¡Una guerra importada!

Por: Guy Briole

dardos“Estamos en guerra”, ha declarado el presidente de la República frente al Congreso reunido en Versalles este lunes 16 de noviembre. Las palabras que siguen a esta declaración son de gran importancia: “una guerra de otro tipo”.

Las guerras ya no son, desde hace mucho tiempo, de Estado a Estado, sin embargo, hacen falta al menos dos entidades objetivables. Incluso en las llamadas “guerras sin rostro”, hay que saber dónde se encuentra ese otro a reducir, contra el cual se lucha. Pero, cualquiera sea su rostro o su nombre, la guerra deja siempre la marca de sus atrocidades, de sus duelos, de sus desgarros. En los vínculos estas marcas son mucho más profundas de lo que aparece detrás del velo de la unidad, detrás de una fraternidad reencontrada en un instante.

Hacer existir sin reconocer
Quizás se considere mejor redefinir los llamados “actos terroristas” como “actos de guerra” perpetrados sobre suelo francés en tiempos de paz. ¡Esto no es seguro! Estos actos criminales fueron reivindicados por un movimiento de ideología salafista yihadista el cual se crea una existencia a partir de autodenominarse Estado islámicoy de decretar en junio de 2014 (1), el restablecimiento del Califato en los territorios ocupados durante los combates en Siria y en Irak. Los otros países, aunque no reconocen la existencia de este “Estado”, ubican un territorio donde se han instalado de hecho estos yihadistas. Ellos tienen ahí sus centros de entrenamiento, de adoctrinamiento, de comando; también ideólogos, predicadores, funcionarios de la ex-administración de Saddam Hussein donde se incluyen militares, especialistas en web, personas que comercian entre otras cosas el petróleo que extraen de los territorios ocupados, e incluso una moneda, el Dinar de oro. Entonces se legítima declararle una guerra a un “Estado” ilegal, al cual se le hace existir para poder destruirlo. Uno termina por aliarse contra él.

¡El otro impensable!
Este “ejército” que viene a nuestro suelo a hacer esta “guerra de otro tipo”, una guerra importada, tiene como particularidad que los agentes de importación son de nuestro país o de un país vecino amigo. He ahí un mensaje que se nos devuelve, de un Otro monstruoso y sin límite – el EI – bajo una forma invertida, el retorno mortífero contra sí. Es como un mal que se encuentra en el interior, que se emite y que proviene del extranjero para atacarnos sin que se sepa qué hacer, qué decir… Lo cual no es del todo así puesto que se dicen muchas cosas, sobretodo acerca de lo que hemos tomado la costumbre de designar con el nombre de “yihadistas kamikazes”. Es como si todas las cuestiones estuvieran centradas en ellos. Aquí ridiculizamos el que estos jóvenes sean llevados al sacrificio por la tontería de creer en la promesa de que jóvenes vírgenes les esperan – la cantidad no estimula sino la pobreza fantasmática de nuestros bienpensantes. En otros lugares, al igual que cuando se hace referencia a los africanos y a muchos otros pueblos considerados “primitivos”, sostienen que ellos no poseen la misma relación con la muerte. ¿No tienen la misma que quienes? ¿Quién posee el modelo del valor de la vida, del pasaje a la muerte? Decir que su vida no tiene valor es una posición muy difícil de sostener. ¿Qué se sabe de lo que piensan esos sujetos al momento de activar el explosivo que los envuelve y que va a acabar con ellos? ¡Ya no están aquí para contarlo! No es tan simple, el Captagon (2) – el licor, el sake del yihadiste – utilizado en este contexto estaría asociado al slogan “ni miedo, ni mal” el cual resulta importante para dar el paso. Cuando un “error” los deja con vida qué sucede ¿se suicidan? Por el contrario, son descalificados por los suyos para cumplir esa misión en el futuro. Esto da qué pensar!

Lo inhumano de un arma con rostro humano
Adoctrinamiento religioso, radicalización súbita, conversión ciega, odio, fanatismo son las palabras en las cuales uno se apoya para orientarse en lo que resulta impensable.

Del lado de la propaganda, el discurso de los ideólogos del EI se ha modificado y aunque sostienen siempre la versión religiosa intransigente, insisten en el hecho de que el sueño de todo musulmán es la existencia y el desarrollo del Califato. La propaganda no dice solamente “morir por el profeta”, sino que el discurso se ha militarizado. Claro que el compromiso con el Califato supone aceptar sacrificar su vida. Entonces, presentado así la vida toma un valor y un sentido: el sacrificio de su vida priva otros -los enemigos- de la suya, de esta vida que tiene un valor para cada uno. Ellos sostienen que esos hombres y mujeres que se explotan, son combatientes que han elegido dar su vida por el Califato.

El yihadista-kamikase es hoy un arma de destrucción cercana. Es un arma de guerra, entre otras, pero doble: viviendo, dispara ráfagas con su kalachnikov, mata; y muriendo acciona su cintura de explosivos y mata de nuevo. No es suficiente que haya uno – o varios – que ocupen este lugar para poder cometer esos ataques, sembrar el horror y el terror en diferentes puntos de París. El human-explosive no es autónomo. Hace falta una organización material y una logística bien elaborada, una dirigencia  decidida e inflexible para que esta arma inclasificable sea activada. Estas armas humanas no son sino un aspecto de esta operación comando, sólidamente preparada, más allá de que se hable de sus errores, como índices dejados por improvisación o por estrategia. Esta guerra “de otro tipo”, que no dice su nombre, no recae en estos convertidos que buscan la muerte matando a los infieles para su propia redención, sino en la organización estructurada que no fomenta la pura cultura de la pulsión de muerte para todos, sino que busca hacer existir un Estado, instalarse allí, hacerse un lugar por la vía de un terror ciego propagando ojos bien abiertos.

Irrecuperables versus integrados
Para el que ingresa en la vía de yihad se dice que no hay retorno. Es decisivo: no habrá redención posible, ni salidas para el que toma la vía de Alá. La “deshumanización” que se le imputa a los métodos de adoctrinamiento de esos jóvenes yihadistas se duplica con la forclusión del sujeto por la bien-pensance (3) moral ¡Eliminado!

Está claro que no se pueden negar las particularidades de esta forma de compromisos. Sin embargo, esta no es la primera vez que el mundo se ve confrontado a un desencadenamiento, a un aumento de “pequeños verdugos” listos para ejercer y ser la mano firme de un dictador, de un führer seguido por su pueblo en lo peor de la historia de la humanidad. Hoy predicadores de ese “Dios Uno y único”, ese “Uno absoluto, sin dialéctica y sin compromisos”, como lo precisó Jacques-Alain Miller (4).

El hombre es olvidadizo de su historia y tiene la tendencia a dar siempre, en la inmediatez de su comprensible rechazo al horror, las mismas respuestas que van de la exclusión a la eliminación. Al radicalismo no se le podrá oponer sino otro radicalismo, uno “legalizado”. Hay una respuesta que da el derecho y su ejercicio, la cual se aplica a una persona, cualquiera sea su crimen. Debe quedar algo del sujeto! todo no debe ser “explotado”!

Para el recuerdo
Habría que recordar lo que fueron los alistamientos voluntarios de toda una generación de jóvenes, cuando apenas cumplían los 18 años, con el ejército en Indochina, en Argelia, en tierras africanas, en el anonimato de la Legión extranjera. Ellos se alistaban para hacer “su Indo”, “su Jebel”, sin tener incluso una idea clara de lo que era este otro al que iban a combatir, a eliminar y contra el cual hipotecaban sus vidas. Las cartas a los parientes, a las novias, así como los informes de misión conducen siempre a la misma pregunta: ¿por qué se producían estos accesos repentinos de bravura que les precipitaba bajo las balas enemigas?

A estos jóvenes indisciplinados, violentos, perdidos pero valerosos se les daba un nombre, los “têtes brulées” y una función en un ejército que sabía utilizarlos para misiones peligrosas o “especiales” que cumplían en el nombre de su Dios o de la época, un Dios misterioso que hacía que sacrificaran su vida y la de los otros en nombre de un código de honor que le era propio! El tiempo que dura ese fuego de paja, es justo el de incendiarse en esa violencia ciega para aparecer su inadaptación a las condiciones de la guerra, el rechazo y la expulsión sin miramientos de ese medio, el ejército, que tiene también sus códigos. Hay que decir que uno tampoco sabía qué hacer con estos “têtes brulées”, y para muchos de ellos sus desvíos prosiguieron hacia la delincuencia, los grupos mafiosos, las acciones terroristas. Otros encontraban en grupos de mercenarios una manera de continuar esta violencia fuera de la ley de los hombres, al servicio de un amo efímero que daba curso libre a la realización de sus abusos.

¡Contragolpe! ¿Y mañana?
Por una parte, la condena es sin solución para aquellos que piensan y reaccionan como si fueran “soldados del islam” y por otra, persiste una ambigüedad a la hora de considerar como modelo de integración de otros musulmanes – practicantes o no, convertidos o no, pero que se auto-denominan como tales – presentes en el ejército francés: dos tercios de los reclutados entre los militares procedentes de la inmigración, 20% de los activos en ciertas unidades. La policía sería más discriminatoria, el Consejo de Estado puede, si llega el caso, recordarle cuando apoya su decisión de rechazo de promoción en criterios que evocan la dimensión religiosa [decisión del 7 de julio 2008].

El ministerio del interior encargó a una antropóloga, Dounia Bouzar (5) desarrollar la experiencia que ella comenzó con padres, bajo la forma de un “Centro de prevención contra las desviaciones sectarias ligadas al Islam”. Ella recomienda un “desadoctrinamiento” de los que formulan su demanda al Centro y que estuvieron en el borde de lo que identifica como una radicalización con deshumanización. Ella espera reanimar la pequeña llama vacilante de lo humano. No condena, no desanima, lucha, hace lo que puede. Ni un modelo ni un ideal utopista, solo una voz disonante en la unanimidad del rechazo.

El psicoanalista no se sitúa del lado de los bienpensantes. Tampoco del lado de los predicadores ni de los “grandes hermanos”. Se ubica en un lugar donde le es posible recibir la palabra de aquel que se dirige a él. Una puerta entreabierta sin la cautela de los prejuicios.
 
Traducción de Alba Alfaro revisada por el autor.
Notas:

  1. Le Monde, 29 junio 2 014 – http://www.lemonde.fr/proche-orient/article/2014/06/29/l-eiil-proclame-letablissement-d-un-califat-islamique-et-change-de-nom_4447568_3218.html
  2. Le Captagon ®, nom commercial de la fénéthylline, est une amphétamine.
  3. Palabra inventada por Georges Bernanos para designar los que piensan de una manera conformista.
  4. Miller J.-A., « En direction de l’adolescence », Interpréter l’enfant, Paris, Navarin, Coll. La petite Girafe n°3, 2015,
  5. p. 201.
  6. Bouzar D., La vie après Daesh, Ivry sur Seine, Ed. de L’Atelier, 2015.

Extraído de: www.lacanquotidien.fr

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