La transferencia de trabajo

Por: Mónica Febres-Cordero

Me voy a detener en el paso del trabajo en transferencia a la transferencia de trabajo. En el primer caso hay una apuesta por la experiencia del propio análisis y un consentimiento a ella. En el segundo caso, se habría dado un desplazamiento (no necesariamente en el tiempo cronológico) de ese consentimiento hacia el grupo de analistas, los pares, frente a quienes y con quienes el saber adquiere otras dimensiones. En ambos casos, se pone en juego una cierta confianza que va de la mano con el consentimiento.

Pensando en el tema, recordé un fragmento de A. di Ciaccia en el que se refiere a la Antenne 110, institución que él fundó. El fragmento narra un encuentro con Lacan en el cual Lacan supo convocar un deseo de otro orden porque “concierne al ser del sujeto”. Di Ciaccia estaba acomodado en una indecisión, respuesta que persistía frente al Otro materno. La intervención de Lacan en ese punto fue: “…hace falta escoger, querido mío”. El deseo de Lacan, concluye di Ciaccia no recaía sobre lo que él hacía o dejaba de hacer…era una operación que concernía al ser. (1)

En el caso de nuestras sedes y delegaciones,  y de nuestra Escuela, ¿se trata en cada decisión pendiente de un  acto de  escoger  confiar y  trabajar con otros y para el Otro Escuela? ¿Ir más allá de los goces singulares, excluyentes incluso en el goce de la exclusión, que obstaculizan el entusiasmo? Ruta que debe sin duda pasar por la experiencia de cada uno para tomar el riesgo de la asociación y   poner a prueba la oferta de trabajo que enmarca desde lo simbólico la vida institucional.

Consentimiento y confianza entonces. Y quiero añadir otro factor: el disfrute de la tarea compartida, de los hallazgos, de los tropiezos que se acogerían con respeto. Está lo simbólico que he mencionado; sin embargo, recuerda Miller, los estatutos nada pueden sin affectio societatis. Dice que Lacan invitaba a los analistas de su Escuela a ser buenos compañeros. ¿Es humor (una broma)? se pregunta Miller. Responde: “cada uno elige”. ¿Podemos deducir que la elección por la Escuela pasa por el otro y que la tarea funciona como agalma? (2)

En otra referencia, en El Banquete de los analistas, Miller previene de hacerse el distraído. Entiendo: estar ahí cuando se puede decir algo y transmitirlo, no distraerse.  En el momento de la NEL, pasar de uno a otro, teniendo como horizonte el pase, tal cual lo ha elaborado Laura Arciniegas. Sin distraerse. Sitúo hay la transferencia de trabajo.

Lacan nombra a la transferencia de trabajo en el Acto de fundación. Aparece en el punto sobre la Escuela como experiencia inagural y en el que especifica la labor de cada uno (itálicas mías) de descubrir sus promesas y escollos, y establece: “La enseñanza del psicoanálisis solo puede transmitirse de un sujeto a otro por las vías de una transferencia de trabajo” (Otros escritos, pg. 254). Más aún advierte que los seminarios (en ese entonces los cursos de Hautes Études), no fundarán nada si no remiten a esa transferencia. La transmisión se basa en la relación de un sujeto con otro. Concierne al lazo de uno con otro y se sostiene a mi juicio con el affecto societatis. (3)

Cuando Bassols  asume la presidencia de la AMP dice que la transferencia de trabajo fue evocada en la fundación de la Escuela Una. Se la consideró una experiencia subjetiva para la Escuela, necesaria para  superar las particularidades locales. Lo Uno y lo Múltiple tal como aparecen en el discurso de Bassols ponen en relación la Escuela Una y las varias Escuelas de la AMP.  Reflexión que puede orientar  la problemática dentro de la NEL. Sin soslayar lo real inherente al grupo analítico, se trataría del consentimiento a un Uno que se hace presente en cada versión de lo múltiple –las sedes y delegaciones- y desde ahí regresa con sus planteamientos propios a la NEL Regional.

 

(1) Di Ciaccia, “De la fondation par Un à la pratique à plusieurs”

(2) en es-es. Facebook.com

(3) Lacan, J., Otros escritos

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El psicoanálisis una práctica posible en instituciones educativas

Por: María Gracia Contreras

“La inclusión supone la diversidad, los sujetos y los contextos que los acogen”(Laurent,Éric)

Cuando hablamos de inclusión, en el contexto educativo, ¿este proceso implica alojar al Sujeto? ¿Es posible una práctica con orientación psicoanalítica en una institución educativa? ¿De qué condición depende a que se haga una apuesta por soluciones singulares en lugar de hacer entrar al sujeto en la media? En algunos casos la institución  pretende que el niño entre en el circuito de la misma, y se topa con el obstáculo de quien nada demanda y elude cualquier encuentro con el Otro. Es posible encontrar maestras angustiadas frente al rechazo, violencia o agitación en el cuerpo del niño. Detenerse  a reconocer en qué puntos este niño acepta o rechaza al Otro, podría brindar una brújula para incluirnos en su mundo a través del objeto autístico y de los intereses específicos del niño. Para que este  acepte en primera instancia una aproximación que pudiera dar lugar al nacimiento del Otro tal que  lo propusieron Rosine y Robert Lefort (1980), Y desde ese lugar poder ofertar algo de lo escolar. Hay que tener en cuenta que el niño autista no va a la escuela a aprender en un primer momento, sino a abrirse al Otro. Otro del lenguaje que tiene que ver con la pedagogía. Vilma Coccoz (2014), se interroga en  su texto Práctica Lacaniana en instituciones ¿De qué forma  hablarle a aquellos cuya defensa es  en extremo radical? “¿Cómo dialogar con los que no hablan, o con aquellos para quienes las palabras pueden desencadenar efectos desastrosos porque les despiertan agitación, violencia, mutismo?”

¿Cómo incidir en  que los maestros dejen de considerar a los niños como objetos de la enseñanza y alojen al sujeto que se acerca al mundo de una manera distinta. Este interrogante abre la posibilidad de acompañar al maestro a descubrir desde qué punto él puede ofertar algo de lo escolar. Se trata de  generar preguntas y demandas, también en aquellos maestros, que frente a la angustia de no recibir una mirada o  respuesta del niño ya se han respondido de antemano sobre estos niños. Conviene apostar por la diversidad de los enseñantes y lo que pueda ofertar cada uno más allá de lo educativo. Un aprehendizaje al que el niño consienta y le brinde recursos no solo para el contexto escolar. Se trata de invitar a los educadores a tomar la solución singular del niño, para hacerla parte de una escena en la institución que la bordee y le permita ser alojado.

No conviene forzar, sino más bien invitar al niño a hacer algo que  le permita hacer lazo con su grupo de clases. Esto implica, detenerse a ubicar el tema de interés, para sostener la posibilidad de crear en ellos un deseo de incluirse en el mundo escolar. […]  “sin esperar respuesta determinada, para dar lugar a sus intereses y a la contingencia del encuentro” (S.E. Tendlarz, p.129) El tratamiento psicoanalítico con niños autistas en Estudios sobre el autismo II)

 En el campo de los “psi”

Están por un lado los que apuntan a  la rectificación del comportamiento y buscan eliminar conductas, para normalizar. Pero hay quienes localizan detalles y se aproximan sutilmente  a partir de los objetos que muestra el niño, para ampliar  desde ahí su mundo respetando las producciones del mismo. Es necesario que alguien acoja las soluciones singulares, apueste y escuche donde en ocasiones, no hay palabras.

Maleval (2015) en ¿Por qué la hipótesis de una estructura autística? menciona tres elementos de apoyo al conducir la cura: el objeto autista, el doble  y el interés específico. R recibe un acompañamiento orientado por el psicoanálisis en la escuela. Hasta ese momento he prestado mi imagen como doble, sin embargo empiezo a restar calculadamente mi presencia. Ocupó mis manos, desvío la mirada, en ocasiones no respondo. Si R me pide que le abra algo, le digo: “Ahora no puedo, tengo las manos sucias, quizás la maestra puede”. R dirige su mirada y voz a las maestras y amigos. Cuando la maestra pregunta algo , me equivoco, R se ríe y me corrige.

Maleval (2015) también propone que el autismo puede detenerse cuando el borde y el interés principal del que el autista se servía para protegerse del Otro,  finalmente se vuelve una competencia social que le permite intercambios .

La intervención de Otro de la Institución le permite, dejar de ser un niño más del programa de inclusión para generar una apuesta por su singularidad. La directora dice: “Ahora viene un niño de 5 años, que sabe leer”. R dice espontáneamente: “Hola a todos, soy R y yo les voy a leer”. Con una mano en su bolsillo y la otra en el micrófono, listo para leer a la comunidad escolar, R, cede algo de su goce, para dirigirse al Otro por medio de la lectura. Mientras la institución acoge su solución singular, sorprendiéndose cuando R decide no quedarse con la enunciación de la directora desde la pedagogía, sino elige nombrarse. R actualmente escribe cuentos y continúa ampliando su interés por la lecto-escritura.

Es posible, frente a las contingencias de un encuentro con la angustia de un maestro, al no recibir respuesta de lo que se espera de antemano con una planificación hecha, por parte del niño, prestar una escucha que permita alojarla, generando en ellos una implicación para poder incluirse en una práctica entre varios, propuesta por Jacques Allain Miller, que busca hacer surgir al sujeto.

Encontrar en la institución uno o algunos que estén dispuestos a incluirse y alojar las diversas producciones del niño, un Otro a quien el niño pueda recurrir y dirigirse por fuera del doble, que permita hacer una triangulación simbólica y que el niño pueda en su momento, cuando cuente con los recursos necesarios, prescindir del acompañamiento. Poder tener un lugar desde su singularidad en la institución. Respetado sus tiempos, acogiendo sus producciones, valiéndose de las series y sus circuitos para poder acompañarlos a ampliar su mundo. Ofertando un intercambio fuera del sentido. Maleval propone “tener en cuenta la responsabilidad del sujeto y no precipitarse a colmar sus déficits” (Maleval, 2013).

Para concluir, dejo abierta mi interrogante, ¿qué otras formas posibles para ofertar una práctica con orientación psicoanalítica en una institución educativa. Teniendo en cuenta también , el uno a uno de lasiInstituciones. Cito a Vilma Coccoz cuando dice:

La operación colectiva orientada por el psicoanálisis consiste en un tratamiento del Otro, destinado a ser vaciado de goce, promoviendo a cada instante su regulación, con el fin de otorgar, en el mismo movimiento, un lugar al sujeto, hasta entonces víctima de la exclusión o segregación, este modo de hacer institución se caracteriza por un estilo de respuesta , por un modo de presencia que alivia al sujeto de tener que defenderse sin respiro, pudiendo entonces encontrar la pacificación necesaria para dedicarse a las actividades que susciten su interés y su creatividad y en las que encuentren una solución personal a la problemática del goce.  (2014)

 

 

 

 

 

 

Bibliografía:

 

  • Coccoz, V. (2014). La práctica Lacaniana en instituciones: Otra manera de trabajar con niños y jóvenes. 1a ed. Buenos Aires: Grama, p.10.
  • Di Ciaccia, A. (2003). La práctica entre varios. En Scribd. https://www.scribd.com/book/104719152
  • Laurent, É. (2015). Estudios sobre el autismo II (1a ed., p. 38). Argentina: Colección Diva.
  • Lefort,R. Lefort ,R (1980). El nacimiento del Otro. Buenos Aires: Paidós.
  • Maleval, J. (2013). El autista y su voz (2da ed., p. 264). Madrid: Gredos.
  • Maleval, J. (2015). ¿Por qué la hipótesis de una estructura autística? (1ra ed., p. 53).  Buenos Aires: Colección Diva.

 

 

XVIII Seminario del INES: “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”

BOLETÍN #5
XVIII Seminario del INES
“Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”

En este número 5 del Boletín Correo del INES cambiamos el formato de lo que veníamos haciendo. En esta oportunidad encontrarán la entrevista que Susana Dicker ha realizado a nuestro colega y amigo José Fernando Velásquez.

Son cuatro preguntas que Susana le dirige a José Fernando, preguntas que giran en torno al texto que trabajaremos en octubre en México, y cuatro respuestas que estamos seguros que contribuirán a nuestra preparación para el seminario del INES.

Fernando Gómez Smith
1-En “Ideas directivas para un Congreso sobre la sexualidad femenina”, Lacan encontrará la ocasión para abordar el tema desde un ángulo crítico, en particular dirigido a los psicoanalistas pos freudianos. Subraya el callejón sin salida científico en la manera de abordar lo real y se dirige a los psicoanalistas para decirles que espera que no olviden que su método nació precisamente de un callejón sin salida semejante.

¿Cuál pensaría ud. qué es la vía que Lacan encontró, respecto al tema de la sexualidad femenina, para no quedarse encerrado en ese callejón sin salida?

José Fernando Velásquez: Me sirvo de una noción lacaniana, la de “posición sexuada” con la cual Lacan sale del sistema de la significación, la del género, la de los estereotipos fenoménicos, y con la cual da cuenta de los efectos de goce de un parlêtre. Esa es una manera de leer la investigación lacaniana después del seminario XX, en “El atolondradicho” y en particular en “Televisión”, pero que se anticipa en “la Alocución sobre las psicosis del niño”, en la que aborda la pregunta por la mujer y lo femenino por fuera de la lógica fálica y por fuera del síntoma histérico que tiene relación con el Padre, el que tanto atrapó a Freud. El síntoma pasa entonces a ser una experiencia de goce y un acontecimiento de cuerpo de goce y no del Otro.

Hay dos posiciones sexuadas, que coexisten en un parlêtre: una es la del falo, y una segunda: “la presencia del sexo como tal (…) en el sentido en que el ser hablante lo presenta como femenino”. Esta segunda posición da cuenta de Otro goce, heterogéneo y no complementario del goce fálico.

Medea fue capaz de matar a sus propios hijos; Madeleine quemó las preciadas cartas de su marido; estos dos ejemplos clásicos dan cuenta que, en la posición femenina, elparlêtre no le “teme” a la falta, se desembaraza fácil del “tener”, sin que eso dé cuenta de ningún masoquismo; es decir, todo lo contrario a lo que sucede si el parlêtre está en posición fálica.

No toda la existencia se relaciona con la castración. Este es un punto de partida para la práctica lacaniana, que revoluciona la clínica psicoanalítica, principalmente aquella que se practicaba en la IPA, principalmente, la de la orientación post freudiana, en la que lo certero era el goce fálico. En estos últimos años de enseñanza, para Lacan el goce femenino es el punto de certidumbre sobre el cual habrá que concebir una lógica que articule lo imposible, lo real.

Además, nos permitió a los psicoanalistas un saber hacer con el parlêtre analizante del siglo XXI, quien no se apoya como en la modernidad, en los emblemas fálicos, sino que exhibe la feminización de su posición sin reservas.

Es una labor del análisis tratar de precisar qué posición toma el ser hablante respecto de aquella división sexuada.

2- Lacan no retrocede en su crítica, y se acerca a puntos donde teoría y práctica se anudan, incluso donde se pone en juego la ética del analista. Llega a decir que “si el análisis, en efecto, ha llegado al punto de tragarse su propio vómito tolerando que en su orbe se confundan angustia y miedo, hay aquí una ocasión de distinguir entre inconsciente y prejuicio, en cuanto a los efectos del significante. Y de reconocer a la vez que el analista está tan expuesto como cualquier otro a un prejuicio sobre el sexo, fuera de lo que descubre el inconsciente”. Como psicoanalista que orienta su práctica de acuerdo con la enseñanza de Lacan, ¿qué le interesaría decirnos al respecto?

José Fernando Velásquez: Los prejuicios son causa de extravíos habituales.

Uno de ellos es que el psicoanálisis pueda emitir verdades sobre el sexo. El psicoanálisis permite acercarse, aceptando una cierta dificultad, un imposible de cernir, respecto a los temas del sexo y la mujer.

En los dichos comunes habría cosas de hombres y cosas de mujeres, conductas típicas en cada uno de los casos, generalizaciones empíricas que, luego, terminan funcionando como pautas normativas. ¡Que los hombres son todos brutos y las mujeres están un poco locas!, es uno de los prejuicios más comunes sobre los géneros.

El otro gran prejuicio para la práctica analítica es suponer que todo se descifra según el goce fálico. Es una lectura machista que el feminismo ha criticado a ese psicoanálisis post freudiano, y con razón.

Pero hay un prejuicio en el que Lacan se detuvo, el cual no tiene un semblante propiamente sexual, pero que si tiene bastantes implicaciones en la vida sexual delparlêtre: el de la supuesta armonía con lo materno. Definitivamente la madre no es el modelo de lo femenino, esto lo argumenta toda la última enseñanza lacaniana. La verdadera mujer no es la madre, la que tiene, ser donde se asientan los apegos y donde la teoría freudiana y post freudiana se apoyaba.

De allí, Lacan da un salto, pasa a tachar cualquier otra armonía sexual: No existe la relación sexual, y ello tiene implicaciones para un parlêtre niño, adulto, hombre o mujer, y su correlato: “El goce total es imposible, es siempre parcial”. Lacan con ese enunciado, “la relación sexual no existe”, supo herir al ser humano tanto como Copérnico (la tierra no es el centro del universo), Darwin (el ser humano es un animal más) y Freud (No somos dueños de nosotros mismos).

En lugar de ir prejuiciosamente a taponar ese real, el analista debe interrogarse ¿Cómo elparlêtre, uno por uno, se las arregla con esa nueva herida narcisista que agujerea su existencia? ¿Cómo es que cada uno hace algo con ese “no hay”?, ¿Cómo adopta una posición hetero?

3-En esta conferencia, Lacan aborda síntomas íntimamente ligados a la sexualidad femenina, desde el vaginismo y la frigidez al llamado masoquismo femenino y la homosexualidad femenina. Y plantea los alcances del análisis al respecto y su singularidad sostenida en la transferencia. Desde 1958 a la actualidad ¿qué piensa que ha cambiado y qué se mantiene?

José Fernando Velásquez: Debemos cuidarnos y hacer una distinción entre el enfoque psicoanalítico y la perspectiva psicopatológica. El analista no se ocupa propiamente del síntoma en la dimensión psicopatológica sino de los rasgos singulares que dejan el lenguaje, la imagen y el goce en el parlêtre. Muchos de los síntomas de la sexualidad femenina pueden abordarse y modificarse desde esas dimensiones, pero ello como efecto colateral y no como propósito terapéutico.

Lacan y el psicoanálisis de su orientación se distancian de responder a la demanda por lo terapéutico. En este orden de ideas, colmar esta demanda es reacomodar el Padre, (lo psicopatológico volverlo “normal”, nor-male/ “la norma macho”, es decir, por la vía fálica) y no ir más allá de él.

Pienso además que plantear la psicopatología de la sexualidad femenina es situar la cuestión a nivel del deseo histérico. El peligro es quedarse solo en esa dimensión y no ir más allá de ella, a la verdadera posición femenina y con ella, lo real, lo imposible.

Más allá de la psicopatología sexual femenina, en las últimas formulaciones lacanianas se sitúa a la mujer como síntoma de otro cuerpo, incluso del propio cuerpo de goce de la mujer. Apoyado en ello, Laurent afirma: “una mujer es un síntoma a descifrar en una lengua particular”. Así, “La mujer – Síntoma” es una llave que nos permite hacer una lectura de la civilización actual y de los sujetos que en ella están inscritos, aún sin el Nombre-del-Padre, sin la garantía del falo.

Cuando un sujeto considera que el goce femenino es un enigma a descifrar, entonces adopta una posición hetero. Es por eso que Lacan dice: “Llamamos heterosexual por definición a lo que ama a las mujeres cualquiera sea su propio sexo”.  Es por el amor que se asume eso femenino.

4-Este texto contiene una frase de Lacan que es muy repetida, tanto en las producciones de los analistas lacanianos como en dispositivos de trabajo: “El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él”… El que sea repetida no la hace menos enigmática. ¿Qué puede decirnos al respecto?

Una primera aproximación podría plantearse a partir de la noción de privación: La idea de la privación hace pensar en algo que no es del registro del tener y de lo que no se puede demandar. Al parlêtre en posición femenina sólo le interesa gozar de su existencia, una por una, y el partenaire le sirve de alteridad; no busca, como la histérica, “insatisfacer” al Otro y así darle consistencia a su ser deseante.

El goce que ese Otro en posición de alteridad, obtiene de una mujer, la divide. Es decir que el goce del partenaire viene al lugar de la causa del deseo de ella y la extrae de la posición puramente femenina. El lugar que ella captura, lo que ella provoca como falta en el deseo del Otro, la fija en una escena: el fantasma.

Pero no toda la dimensión de goce queda tramitada por esa vía, poco o mucho escapa, según ciertas circunstancias. Es una advertencia al hombre, las salidas prejuiciosas no escatiman en alcanzar el fracaso o la tragedia: 1) El acto de traición de Jasón con “la otra mujer” sirvió para que, de la Medea madre surgiera esa Otra que no tiene punto de detención. Haberla hecho madre entonces no fue ninguna garantía. 2) Tampoco el depender de ella, demandarle en su lengua, tal como en una relación anaclítica, como Gide con Madeleine. Porque hacerla la Diosa blanca, la de la omnipotencia, es distanciarla de la mujer que en ella hay y hacerla una Madre.

El deseo femenino debe ser preservado. Ese deseo no surge porque ella no tiene, sino porque ella da eso que no tiene, el amor. La inconsistencia y las contradicciones refrendan en el día a día la inexistencia de la relación sexual, desde esa dimensión femenina del goce que dinamiza el encuentro, a pesar de su constante significación de amenaza. La posición histérica es en sí misma una defensa respecto a la feminidad, que impide captar lo que hay de radicalmente Otro en una mujer.

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1-    Lacan, J. “Discurso de clausura…” El Analiticón 3, Barcelona Ed. Correo Paradiso, 1987
2-    Miller, J-A. “Medea a medio decir”. En: El psicoanálisis. ELP. Dossier Mujeres, Un interrogante para el psicoanálisis. #29, 2016. Pág. 36.
3-    Lacan, J. Seminario RSI. y en “Joyce el síntoma II”.
4-      Laurent. E. Conferencia: “Las Mujeres, entre semblantes y síntomas”, reseña. blog.elp.org.es.
5-    Lacan, J. “El atolondradicho”. En: Otros Escritos. Paidós. Pág. 467.

“Los psicoanalistas lacanianos y la izquierda populista”

En esta edición 104 de la revista Ecuador Debate titulada “Crisis societal: miradas psicoanalíticas”, el psicoanalista lacaniano Antonio Aguirre Fuentes toma la palabra en el texto, “Los psicoanalistas lacanianos y la izquierda populista” para presentar algunas puntualizaciones respecto al actual debate interno en el Campo Freudiano, instituido en la Asociación Mundial Psicoanálisis (AMP), respecto a la “Izquierda Lacaniana” y su cuerpo teórico populista basado en la interpretación de los textos lacanianos realizada por Ernesto Laclau, Chantal Mouffe, entre otros.

El autor nos exhorta a un análisis de la situación, de la llamada grieta en la AMP, en donde no se deje de lado la realidad concreta de los siniestros resultados de la aplicación de esta teoría populista en América Latina, refiriendo claramente a Venezuela y más recientemente Nicaragua. Nos exhorta, en resumidas cuentas, a seguir la orientación de Lacan en su definición de la ética como la práctica de una teoría.

Carlos Quezada Moncayo

El duelo como desencadenante de una crisis

El duelo como desencadenante de una crisis

Por: Myriam Chang

Myriam Chang. Psicóloga Clínica, Psicoanalista AP miembro de la Elp-Catalunya y de la AMP.
Colaborador Docente del Instituto del Campo Freudiano en Barcelona

 

Trauer, mourning, duelo, son los términos que en alemán, inglés y castellano pueden significar al mismo tiempo el afecto penoso como su manifestación exterior.

El novelista inglés Julian Barnes diferencia por su parte, la aflicción como sentimiento, del duelo como proceso. Metafóricamente la primera es vertical (vertiginosa, incluso profundamente abisal) mientras el segundo es horizontal y corresponde a su elaboración en el transcurrir del tiempo. La aflicción toca el cuerpo, nos dice, trastorna el estómago, quita la respiración, corta el suministro de sangre al cerebro; el duelo por su parte proyecta hacia una nueva dirección. “La aflicción es un estado humano, no médico, y aunque haya píldoras que nos ayuden a olvidarla, no hay pastillas que la curen. Los afligidos no están deprimidos, sino sólo debida, adecuada, matemáticamente tristes”1.

Es en consonancia con el avance de la Primera Gran Guerra que Freud en diciembre de 1914, por primera vez expuso el tema del duelo y la melancolía, en la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Entre febrero y mayo de 1915 redactó el texto que conocemos y que salió a publicación dos años más tarde. Sin que el autor dejase de advertir no sobrevalorar sus conclusiones, en tanto lo consideraba inacabado.

La muerte de un ser querido vivida durante la infancia es un primer despertar a la realidad del adulto. Freud indica que aunque olvidadas a lo largo del tiempo, las volvemos a encontrar en las neurosis posteriores.

El duelo es, para Freud, “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.”. Y, nos hace notar, que a pesar de que este proceso trae consigo graves desviaciones de la conducta normal en la vida, no se lo puede considerar un estado patológico que requiera un tratamiento médico. “Confiamos, dice, en que pasado cierto tiempo se lo superará, y juzgamos inoportuno y aún dañino perturbarlo”2.

Freud lo define en términos de un proceso de desasimiento libidinal con respecto al objeto del duelo, en ciertas relaciones de identificación por las que el objeto adquiere su alcance y consiguiendo, o no (como en las psicosis melancólica), que sus manifestaciones se agrupen y reorganicen.

Y si Duelo y Melancolía es el texto princeps sobre este tema en Freud, el correspondiente en Lacan, lo encontramos en sus Siete clases sobre Hamlet, desarrolladas en el seminario VI, El deseo y su interpretación.

Esa identificación en el duelo que Freud intentó definir en términos de incorporación del objeto, Lacan la rearticula en los términos del aparato simbólico, con que reorganiza el psicoanálisis al introducir sus tres registros: simbólico, imaginario y real.

Así, para Lacan “el duelo, que es una pérdida verdadera, intolerable para el ser humano, le provoca un agujero en lo real (…) La dimensión intolerable, en sentido estricto, que se presenta a la experiencia humana no es la experiencia de nuestra propia muerte, que nadie tiene, sino la de la muerte de otro, cuando es para nosotros un ser esencial.”3

Una pérdida que Lacan en este seminario no duda en relacionar con la Verwerfung, un agujero, pero en lo real, que resulta mostrar el lugar donde se proyecta precisamente el significante faltante: el falo. Significante esencial en la estructura del Otro que, nos dice, encuentra aquí su lugar y, al mismo tiempo no puede encontrarlo puesto que no puede articularse en el nivel del Otro. “Por ese hecho, y al igual que en la psicosis, en su lugar vienen a pulular todas las imágenes que conciernen a los fenómenos del duelo.” Y por eso el duelo está emparentado con la psicosis: el velo cae y en su lugar aparece un goce no mitigado por el falo. Y los ritos funerarios constituirían un modo de reparación.

Cuando un ser querido muere, dice Barnes, lo que desaparece es mayor que la suma de lo que había. Lacan lo corrobora en sus propios términos: el objeto resulta entonces tener una existencia tanto más absoluta cuanto que ya no corresponde a nada que exista, de ahí que el sujeto se abisma en el vértigo del dolor.

Afrontamos mal la muerte, no la integramos como posibilidad, la aflicción es inimaginable de suerte que nunca nos encontramos preparados para esa nueva realidad en la que nos sumerge. Como decía Simone de Beauvoir: “No hay muerte natural… es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.”

La aflicción rompe las pautas anteriores, clasifica y reordena a quienes rodean al afligido, que pone a prueba a los amigos. Las viejas amistades pueden estrecharse unidos por una misma tristeza; o bien parecer de pronto superficiales, esconder bajo una capa de indiferencia su propia imposibilidad de afrontarla. Algunos rehúyen el tema como si temiesen contagiarse. Los jóvenes quizás reaccionen mejor que las personas mayores; las mujeres, tal vez mejor que los hombres.

Entre los afligidos está la reacción del enfado. Y dado que usualmente no saben lo que quieren o necesitan, sólo saben lo que no, y es frecuente que ofendan y se ofendan. Se enfadan con la persona fallecida, que les ha abandonado, que les ha traicionado por perder la vida. Otros se enfadan con Dios o bien con el universo por permitir que haya sucedido, por haber sido inevitable, irreversible. La muerte como lo hace notar Barnes saca al negociador en nosotros, prometemos todo tipo de cambios y propósitos, a condición de que la muerte pase por nuestro lado sin tocarnos.

Y continúa: “El duelo reconfigura el tiempo, su duración, su textura, su función: un día no significa más que el siguiente. También reconfigura el espacio. Has entrado en una nueva geografía, con mapas trazados por una nueva cartografía. Parece que te están orientando con uno de aquellos mapas del siglo XVII donde aparecían el Desierto de la Pérdida, el Lago de la Indiferencia (sin un soplo de viento), el Río de la Desolación (seco), la Ciénaga de la Autocompasión y las (subterráneas) Cavernas del Recuerdo. En este nuevo país recién descubierto no hay más jerarquía que la del sentimiento, la del dolor.”4

De esta pérdida que introduce el duelo, la más terrible para el ser humano, en palabras de Freud, es la muerte del padre. Aunque, o precisamente por ello, en los sueños la muerte del progenitor está ya presente desde edades muy tempranas. Freud se atreve incluso, con la medida del Edipo, a realizar un reparto sexual aclarando que no lo establece como una regla, sino una constatación en su clínica: en el sueño, la muerte recae sobre el progenitor del mismo sexo. El varón sueña con la muerte del padre y la niña con la de la madre.

En un manuscrito, dirigido a Fliess y titulado Anotaciones III, fechado el 31 de mayo de 1897, en el que aparece prefigurado por primera vez el complejo de Edipo, Freud señala que “los impulsos hostiles hacia los padres (deseo de que mueran) son, de igual modo, un elemento integrante de la neurosis. Afloran conscientemente como representación obsesiva.”

¿Qué podría considerarse un éxito en el proceso del duelo? ¿Recordar, olvidar, continuar? El sujeto de la pérdida puede continuar imaginarizando el objeto de su duelo, mantenerse en conversación con éste, contarle lo que le ha ocurrido, pero llegará un momento en que las lágrimas desaparezcan, que antiguas o renovadas pautas se restablezcan. Tal vez, cuando uno puede volver a concentrarse, dice Barnes, y volver a leer un libro, o cuando uno logra desprenderse de las posesiones del muerto. O bien, cuando se puede atravesar los lugares que la muerte significó con una nota de terror.

Por su parte, los escritores, como luego nos dice, están en el oficio de crear pautas con palabras. Creen, esperan, confían en que con ellas logran constituir ideas e historias. Y eso, aclara, los salva, estén o no de luto. Niveles de vida es su historia tras la muerte de su esposa. Para Shakespeare, es Hamlet, que escribe tras la muerte de su padre y la posterior muerte de su hijo.

Para Freud, es La interpretación de los sueños, lo designa así en el prólogo a su segunda edición: “Para mí, este libro tiene, en efecto, una segunda importancia subjetiva que sólo alcancé a comprender cuando lo hube concluido, al comprobar que era una parte de mi propio análisis, que representaba mi reacción frente a la muerte de mi padre, es decir, frente al más significativo suceso, a la más tajante pérdida en la vida de un hombre. Al reconocerlo me sentí incapaz de borrar las huellas de tal influjo.”5

Y otros autores. Milena Busquets, quien tras la muerte de su madre y bajo el influjo de un sólo impulso, transforma en una sola noche, sus recuerdos autobiográficos en clave de novela. Blanca, una mujer de 40 años, inicia su luto tras el entierro de su madre, mientras veranea en Cadaqués, el escenario de los veranos de su niñez. Bajo el modo del diálogo con los que la rodean, y el diálogo con la difunta, recuerda su infancia, su relación con su madre, marcada por ese estrago que nunca falta en esta relación y su necesidad de conseguir su respeto, mientras se configura en su feminidad. También su relación con los hombres, marcada a su vez por la presencia y las palabras de su madre cuando ésta le decía: “Pequeñaja, lo normal a tu edad es estar enamorada”, mientras Blanca recuerda que durante mucho tiempo, la única historia de amor que le preocupaba era su historia de amor con su propia madre. Y por otro lado, sus relaciones de amistad.

En el espacio temporal y climático del verano, casi como en una burbuja temporal, se entrega a la disipación de la bebida y sus resacas, las drogas y sus efectos de desagravio, agarrándose a algún hombre para soportar el peso de la ausente. “Lo contrario de la muerte no es la vida, es el sexo”. Pero, finalmente, resulta no ser sólo sexo: “Todo el amor de mis amigos y de mis hijos no es suficiente para resistir la embestida de tu ausencia, necesito estar bien agarrada a un tío para no salir volando por los aires. Dicen que la mayoría de las mujeres buscan a su padre a través de los hombres, yo te busco a tí, lo hacía incluso cuando estabas viva.”6

El desgarro del duelo encuentra un comienzo de final cuando recuerda las palabras de su madre, a la muerte de su padre, a sus 17 años. La madre le cuenta un cuento chino sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones imaginables. Tras meses de deliberación los sabios volvieron con una propuesta: “También esto pasará”. A lo que la madre habría añadido: “El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad”.

El escritor bilbaíno, Fernando Marías, tiene también su propia historia. Ya durante los últimos días de su padre, mientras la demencia hacia mella en él, el autor concibió la idea de un libro en el cual plasmar su relación con éste. Con un estilo más autobiográfico, pero habría que decir, no con menos ficción, aborda el tema a través de lo que él concibe como el miedo mutuo, que marcó dicha relación. Desde el momento en que “lo conoce” o más bien, “lo desconoce” al preguntar, ¿quién es ese hombre? Pues el oficio de marinero mercante mantenía a su padre fuera de su hogar por largas temporadas, al punto que al reaparecer a sus 4 años, irrumpe en su paraíso de único varón al cuidado de su madre y abuela.

Myriam Chang. Miembro ELp y AMP. Cataluña. (Este trabajo ha sido realizado en el marco de la Comisión Bibliográfica)

Notas

  1. Barnes, J., Niveles de vida, Editorial Anagrama, S. A., Barcelona, 2014, p. 88.
  2. Freud, S. Duelo y melancolía, O. C., Ed. Amorrortu, Bs. As., 1992, V. XIV, p. 241.
  3. Lacan, J., Seminario VI, El deseo y su interpretación, Ed. Paidós, Argentina, 2014, p. 371.
  4. Barnes, J. op. cit., p. 103.4.
  5. Freud, S. La interpretación de los sueños, Prólogo segunda edición. Berchtesgaden, verano de 1908.
  6. Busquets, M., También esto pasará, Ed. Anagrama, Barcelona, 2015, p. 96.

Bibliografía

– Julian Barnes, Niveles de vida, Editorial Anagrama, S. A., Barcelona, 2014.

– Milena Busquets, También esto pasará, Ed. Anagrama, Barcelona, 2015.

– Sigmund Freud, Duelo y melancolía, O. C., Ed. Amorrortu, Bs. As., 1992, V. XIV.

– Amanda Goya, El espectro de la muerte sobre el sujeto, Revista Virtualia Nº 14, Enero/Febrero, 2006.

– Jacques Lacan, Seminario VI, El deseo y su interpretación, Ed. Paidós, Argentina, 2014.

– Fernando Marías, La isla del padre, Seix Barral, España, 2015.

8 Octubre, 2015 Myriam Chang

NUEVO DIRECTOR / NEL GUAYAQUIL

Apreciados Colegas y Amigos

Con mucha satisfacción por el cumplimiento del ejercicio de la permutación en la sede, hacemos conocer que el día viernes 17 de agosto, en Asamblea General Ordinaria, NEL Guayaquil procedió a la elección de un nuevo director, con los votos de sus miembros.  

Rodolfo Rojas asume la dirección de la sede para el periodo 2018-2020, a partir del mes de octubre del presente año. 

Lo felicitamos y le deseamos mucho éxito en su gestión. 

Un atento saludo,

El Directorio

Ana Ricaurte 

Mayra de Hanze

Elena Sper