla de sujeto sino de un objeto del sistema de políticas de salud y protección social. El sujeto-objeto que conlleva una historia de vulneración da cuenta de la paradoja de ser salvado de un malestar que muchas veces ni él es consciente que existe.

Por otra parte, Aveggio (2017), introduce el concepto de inversión de la demanda como un ¨pedir que pidan ayuda¨. Es decir, el Otro institucional, demanda que el sujeto pida un soporte, una escucha o una ayuda posible frente a su malestar. En contraparte, son sujetos acomodados en su modo de gozar, que van a la consulta por obligación.

Brodsky (1991) afirma:

Las prácticas de las que vengo hablando: gobernar-educar-psicoanalizar, no permiten una predicción de este tipo; hay en ellas algo de incalculable, de indecible, que impide establecer una relación simple entre causa y efecto… hay algo de azaroso en este tipo de prácticas, que, por ej. condujo a Lacan a incluir al psicoanálisis entre las ciencias conjeturales, es decir, aquellas que, a diferencia de las ciencias exactas, deben tomar en cuenta el factor “sujeto” (pág. 35).

En efecto, lo imposible se relaciona con el sujeto, dando cuenta de una operación fallida en la represión, en tanto hay un resto que regresa. No obstante, se instala en las políticas y las instituciones una incitación por el gobierno de sí, persiguiendo el bienestar referido por la OMS. En consecuencia, se incita a someterse en la rigurosidad del orden judicial para luego quedar bajo la tutela de un organismo que recluye con el fin de cuidarlos o resguardarlos del riesgo a ser vulnerados nuevamente. Greiser explica ¨no se trata sólo de la patologización de la conducta sino del paso siguiente, que es su judicialización¨ (2012, pág. 60).

Acerca del destino que se dictamina a través de la evaluación de la transgresión de derechos, es de suma importancia, interrogarse si la protección de derechos contrapone la libre elección del sujeto sobre su malestar y qué posición frente al mismo. En tanto, el Estado con el ideal de restituir un lugar de derechos pareciera que coarta la dimensión de la responsabilidad del sujeto frente a su propia historia (Aveggio, 2017, pág. 37).

De este modo, hay que estar atentos sobre qué deseo se juega en ese sujeto   —denominado en primera instancia como vulnerado, violentado o abusado— haciendo un paréntesis a la normatividad que infringe con esquematizar cada tipo de sufrimiento sin dejar lugar a aquello que lo diferencia y que, en énfasis, lo hace sujeto.

Entonces es imprescindible aperturar un espacio distinto que no condicione a ese sujeto a un tratamiento según su sintomatología sin antes haber acogido su discurso. Es así, que se marca una brecha en la atención, apuntando a la particularidad y con ello, remarcando un ir más allá de las condiciones sociales por las que viene el sujeto. Si bien, es importante conocer esto, es aún más necesario apuntar a una escucha activa y a una interpretación que ahí donde antes era objeto de protección se vuelva sujeto de palabra, de su palabra (Aveggio, 2017, pág. 373).

A propósito, no es la lucha de derechos necesarios para una sociedad menos injusta con ciertos sectores de la población lo que se objeta, sino el apogeo de una sociedad sin límites que trae una clara desregulación en los discursos actuales. Una vez más, se puede entrever que el ideal de la equidad puede suscitar, al igual que en las instituciones de salud y protección, un delirio de igualdad universal.

Por último, el asistencialismo da cuenta de un sistema que goza nombrando vulneraciones de derechos e incrementando una intervención para cada síntoma. Frente a esto, interpelar el asistencialismo es una vía para estar atentos a sostener al sujeto, prevaleciendo qué arreglo singular hace frente a su goce. La clínica psicoanalítica, orienta el trabajo en las instituciones, alejado del furor asistencialista, interroga sobre el lugar del clínico y del paciente; resguardando al sujeto y cómo se acomoda con su goce.

Bibliografía

Aveggio, R. (2017). Psicoanálisis y políticas públicas de salud mental en Chile: universalidad, diversidad y singularidad. Estado, Gobierno y Gestión Pública, 99.
Bordsky, G. (1991). Gobernar – Educar – Psicoanalizar. El psicoanálisis en el siglo,
Greiser, I. (2012). El psicoanalista en la época de la regulación. En Psicoanálisis sin diván (pág. 44). Buenos Aires: Paidós.

BOLETÍN 7 – Hacia la II Jornadas de la Nel Guayaquil

BOLETÍN  7

HACIA LAS II JORNADAS

Apropósito de los tres imposibles freudianos, Susana Strozzi psicoanalista de Nel-Caracas, nos presenta otros tres del Derecho Romano: usar, disfrutar, abusar.
Haciendo particular hincapié en el abuso discursivo que deja al descubierto un siniestro individualismo anómico, muy distinto al individualismo humanista al que se refería Lacan.

Presentado por
Mayra de Hanze

Usar, disfrutar, abusar

Susana Strozzi

La referencia a los  tres “imposibles” freudianos  que modula el  título de la Jornada me lleva a otros tres, alojados en el Derecho Romano: usar, disfrutar, abusar, abriendo una vía de reflexión acerca de los tiempos que vivimos  – tiempos de abuso, sin duda – y de una sociedad planetaria que, a la vez, alienta constantemente su proliferación y su denuncia.

Esta “globalidad” contemporánea opera así en tanto responde al matema del llamado por Lacan “discurso del capitalista”,  en cuyo movimiento  se constata el deslizamiento del  discurso jurídico-político desde el marco de la “sociedad justa” –el propio de la modernidad –al de los “derechos humanos”,  que enfatiza el de los individuos a ser diferentes y a adoptar sus propios modelos de felicidad y de estilo de vida. Se trata de un individualismo anómico, bien distinto del que Lacan denominaba individualismo humanista en el cual los agentes son significantes amos, tan absolutos como el honor y que pueden llevar hasta perder la vida por ellos. Hoy, el individuo sin identificación, queda a merced del gigantesco y mundializado supermercado de identidades promovido por los medios donde algo tan exclusivo como es, en principio,  el propio goce, encuentra– en analogía con la plus-valía– la razón de su entrada en el mercado y en el objeto-técnico –los “gadgets”del consumismo contemporáneo –el equivalente universal. Es el sujeto de nuestra época, atrapado en el imperativo del goce consumista que le obtura la vía del deseo en el espejismo del mercado; el sujeto “postmoderno”, llamado a gozar sin restricción alguna.

El rechazo de la castración y su correlativo imperativo de goce son, así, la verdad del discurso global y aquello con lo cual éste muestra su carácter perverso más profundo y fundamenta el carácter generalizado, discursivo, del abuso.

Los “otros tres” aludidos arriba son – según las respectivas locuciones latinas –  el jus utendi, el jus fruendi y el jus abutendi, que designan el derecho del propietario de un bien a usarlo, a percibir sus frutos, y, finalmente, a disponer plenamente de él, aún cuando eso no derive en  beneficio alguno para el propietario y sí en prejuicio para otro.

Los civilistas, sin embargo, se inclinan a no ver en el jus abutendi  sino el “derecho de disponer”, y aun cuando en su amplitud máxima pudiera comprender el abuso, se habría ceñido normalmente al  uso de la cosa o derecho, a cambiarlos, modificarlos o transmitirlos.   Algunos tratadistas señalan incluso que la expresión corresponde a los comentaristas del Derecho romano pero que ni este pueblo ni sus jurisconsultos emplearon jamás la expresión.
Si nada es, por un lado, más humano que el abuso– tal como ocurre con el crimen– el discurso en el cual se inserta hace la diferencia. El discurso del Amo, tanto en la versión propia del mundo Antiguo como en la encarnada en la modernidad, podían poner límites. La versión contemporánea, en cambio, se presenta como una vorágine indetenible.
De ahí el valor ético que tiene la apuesta analítica. Lo que está en juego es nada más y nada menos que las consecuencias del deseo humano; aquello con lo que cada quien responde a las condiciones privadas de satisfacción.

BOLETÍN 6 – Hacia la II Jornadas de la Nel Guayaquil

BOLETÍN  6

HACIA LAS II JORNADAS

Piedad Ortega de Spurrier, analista de Nel Guayaquil, señala el delicado trabajo de sostener la experiencia analítica del sujeto y advertimos que la desconfianza que puede irrumpir en los tratamientos es parte de la estructura misma de la relación al Otro y al lenguaje.   A este obstáculo de la transferencia en la situación de sujeto del lenguaje frente a un Otro, hay que sumar lo propio de esta época que fisura algunas de las coordenadas en las que se estructura la subjetividad y deja expuesto al sujeto a lo pulsional. Señala también de una clínica del pasaje al acto y actings out, que nos lleva a reconocer cómo la noción de Yo y la apropiación de un cuerpo trastabillan en cuanto es impulsada la estructura paranoica del Yo, en las relaciones especulares, más generalizadas hoy, en las que se juega la posición tanto de agredido como de agresor.

Presentado por Ana Ricaurte

 CONTRA – TIEMPOS DEL PSICOANÁLISIS, HOY

Saber leer (Silvia Salman)

Sabemos que las coordenadas de la época no favorecen al sujeto  en la búsqueda a la respuesta de ¿quién soy? Con frecuencia nos encontramos en la experiencia analítica que nos confrontan con una serie de vicisitudes que se suscitan en su orientación cuando la vía de las identificaciones que le hicieron posible a estos sujetos obtener algunas  coordenadas estructurantes  que les habían permitido afrontar algunos  encuentro con lo real se encuentran fisuradas, poniendo a prueba hasta la estructura narcisista del yo con su correlato de agresividad imaginaria que nos permite vislumbrar algo de lo propio de la pulsión.

Si a esto se suma que la experiencia analítica potencia las desgracias del ser, porque la llamada “asociación libre” desencadena los poderes de la palabra a través del equivoco, el doble sentido y la falta de referente, fuentes de la dimensión  imaginaria, real y simbólica de la desconfianza, todo esto se traduce  en una transferencia negativa. Miller, en su clase del miércoles 28 de marzo de 2007 plantea que esta se produce en razón de la existencia del agujero en lo simbólico, esto es lo imposible a decir (S A). Más allá de todos los avatares de la transferencia en la experiencia analítica, se trata  del hecho de la existencia de la cadena significante, es decir, que si hay S1 y S2, jamás se conocerá que dice el Otro y por qué lo dice. Así el analista puede ponerse bajo sospecha, por el hecho mismo de la oferta que hace.

Existen otras dificultades para pensar las vicisitudes en la instauración en el dispositivo analítico que tornan complejas la formalización del síntoma bajo transferencia, común en nuestra época sobre todo cuando alguien se presenta bajo la égida de la angustia y su correlato de acting out y pasaje al acto, ¿Dónde queda la posibilidad de a-palabrar lo real, cuando no se puede recurrir a las identificaciones, aquellas que por su fragilidad resultan poco operantes?

De todas formas cuando alguien concurre donde de un analista siempre alberga una expectativa, sea retomar o interrogar algo de su saber expuesto.  Esto es ya un interés que puede producir un abanico de efectos, pero cabe recalcar que no deben de ser confundidos con el “deseo del saber”, del que el neurótico nada quiere saber, esto es sobre el goce. Todas estas son razones suficientes para recordar el comentario de Lacan sobre la Verneinung de Freud (1978) donde plantea que existe un rechazo inaugural a toda experiencia del parletre, donde es posible vislumbrar el germen de la agresividad puesta en juego en el caso. Hay “algo” que pide ser descargado y que al sujeto le resulta extraño e íntimo. Hay algo que atañe intensamente al cuerpo y que urge una satisfacción. ¡Es tan ajeno al sujeto que las palabras fracasan! El control permite la posibilidad de re-direccionar la experiencia analítica y encontrar una brújula para continuar…

Piedad Ortega de Spurrier

BOLETÍN 5 – Hacia la II Jornadas de la Nel Guayaquil

BOLETÍN  5

HACIA LAS II JORNADAS

En el marco de lo que fue la Primera Conversación Pública del Grupo de Psicoanálisis Aplicado y dispositivos de control, realizo un corte para presentar aquellas reflexiones y puntualizaciones teóricas que Jéssica Jara, en calidad de coordinadora nos ofrece en los llamados “abusos sexuales infantiles”, el tratamiento desde lo legislativo ministerial y las rutas laberínticas en la institución educativa que colocan al implicado niño/a en condición de víctima, obstaculizando que ahí advenga un sujeto que diga…que fixionalice lo imposible de decir.

Presentado por Mayra de Hanze

 

Entre la inacción de la autoridad y las vidas estropeadas para siempre. [1]

Jéssica Jara B

Desde el 2014 al 2017 el Ministerio de Educación del Ecuador registró 882 casos de delitos sexuales contra niños[2] y, según las demandas que fueron interpuestas al ex– Ministro de Educación, “él conocía las denuncias… pero no lo puso inmediatamente en conocimiento de la autoridad competente”. Hoy se sabe que hubo retaliaciones a los denunciantes, prohibición expresa de referirse a estas demandas y protección a los docentes implicados. El juicio político al ex- ministro fue archivado, a lo que él declaró: “esta decisión muestra que la calentura no está en las sábanas”[3]. Después, el ex –ministro y actual asambleísta de AP solicitó a la SUPERCOM procesar a diario Expreso por “linchamiento mediático”[4].

Sobre la inacción del ex -ministro se dijo que era para salvar a la Red de Maestros por la Revolución Educativa, organismo que entró a suplantar a la UNE, el mayor sindicato desde 1940. Sobre la Red, el entonces ministro aseveró: “No pretendemos una Red de Maestros que sea sucursal de Alianza País”[5]. Lo cierto es que el Ministerio resolvió disolver la UNE[6]; y que, los profesores involucrados, al menos en el caso del colegio réplica, no eran de esa red.

La última revista Vistazo recogió el paso a paso de la primera madre[7] que escuchó a su hijo de siete años que fue abusado en un colegio réplica de Guayaquil. Primero el pequeño le confió a su madre lo que unos maestros le hicieron a otro niño y ella fue donde la psicóloga a pedirle que lo comunique a los padres de ese menor, siendo que la psicóloga lo reportó a la Rectora. En un segundo momento el niño dice que el abusado ahora fue él. Recordamos los tiempos lógicos de Freud en “Pegan a un niño”, pero salido de la fantasía. La madre entonces pasa a hablar con la Rectora, la que le habría dicho: “Cuidadito señora, que nada está verificado… le pueden poner una contrademanda por difamación y la que va presa es usted”. La madre entonces recurre a la Fiscalía. Cuando los medios recogen el malestar de ella y otros padres es que la opinión pública llega a conocer la existencia de los casi 900 casos.

Cuando la rectora fue llamada a declarar expresó: 1) “Se notificó al distrito”, 2) “Informé y denuncié estos supuestos hechos de abuso sexual a la Directora Distrital de Educación”. A lo que su abogado indicó: 3) “Mi defendida es inocente. Su único error fue seguir las reglas del Ministerio”. Esta desimplicación nos trae oscuras resonancias de otros sistemas perversos institucionalizados. Y se trata de la desresponsabilización generalizada de los directivos de las comunidades educativas, cuya ausencia de decisión en soledad -que su autoridad le conferiría-, se ampara en que en su momento consintieron ser meros funcionarios públicos. Sin embargo, en este caso existió la amenaza cómplice: ¡Cuidadito señora…! Así, desde enero se cambiará a 6.000 directivos, pero por falta de requisitos, no por razones éticas.

Según se empieza a esclarecer, el sistema de educación ecuatoriano habría venido funcionando en los últimos años como un régimen de justicia paralelo, con su propio proceso de denuncias, audiencias y sanciones[8]. Al parecer, el ocultamiento de la información era sistemático; así, uno de los “maestros” abusadores habría sido despedido de otro colegio fiscal por golpear a un alumno y fue contratado incluso en el réplica sin poseer titulación[9].

La ausencia de respuesta por parte de las autoridades ministeriales fue interpretada por el mayor diario nacional como: “Han dicho a la ciudadanía que no importa el número de vidas estropeadas para siempre…”. A lo que se suma la gravedad de las aseveraciones de algunas madres, las que resultan dramáticas y anuncian lo peor para sus hijos. Una madre sentenció: “Le han arruinado la vida a mi hijo”. Y otra se refirió a su hija en la tv diciendo: “Su niñez, su inocencia se perdió”. Otras madres de niñas afectadas en su propio contexto familiar han expresado, con variaciones: “Siempre pensé que esto pasaría”.

En la conversación del jueves 23 de noviembre en la Universidad Católica con el apoyo del CIEDD[10] nos propusimos interrogar estas omisiones y sentencias: ¿Es que lo ocurrido implica, necesariamente, un destino nefasto sin fisuras para los niños, donde no hay ya nada por hacer ni por inventar en relación a esas marcas que quedan? ¿Es que los psicólogos sólo están en los dispositivos para colaborar, siguiendo el protocolo? ¿Es que el psicólogo orientado por el psicoanálisis concuerda con la transformación de una demanda de escucha y atención particularizada del niño en una demanda-judicial, cuya ruta de acción vuelve a colocar al sujeto-niño como un objeto a ser observado, evaluado, clasificado, desubjetivado?

Según el protocolo, el psicólogo forma parte del equipo de la “sospecha”, quedando como agente de la “detección” y cuya “intervención” consiste en hacer El informe de hecho de violencia –tiene 24 horas- y las demandas; esto sin esperar el esclarecimiento de las fantasías y las elaboraciones de lo vivido por parte del propio niño, pues pudiera existir revictimización. Pero sí deben hacerse cargo del seguimiento de la demanda en la Fiscalía.

¿Es que al priorizar la vía judicial se deja de lado el acompañamiento al niño para permitir que sea respondido, replicado en algo eso que experimentó en el cuerpo, ese acontecimiento de goce que irrumpió los ronroneos placenteros con los que los niños se adormecen y del que son despertados de repente y sin palabras? Debiera ser que no, en tanto que las escenas relatadas dan cuenta de cómo los pequeños fueron reducidos a objetos de la mirada fría y cruel, de uso y abuso, por adultos que obedecen a sus propios imperativos de goce y dictan órdenes insensatas a niños, enmarcadas en vulgares fantasmas. Tal fue el caso del “profesor” de educación física, cuyo título era “Tecnólogo Pedagógico en Ventas”[11], quien caminaba por las aulas preguntando a las maestras “a ver, quien se ha portado mal hoy”. Y así, diciendo que los lleva a la Consejería Estudiantil los llevaba al baño a producir pornografía infantil[12].

Este ser-tomado como un objeto en una escena obscena y sin velos, toma nombres distintos en las narraciones de los niños afectados, nombres violentados al ser universalizados como: “abuso sexual infantil”, lo que además de inexacto pues ellos ya hablan, trae de suyo que el chico, la pequeña, pierden su ser para tener que llamarse “víctima”, pasando a formar parte de grupo identificatorio de los sujetos en los cuales ya se habría realizado el eslogan: “Todos podemos ser víctimas”. Hay que decir que no todas las veces estos actos-traumáticos son tomados como tales hasta el despertar de la adolescencia, momento Otro en el que resignificarán lo sucedido y surgirán inhibiciones, angustia o síntomas, a ser alimentados por el sentido que el Otro les otorga y, en el mejor de los casos, a elaborar en el uno por uno.

Notas

  1. Investigación anotada al Centro de Investigación y Docencia de Guayaquil y la Red de Psicoanálisis Aplicado.
  2. Según El Universo hubo 948 denuncias de delitos sexuales en el sistema educativo en los últimos 9 años.
  3. Además dijo que se requiere un presupuesto de 150 millones para más medidas de prevención.
  4. http://www.expreso.ec/opinion/cartas-de-lectores/organizaciones-sociales-rechazan-demanda-intimidatoria-contra-expreso-EH1867143
  5. http://www.elcomercio.com/tag/red-de-maestros-y-maestras-por-la-revolucion-educativa.
  6. http://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/sociedad/4/ministerio-de-educacion-disolvio-la-une
  7. https://www.eluniverso.com/noticias/2017/10/26/nota/6449611/prision-docente-caso-principito
  8. Vistazo, pág. 16. Aunque el código penal obliga a denunciar el delito a la Fiscalía, la Ley Orgánica de Educación Intercultural (2011) dice que la denuncia es en la Junta Distrital de la Resolución de Conflictos.
  9. Hoy hay 1800 docentes sin título en el sistema educativo público.
  10. Centro de Innovación Educativa y Desarrollo Docente de la misma Universidad.
  11. Ingresó así la institución en el 2011 y en el 2013 registró una licenciatura en Educación Física.
  12. En los celulares de los docentes arrestados se encontró pornografía infantil.

BOLETÍN 4 – Hacia la II Jornadas de la Nel Guayaquil

BOLETÍN 4

Hacia la II Jornadas

Presentado por Ana Ricaurte

María Hortensia Cárdenas, Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), Directora del CID-Lima, nos ofrece hoy, una lectura diferente de las situaciones de abuso. En la experiencia de análisis se puede tocar la implicación del goce que le concierne al sujeto y puede, entonces, serle posible elegir otra cosa, otros lazos.

Ofrecer otra vía que la identificación a la víctima en la que el sujeto queda preso en la repetición, es de mucho interés para  los practicantes del psicoanálisis.

PODER ELEGIR OTRA COSA

María Hortensia Cárdenas

La cultura, las leyes, la educación no parecen poder regular a cabalidad lo pulsional, a la sexualidad, la agresividad, la violencia de hoy, que se manifiestan en los abusos indiscriminados, acosos, bullying, torturas, maltratos, formas actuales del malestar. Cuando los vínculos sociales no están regulados, se presenta la proliferación de lo que se denuncia como abuso. Abuso sin culpabilidad ni responsabilidad, más bien, muchas veces festejado y mostrado por las redes mediáticas, con efectos de identificación con el abusador, defensa ante el temor de ser ellos mismos víctimas de abuso. Como dice Éric Laurent: “La época vive una fascinación por la violencia contra uno mismo y contra los otros”.[1]

No es tanto la armonía o la fraternidad lo que moviliza el lazo con el otro. Lacan destaca que la agresividad forma parte del fundamento de la subjetividad, es constitutiva del sujeto, y modela los vínculos sociales. La rivalidad y los celos, las exigencias, abusos y caprichos están presentes desde muy temprano en la vida de niños, forman parte de lo que se va construyendo como un modo de relacionarse, donde el otro puede ser un enemigo: el otro es malo y usurpa lo que me corresponde. Es el encuentro con la maldad que emerge en el prójimo, como precisa Freud en “El malestar en la cultura”.

El psicoanálisis demuestra que hay algo imposible de soportar de uno mismo, algo inefable, que no queremos reconocer y que regresa y se repite: el síntoma con su modalidad de goce que el sujeto encontró en la contingencia. El encuentro con el goce siempre es un mal encuentro, ya sea por el exceso en más o en menos. El fantasma entra en juego como un velo, una pantalla ante lo real pero también es una ventana a lo real. En este punto Miller anota que la realidad cobra significación y se ordena en el marco de esa ventana y sobre esa pantalla.[2] Esconde la causa de deseo pero también el goce implicado que no se deja atrapar. El sujeto se acomoda a la significación de goce que fijó el fantasma.

Cuando lo real emerge bajo la forma de la angustia, no engaña. Los sujetos están más vinculados a su angustia frente al goce y al deseo del Otro. El deseo angustia, sobre todo porque no está desarticulado de la pulsión que busca satisfacerse y entonces pueden confundirse deseo y abuso. ¿Hay un goce implicado en el abuso?

Cuando un sujeto es víctima de un abuso, además de la denuncia, se trataría de buscar de qué manera “está comprometido en el abuso del que se queja, qué de su propio goce le hace presa fácil del abuso. No se trata de culpabilizar al sujeto sino de localizar el goce que  le concierne para que pueda hacerse responsable de él y pueda, si quiere, elegir otra cosa”.[3]


[1] Laurent, É., “La época vive una fascinación por la violencia contra uno mismo y contra los otros”, Telam, entrevista del 17 de noviembre de 2013, http://www.telam.com.ar/notas/201311/41125-la-epoca-vive-una-fascinacion-por-la-violencia-contra-uno-mismo-y-contra-los-otros.html
[2] Miller, J.-A., “Demostración en Premontré”, Matemas I, Manantial, Buenos Aires, 1987, p. 171.
[3] Fuentes, A., “El deseo, lo real, hoy”, El Psicoanálisis, Revista de la ELP, nº 33, Barcelona, 2018.