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Hannah Arent- La banalidad del mal

Mayra de Hanze (compiladora)

manosSe ha podido decir que Arent niega el mal, que no cree en el mal o que lo banaliza, pero si uno sigue la evolución de su pensamiento, se advierte que desde “Los orígenes del totalitarismo” el mal radical es postulado no como un pecado original, sino como una manera histórica y políticamente cristalizada de reducir  los hombres a la condición de superfluos. Hay un mal del que los hombres son capaces y que no tiene límites, escribe Arent en “La culpabilidad organizada”. Y asocia ese mal radical con el “mal absoluto” según Kant. Ella sostiene que el totalitarismo se sustrae al entendimiento humano, más allá del antisemitismo, el horror ha alcanzado lo irreal. Desde 1950 y reflexionando ya sobre Auschwitz, la politóloga había identificado el mal radical, con lo que más tarde llamará “la banalidad del mal”, puesto que, tanto en el “sistema totalitario” como en el caso Eichmann, se trata siempre de la destrucción del pensamiento, una destrucción solapada, generalizada, inadvertida y, en ese sentido banal, pero escandalosa, que prefigura la aniquilación escandalosa de la vida.

Otto Adolf Eichmann era un ex dirigente del sector IV-B-4 de la Oficina Central de Seguridad del Reich. En 1943, ese era el único organismo destinado a asegurar aún la tarea de “la eliminación del adversario judío”. Eichmann fue capturado en las afueras de Buenos Aires el 11 de mayo de 1960, y llevado a Israel, se los juzgó en Jerusalén en 1961. Hannah Arent le propuso al New Yorker que la enviara a cubrir el acontecimiento, quería cumplir una obligación respecto de su propio pasado, ya que no había podido asistir al proceso de Núremberg, y después confesó que había escrito ese libro “en un curioso estado de euforia”. Los cinco artículos publicados en el New Yorker aparecieron en forma de libro en 1963, sin embargo el escándalo ya había estallado y no cesaría de crecer.

Muchos le reprocharon a Arent su tono desenvuelto, pero sobre todo objetaron tres temas principales del libro:

-La acusación de la autora al gobierno de Ben Gourion y al procurador general Gideon Hausner por haber montado un proceso teatral y de propaganda.

-Las críticas a los consejeros judíos por haber participado en la deportación y, progresivamente, en el exterminio de sus correligionarios.

-Finalmente, un retrato de Eichmann que minimizaba su personalidad criminal en favor de una construcción abstracta, en la cual él participaba por su valor demostrativo; la “banalidad del mal”. Según Gershom Scholem, a la autora le faltaba, “tacto del corazón”. Numerosos periódicos publicaron artículos violentos que deformaban el pensamiento de Arent y la acusaban de antisemitismo. Según Elizabeth Young-Bruehl, el acontecimiento, más espectacular fue la reunión organizada en New York inmediatamente antes del lanzamiento del libro de Arent por la Vicking Presse. En esa reunión con Gideon Hausner y Nahum Goldman, entonces presidente del Congreso  Judío Mundial, éste declaró ante una audiencia de casi un millar de personas que Hannah Arent había acusado a los judíos europeos de haberse dejado masacrar por los nazis y de haber dado pruebas de cobardía y ausencia de voluntad de resistencia.

Entre los blancos de los ataques que Arent  tuvo que enfrentar, su tesis principal sobre la “banalidad del mal” encarnada por Eichmann fue sin duda la más difícil de circunscribir. En este punto la politóloga vuelve a hacerse narradora, y relata la biografía de un alemán común, “ni débil de espíritu, ni adoctrinado ni cínico”. Esa persona “media” y “normal” la impresiona a lo largo de todo el proceso, pues revela ser “absolutamente incapaz de distinguir el bien y el mal. Arent observa sarcásticamente su lucha heroica contra la lengua alemana, sus fórmulas estereotipadas y su lenguaje administrativo; ni una sola frase que no fuera un cliché.

Junto al itinerario de este hombre desclasado que encontró una valorización posible y una carrera promisoria en el nacionalsocialismo, junto a su fascinación por el idealismo de los sionistas, junto a su buena conciencia de alemán que creyó servir a la moral protestante o kantiana cuando obedecía las órdenes de sus superiores, Arent añade observaciones aparentemente anodinas que debieron resultar chocantes para muchos de sus lectores. Por ejemplo, añadía que Eichmann se negó a leer Lolita de Nabokov (un policía israelí se la ofreció para distenderlo), pues consideraba que ese libro era malsano. Prueba definitiva, sí acaso hacía falta, según nuestra periodista, de una ausencia total de espontaneidad, y por lo tanto de libertad y de capacidad para un pensamiento personal. Cuando, más se lo escuchaba, más evidente resultaba  su incapacidad para pensar, sobre todo pensar desde el punto de vista de los otros. Era imposible comunicarse con él, no porque mintiera, sino porque se rodeaba de mecanismos de defensa extremadamente eficaces contra las palabras de las otras personas, contra la presencia de ellas y, por lo tanto, contra la realidad misma. Eichmann tenía el triste don de consolarse con clichés, y, hasta su muerte se contentó con pronunciar frases hechas, como un discurso aprendido, como si citara palabras de confección u órdenes.

Ante tanta inautenticidad y obediencia, surge un interrogante: ¿tenía el acusado una conciencia?

El reportaje del New Yorker reconstituyó “en directo” ese fenómeno humano inquietante que Arent había analizado en Los orígenes del totalitarismo, como una cristalización de las condiciones sociopolíticas del totalitarismo nazi: la erradicación del pensamiento en el ser humano, su renuncia a pensar por sí mismo, su docilidad ante los superiores que daban las órdenes. Eichmann le dio la oportunidad de demostrar que, sin haber sido monstruos sádicos o torturadores inveterados, la gran mayoría de quienes hicieron el nazismo compartían esa condición banal, de renuncia al juicio personal, de ausencia de solitud.

Por tanto, banalidad, no quiere decir inocencia. La historia de Eichmann no es en absoluto la de un inocente. Arent está a favor de la pena de muerte, puesto que el derecho está destinado a castigar los crímenes que este hombre cometió, y no a la persona incapaz de distinguir entre el bien y el mal. Su análisis a propósito de Eichmann tiene el objetivo de interpelar a la conciencia individual, más bien que estigmatizar los crímenes colectivos en los cuales esa conciencia corre el riesgo de disolverse. Junto con otros, ella desea que Eichmann sea llevado a una corte internacional, pues el crimen contra los judíos era también un crimen contra la humanidad. Concluye sosteniendo que su libro es un estudio sobre la maldad humana: la terrible, la indecible, impensable banalidad del mal.

En otras palabras, Eichmann es una ilustración concreta de la manipulación de la humanidad característica del totalitarismo, sin ser estúpido en el sentido estricto, ese burócrata ponía de manifiesto una pura ausencia de pensamiento. Más inquietante aún es una comprobación aparentemente menos grave que hace Arent, para quien la banalidad resulta mucho más espantosa, sin ser perversos ni sádicos, algunos individuos “horrorosamente normales”, con una buena conciencia, perfecta, cometen crímenes de una nueva especie. Son incapaces de juzgar, pero se arrogan el derecho de decidir quién debe y quien no debe habitar este planeta. Esa perversión, gravísima a los ojos de Arent, implica perversión del imperativo moral y del juicio que le sirve de apoyo, es Kant deformado. Era culpable porque había obedecido, y sin embargo la obediencia se consideraba una virtud.

Sin embargo, sin dejar de reconocer un fundamento sexual en el sadismo, Arent rechaza la concepción freudiana de un sadismo radical relacionado con la pulsión de muerte e intenta establecer que la violencia no es bestial ni irracional, es sistemática y perfectamente programada.  Julia Kristeva. El genio femenino.

En 1996 Daniel Goldhagen publicó Los verdugos de Hitler. Los alemanes corrientes y el holocausto.

Obra en la que se despliega la existencia de dos grandes tendencias historiográficas entre los estudiosos de la shoa. La primera, tradicional, hace hincapié en el antisemitismo y en la figura carismática de Hitler como fuente principal del exterminio. La otra tendencia, en la que se incluyen Adorno y Arent, hace hincapié en la racionalidad instrumental y burocrática del exterminio, y en el surgimiento de una ciencia racial.

Si bien el exterminio nazi recayó fundamentalmente sobre los judíos, no se limitó al antisemitismo. Las víctimas comenzaron siendo también los propios alemanes que cayeron en las purgas de purificación racial: los discapacitados y los homosexuales, los bolcheviques y los opositores al régimen de distintas nacionalidades. Los gitanos, muchas veces olvidados de la historia, tuvieron el mismo destino que los judíos.

George Orwell nos advierte que el exterminio empieza por la lengua con el término que él acuña como neolengua o hablanueva implementada en su novela 1984. La maquinaria del exterminio se presenta como lenguaje administrativo y como recurso de propaganda y ocultamiento, lo que permitía llevar a cabo las tareas de la matanza sin llamarlas por su nombre.

Se usan entonces palabras y expresiones de significado neutro o positivo para nombrar el terror y el exterminio. Por ejemplo:

La solución final nombraba el exterminio

Tratamiento especial significaba matanza

Abandono de lugar indicaba desalojo

Direccionamiento de la colonización designaba la expulsión de los judíos

El reagrupamiento nombraba a la deportación

La zona judía de residencia eran los ghettos y su expulsión se denominaba desplazamiento de residencia, hacia los campos de concentración o exterminio.

A los cadáveres; marionetas, trapos o piezas.

En Auschwitz no se moría, se producían cadáveres, expresión utilizada por la SS y también por Heidegger en su conferencia titulada El peligro en 1949.

Esta producción seriada es el apogeo  de la deshumanización, cadáveres sin muerte, violación de la dignidad de morir, piezas producidas en un trabajo en cadena. Silvia Elena Tendlarz.  Shoa, Freudiana 39, Ediciones Paidós, Barcelona, 2004.

Ver una película documental como La banalidad del mal, me hace pensar en el pronunciamiento que ya en junio de 1915 hiciera Freud; La guerra, en la que no quisimos creer, ha estallado ahora y trajo consigo…la desilusión. No sólo es más sangrienta y devastadora que cualquiera de las guerras anteriores, y ello a causa de las poderosas y perfeccionadas armas ofensivas y defensivas, sino que es por lo menos tan cruel tan encarnizada y tan inmisericorde como ellas…

Las ilusiones se nos recomiendan porque ahorran sentimientos de displacer y, en lugar de estos, nos permiten gozar de satisfacciones. Entonces, tenemos que aceptar sin queja que alguna vez choquen con un fragmento de la realidad y se hagan pedazos…

Dos cosas en esta guerra han provocado nuestra desilusión: la ínfima eticidad demostrada hacia el exterior por los Estados que hacia el interior se habían presentado como los guardianes de las normas éticas, y la brutalidad en la conducta de  individuos a quienes, por su condición de partícipes en la más elevada cultura humana, no se los había creído capaces de algo semejante…

Lo que nos lleva a plantear que no hay “desarraigo” alguno de la maldad. La investigación psicoanalítica muestra más bien que la esencia más profunda del hombre consiste en mociones pulsionales…estas mociones pulsionales tienen que andar un largo camino de desarrollo antes que se les permita ponerse en práctica en el adulto. Son inhibidas, guiadas hacia otras metas y otros ámbitos, se fusionan unas con otras, cambian sus objetos, se vuelven en parte sobre la persona propia… Freud. De guerra y muerte. Temas de actualidad. La desilusión provocada por la guerra, Amorrortu editores, T. XIV.

17 años después en 1932 Freud responde  a Einstein ¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?…Recapacité entonces, advirtiendo que no se me invitaba a ofrecer propuestas prácticas, sino sólo a indicar el aspecto que cobra el problema de la prevención de las guerras para un abordaje psicoanalítico…El nexo que realiza usted (Einstein) entre derecho y poder, es ciertamente el punto de partida correcto para nuestra indagación. ¿Estoy autorizado a sustituir la palabra “poder” por “violencia”, más dura y estridente? Derecho y violencia son hoy opuestos para nosotros pero es fácil mostrar que uno se desarrolló desde la otra…Los conflictos de intereses entre los hombres se zanjan en principio mediante la violencia…Sabemos que este régimen se modificó en el curso del desarrollo, cierto camino llevó de la violencia al derecho…La violencia es quebrantada por la unión, y ahora el poder de estos unidos constituye el derecho en oposición a la violencia del único. Vemos que el derecho es el poder de una comunidad…Entonces el derecho de la comunidad se convierte en la expresión de las desiguales relaciones de poder que imperan en su seno. Freud. ¿Por qué la guerra?, Amorrortu, T. XXII.

Esto nos permite ubicar más claramente, la propuesta de MH Brousse: “La guerra es la civilización…la civilización es la causa de la guerra…Brousse. De los ideales a los objetos: el nudo de la guerra, El psicoanálisis a la hora de la guerra, Tres Haches, Argentina, 2014.

Es importante entonces precisar que Arent centra La banalidad del mal en un error de pensamiento, en una ausencia de pensamiento que va de la radicalización del mal a una consonancia con el mal absoluto en Kant. Este error de pensamiento transparenta una ausencia de culpa en el acusado Eichmann.

Me parece oportuna la distinción que realiza Miller entre culpa y vergüenza, siendo la culpa  el efecto sobre el sujeto de Otro que juzga y, por lo tanto de Otro que es portador de valores que el sujeto habría trasgredido. Diríamos al mismo tiempo que la vergüenza tiene relación con un Otro anterior al Otro que juzga, un Otro primordial, que no juzga sino que sólo ve o da a ver. Así, se puede considerar vergonzosa la desnudez y cubrirla. También se podría tratar de decir que la culpabilidad es una relación con el deseo, mientras que la vergüenza es una relación con el goce, que toca a lo que Lacan llama, en su “Kant con Sade”, a lo más íntimo del sujeto. Miller. Nota sobre la vergüenza, Freudiana 39, Ediciones Paidós, Barcelona, 2004.

Hannah Arent había puesto  el perdón y la promesa en el centro de su reflexión sobre La condición humana, traducido bajo el título La condición del hombre moderno, haciendo del perdón y de la promesa dos formas fundamentales del vínculo que transportan la acción humana a la dimensión del lenguaje, dos actos fundadores del nuevo discurso moral, el único regulador de la acción y de su facultad de desencadenar procesos nuevos y sin fin.

El discurso del amo quiere tratar la culpabilidad por el perdón, al contrario del avergonzar, que viene a partir de la reflexión de Lacan sobre el motor de la acción psicoanalítica según Freud. Para Freud se trata ante todo de una acción fundada sobre el amor a la verdad. Es la sinceridad del psicoanálisis. En su nombre, Freud barre ante sí los falsos semblantes de la comunicación social para obtener el reconocimiento de un real.

La vergüenza es un afecto eminentemente psicoanalítico que forma parte de la serie de la culpabilidad. En efecto, una de las brújulas de la acción psicoanalítica es no desculpabilizar jamás. Cuando el sujeto dice que es culpable, tiene excelentes razones para ello, es más siempre tiene razón, esto es lo que implica la hipótesis del sentimiento de culpa inconsciente. Contrariamente a las psicoterapias, el psicoanálisis reconoce y admite esta culpabilidad. Lacan oponía desculpabilizar a desangustiar. Nunca hay que desculpabilizar sino que hay que desangustiar. El término avergonzar se inscribe así en un surco trazado en la tradición freudiana y es un índice de una posición clínica constante en la obra de Lacan. Eric Laurent. La vergüenza y el odio de sí, Freudiana 39, Ediciones Paidós, Barcelona, 2004.

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Boletín Acción Lacaniana #3

Miembros y asociados de la NEL presentan una lectura de…

LOS ACONTECIMIENTOS DE VIOLENCIA QUE (RE)SURGEN EN EL MUNDO!

  • LA VIOLENCIA ESTÁ POR TODAS PARTES, BAJO NUEVAS FORMAS. José Fernando Velásquez
  • ¿ANTE QUE REACCIONAMOS? Aliana Santana
  • EL DOLOR Y SUS TRAMPAS.Stella Cortes
  • APUNTES EN LA NIEBLA DE BRUSELAS. Antonio Aguirre Fuentes
  • ¿Y AHORA, BRUSELAS? ¿QUÉ LUGAR AL ACTO VIOLENTO? Clara M. Holguín

LA VIOLENCIA ESTÁ POR TODAS PARTES, BAJO NUEVAS FORMAS.

José Fernando Velásquez

París, Bruselas, Afganistán, Siria, Ucrania, el Mediterráneo, México, Colombia, Sudán del Sur y el África subsahariana, son algunos lugares del mundo donde se han vivido recientemente experiencias extremas de violencia como formas de guerra. Ahora no entre países, imperios o clases sociales, sino orientados por significantes que representan goces diferentes, a grupos étnicos, sectores económicos ilegales, o facciones religiosas. Más que vencer buscan aturdir, acercar a lo imposible.

No hay lugar en el planeta vacunado contra la violencia, ella surge bajo formas inesperadas en distintos momentos de la historia de cada pueblo. No hay tampoco subjetividad que pueda esquivarla por su afinidad a la reconstrucción permanente de identificaciones colectivas, irreductibles unas a otras, más la debilidad de idealizar una fuerza irrestricta que las dirima. La sociedad conformada en la postguerra por lo que Kojeve llamaba “El Estado homogéneo”, o lo que es la “Democracia representativa”, los que se fundamentan en la ciencia, la democracia, la estadística y la epidemiología, no logra detener estos fenómenos de violencia masiva, reivindicativa y también terrorista.

El psicoanalista va más allá de los límites de su comunidad psicoanalítica al interpretar el momento que vive, con las herramientas que han aportado los psicoanalistas que nos preceden. En ellos encontramos la esperanza de un mundo sin violencia. Por el contrario, nos advierten de cómo ella hace parte de lo humano en sus lazos y desenlaces con el goce y con el Otro; “La yuxtaposición de modos de goce no va a reducirse a uno”[1]; los procesos de segregación son más fuertes ahora que bulle lo heterogéneo.
 

¿ANTE QUE REACCIONAMOS?

Aliana Santana

¡Otro atentado terrorista!, ¿Hasta cuándo?, me dije al recibir el primer tweet, que a los pocos minutos se hizo tendencia: #atentadoenbruselas. La lista de recientes y no tan reciente atentados comenzó a armarse en mi mente: El atentado contra Charlie Hebdo en enero 2015, los atentados en París en noviembre del mismo año, el atentado en Madrid en marzo del 2004, el atentado contra las torres gemelas de New York en el año 2001, y…no pude recordar ningún otro.  ¡Qué raro!, pensé, ¿cómo es que no recuerdo ningún otro? Pasé inmediatamente a pensar en las posibles víctimas del atentado en Bruselas, luego en los Belgas en general, en la ciudad de Bruselas, en los colegas psicoanalistas que viven y trabajan allí, en un amigo que vive en Bruselas y a quien no veo desde hace muchos años. ¿Hasta cuándo esta modalidad de eliminar al Otro, me volví a preguntar?

Los siguientes días hice una brevísima revisión por internet de los más graves atentados del mundo. Muchos, demasiados. Muchas muertes, demasiadas. Coches bombas, explosivos, asaltos con armas de guerra, asaltos suicidas en distintas partes del mundo: Arabia Saudita, Kenia, Tanzania, Yemen, Rusia, Túnez, Indonesia, Turquía, Irak, Filipinas, Líbano, Inglaterra, Jordania, India, Noruega. Una revisión dio pie a otras: Conflictos armados, dictaduras, nuevos modos de dictaduras en el mundo, en nuestros continentes: Europa, África, América (Norte, Centro y Sur), Oceanía. Hay muchos, demasiados.

¡Otro atentado terrorista!  ¡No puede ser! Sólo 3 días después del atentado en Bruselas un hombre entró a un parque en Lahore, Pakistán, y detonó los explosivos que cargaba. 65 personas murieron y más de 300 resultaron heridas. Esta noticia, este horror, no se hizo tendencia. ¡Pakistán!, me dije. No he estado en Pakistán, no conozco colegas que vivan y trabajen en Pakistán, no tengo ni un amigo en Pakistán. La misma modalidad para eliminar al Otro, pero…

¿Ante qué reaccionamos? Cuando me hago esta pregunta, la hago pensando en los psicoanalistas, lo hago pensándome como parte de una comunidad de psicoanalistas, miembros todos de la Escuela de Lacan. ¿Qué nos hace deplorar, repudiar, un hecho horroroso y no otro? ¿Qué nos hace sentir consternación y pesar ante un fenómeno de violencia extrema que viene presentado como “Atentado terrorista” y no ante el mismo fenómeno, presentado como “Mueren 43 estudiantes en una marcha de protesta pacífica en Caracas” o “Desaparecen 43 estudiantes en Ayotzinapa” o “Mueren 119 personas dentro de la iglesia del pueblo Bojayá, en Colombia” o “Se declara una nueva guerra entre las pandillas o maras y el Estado, en El Salvador”?

¿Reaccionamos ante la violencia que se ejerce sobre lo familiar, lo conocido, lo que pertenece a la parroquia? ¿Reaccionamos ante la “violencia extrema” que nos toca, o nos toca muy cerca, o nos respira en la nuca?

Cada atentado, cada guerra, cada conflicto armado, cada ataque suicida, cada conflicto tribal o étnico, cada manifestación de violencia extrema proveniente de una dictadura, tradicional o del siglo XXI,  en mi parroquia o lejos de ella, me remite a la pregunta por el papel que le corresponde jugar a los psicoanalistas de orientación lacaniana, hoy.
“Según lo previsto por Lacan, el analista es un Uno que se autoriza de sí mismo, de su análisis, antes que de ser reconocido como suyo por un grupo, o por Dios.”[2]
 

“EL DOLOR Y SUS TRAMPAS”

Stella Cortes (Asociada NEL Bogotá)

Tema de la última convocatoria de la Casa de Poesía Silva, señala que la cultura es a imagen y semejanza de la idea que se tiene de la muerte. Idea de la muerte en las culturas, se corresponde con la idea de la muerte para cada sujeto individual, como Eric Laurent lo dice: “Lo colectivo no es nada… no es nada sino el sujeto de lo individual”1

La idea de la muerte, que tienen los colombianos, se puede colegir de los múltiples acontecimientos de muerte que vive el país, en una cadena interminable: el Bogotazo de la segunda mitad del siglo XX,  como consecuencia del magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán, candidato a la presidencia de la República, con sus atrocidades nunca esclarecidas, que podría decirse alimentó otro ciclo de violencias: el Conflicto interno colombiano de los últimos cincuenta años. Los falsos positivos, así llamadas a las muertes de jóvenes, reclutados con la falsa promesa de empleo y dados de baja como falsos guerrilleros para mostrar eficiencia en la fuerza pública. La doble toma del Palacio de justicia, no suficientemente esclarecida, impulsa a buscar su esclarecimiento como deuda con las víctimas, como muestra de la humanidad que no ha logrado arrebatarnos lo real del goce, lo que no cesa.

Otro tanto ocurre en Méjico, “Tierra de carteles”2, documental  que muestra  “imágenes de gentes a punto de ser decapitadas, mientras les preguntan: “¿para qué cartel trabajas”? Los numerosos cadáveres que se encuentran en la búsqueda de cuarenta y tres estudiantes desaparecidos, y la organización de una resistencia violenta contra los carteles. El documental utiliza los dos lados de la frontera para mostrar las circunstancias que enfrentan las comunidades de uno y otro lado. De uno de los lados se dice que está ocurriendo una invasión mejicana que los llevará a la destrucción de su modo de vida, cuando en realidad son ellos quienes fueron dejados al margen del modo de vida americano.

Y los últimos atentados terroristas en Paris y Bruselas, con su cadena de muerte, hablan de choque de civilizaciones entre el mundo árabe y la cultura de la globalización inspirada por los valores de Occidente como el liberalismo, la libertad de expresión o el relativismo religioso. El mundo árabe atraviesa por una crisis de la civilización, no es contra los cristianos ni contra los judíos, sino entre sunitas y chiitas, afirma el ministro de Relaciones Exteriores de Israel en la revista Semana Edición no.1756.

Y Lacan en su escrito sobre el Racismo afirma […] “Nuestro porvenir de mercados comunes encontrará su contrapeso en la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación”4.  “No es el choque de las civilizaciones, sino el choque de  los goces […] de ahí el llamado a un Dios unificante”5. Ese llamado a un Dios unificante  me evoca la cita de Miller en su escrito “En dirección a la adolescencia”- Extractos: “Pero Alá no es un padre…Alá se vuelve agente de la voluntad….Aquí, es la voluntad de muerte inscripta en el Otro. Ella está al servicio de la pulsión de muerte del otro”6

1Laurent É., ”Las paradojas de la identificación”, Buenos Aires, EOL- Paidós, 1999, p.32
2Duncan G., “Dos caras de la frontera”. “El Tiempo, 31-12-2015
3Lacan J., “Propositión du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste de l´Ecole “, Autres écrits, op. Cit., p. 257. (Op. Cit., p.276)
4Laurent É., “El racismo. Lacan Cotidiano Número 371
5Miller, J. A., “En dirección a la adolescencia” Extractos
      

APUNTES EN LA NIEBLA DE BRUSELAS

Antonio Aguirre Fuentes

Se ha buscado aterrorizar a una colectividad. También veremos otros efectos. Ya están en marcha: odio y violencia sectaria contra los musulmanes.  Estos no son sólo víctimas, tienen responsabilidades, su cultura no ha salido de la guerra y la lucha sectaria fratricida, son sumisos a una escritura que sentencia a todo aquel infiel que no está en su rebaño, y sobre todo aseguran a las mujeres un lugar que en Occidente es de minusvalía. ¿Qué dice Lacan en Televisión de la mezcla de goces? Que el humanismo a la europea no resistiría el funesto retorno de Dios.

Tenemos que emprender el estudio de esta situación de guerra global religiosa. El Papa quiere ver en otra dirección, empático con el evangelio marxista dice que detrás de los “ciegos” fanáticos religiosos están… !Los fabricantes de armas! Le faltó alargar un poco la idea y acusar como causantes al capitalismo, al consumismo y a la tecno-ciencia. Ya lo ha hecho en otras ocasiones.

En Lacan hay algunas claves para analizar esta guerra de religiones. El marxismo fracasa al hacer de la lucha humana una lucha de clases. Nosotros partimos de conjeturas más polémicas y enigmáticas: la guerra de los síntomas, la guerra de los anudamientos delirantes colectivos, el retorno de un dios superyoico y de un protopadre resucitado y, muy notoriamente, el rechazo mortífero de lo femenino. ¿Cómo  hacer el balance entre el singular del parlêtre y las identificaciones particularistas en ascenso que son para-edípicas y superyoicas?  Tenemos luces pertinentes, aunque débiles, en esta niebla de humo bélico.
 

¿Y AHORA, BRUSELAS? ¿QUÉ LUGAR AL ACTO VIOLENTO?

Clara M. Holguín

¿Es la violencia un nombre del malestar de nuestra época?,  o ¿habría que decir que la violencia es propia de lo que se llama cultura? De lo que no hay duda es que, ni la cultura es sin malestar ni la violencia es nueva. A pesar de ello, hoy presenciamos fenómenos que amenazan y ponen en consideración la mortalidad siempre evadida, dando a la violencia el carácter de acontecimiento ineludible, al mismo tiempo que se muestra que la extensión generalizada del uso del término para calificar gran cantidad de acciones humanas ha conducido a que se considere hoy un asunto de salud pública.

Hay violencia política, económica y social, pero también de género y de familia; de ella se habla en las instituciones, las escuelas, lo hospitales, etc. ¿Cómo leer este fenómeno que señala que todo lazo o casi todo lazo social puede ser calificado como violento? ¿De qué goce da cuenta este discurso llamado así? Más allá de dar una respuesta, sostengamos como prudencia la pertinencia de interrogar -la violencia- como un síntoma, es decir, como una interpretación del discurso del Amo actual.

E. Laurent ha mostrado que la solución freudiana, no parece alcanzar para sustentar los acontecimientos de la violencia yihadista. Al contrario del anudamiento de Dios y el padre, que se produce a partir del asesinato del padre como motor de la constitución de la horda, en la elaboración del Islam se niega este anudamiento y se proclama su separación radical, estableciendo la idea de un dios radicalmente diferente de todo lo que es, un dios que es “ser”, al cual no se puede “ni suprimir ni añadir” y que corresponde al Uno del Islam: “Alá no es un padre. Alá es el Uno. Es el Dios Uno y único. Y es un Uno absoluto, sin dialéctica y sin compromisos. (Miller. En la dirección de la Adolescencia)-
Más allá de la prohibición, estos actos de violencia parecen fundarse en un Uno absoluto, lo que nos conduce a pensar la cuestión más allá de la causalidad, pues de lo que se trata es de aquello que está en el “corazón de la topología subjetiva y testimonia de esa relación, a la vez de proximidad y de rechazo, que el sujeto puede mantener con la figura del Otro”. No hay cultura o civilización, para decirlo en términos de Freud, que pacifique lo que se califica como violento, hoy.  En otras palabras, ni el superyó, ni la identificación, introducen un límite a estas acciones que ponen en juego el empuje pulsional y la creencia de que se puede acceder al goce del Otro. ¿Cómo abordarlas? ¿Qué tratamiento darles? La pasión toma forma aquí. El odio, como señala C. Leguil, no tiene causa, pero es del orden de un afecto en el fundamento mismo de la pulsión.

La NEL, más allá de la consternación frente a la que nos colocan estos hechos y precisamente por ello, propone e invita a sus miembros y asociados, a la luz del trabajo que desarrollará en sus próximas Jornadas, a una reflexión del tema bajo el título: “Lecturas de las violencias y pasiones, hoy”, que será transmitido en su boletín. Proponemos un esfuerzo de lectura de lo contemporáneo en los diversos contextos socio-políticos en los que los integrantes de la NEL desarrollamos nuestra práctica. 
Presentación de textos: 

Los textos deberán enviarse a jornadasnel2016@gmail.com. No podrán excederse los 2000 caracteres. Pasarán por la comisión de la página de las Jornadas y su boletín, quien se reserva el derecho de evaluar la pertinencia de los mismos. Los textos serán transmitidos a la comunidad en la página de nuestras Jornadas.

Referencias bibliográficas

-Laurent, Eric. De la locura de la horda al triunfo de las religiones. 
http://www.psicoanalisisinedito.com/2016/01/eric-laurent-de-la-locura-de-la-horda.html?ct=t(Bolet_n_N_5_para_Suscriptores3_28_2016)

-Miller, J-A. En la dirección de la Adolescencia. http://www.psicoanalisisinedito.com/search?q=en+la+direcci%C3%B3n+de+la+adolescencia

-Brousse, M. E. El psicoanálisis a la hora de la guerra. Tres Haches.
-Leguil, C. El odio es sin razón.  http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/12/clotilde-leguil-el-odio-es-sin-razon.html

[1] Laurent, E. “El goce sin rostro”. 1ª ed, Buenos Aires, Tres Haches, 2010. Pág 30-45

[2] Las profecías de Lacan: Entrevista a Jacques-Alain Miller. Artículo publicado en el diario francés Le Point el 18 de agosto de 2011

¿Qué sucede hoy entre hombres y mujeres? Un pantano y el psicoanálisis*

Por: Jessica Jara

labial

Arte de Oda Jaune. Sans Titre, 2015

En un lugar de Ecuador aún palpitan los ecos del “sexo, drogas y rock & roll” o “paz y amor”, lo que quiere decir que hay un cierto exceso, un cierto relajamiento, en tanto que se relajan las seguridades, los “autocontroles” a los que uno mismo se somete en cualquier ciudad lo suficientemente grande y mezclada.

Sabemos que, en este escenario tan paradisiaco como precario, se dio lo peor. Un mal encuentro: ni la supuesta fraternidad ni la mano que se extiende para encontrarse con otra que la espera como en el milagro del amor. La investigación continúa.

Los nefastos acontecimientos recientes hacer surgir las siguientes preguntas:

¿Qué es lo que sucede hoy entre hombres y mujeres? ¿Por qué la acción violenta ante la ausencia de consentimiento femenino? ¿De qué se trata este nuevo hombre bruto y esta nueva virilidad?

El psicoanálisis apunta al declive del padre mientras las feministas hablan aún de la sociedad patriarcal.

Cuál era la función del padre sino amenazar la virilidad: que el falo sea amenazado para que a continuación se pueda hacer uso de él. Ese es el resumen del Edipo de Freud.

Para Lacan el padre ya no es más el agente de la castración, ya que la castración viene dada con el lenguaje. El padre es quien toma a una mujer como objeto de su deseo, de su perversión. El padre es un hombre que, desde su lugar de excepción, transmite un modelo de la función. La padre-versión es una versión encarnada de cómo un hombre se dirige/aloja a lo femenino, la Otredad, lo hétero, lo real.

Este padre no es el de “Tótem y Tabú”, cuyo asesinato torna el deseo imposible. En este mito ninguno de los hijos sucede al Padre en su “glotonería de goce”; siendo que, entre los efectos del acto parricida están el surgimiento del contrato social y el comunitarismo[1].

Tampoco es el padre legislador y de la regulación como el de Schreber. Padre que parece ser en la actualidad el más demandado para que se ponga a funcionar, para que haga reglamentaciones, normativas y protocolos cual solución ante el problema del goce.

Que los elementos del conjunto de los hombres puedan ser objetados les posibilita, al menos, un anudamiento aún fracasado, pero que les sirve de anclaje ante el arrastre de un goce ilimitado, que puede volverse limitado por la ley externa o por la propia muerte.

Si el padre hoy ha dimitido de su función como es nuestra conjetura, lo que veremos surgir son nuevos modos de goce no limitados por el falo y una clínica del pasaje al acto.

Que el acto criminal contra una mujer tenga como fondo la relación sexual imposible es una orientación en esta pantanosa tontería epocal que sólo sabe ocuparse de lo posible y no de los modos en que los seres que, -en tanto no pueden decirlo mejor y perforar de este modo el muro-, se enfrentan mudos al muro y se van contra él derrumbándolo para lo peor.

Así, mientras el cuestionamiento “común” desde hace ya varias décadas es por el abandono o la falta de amor del padre por sus hijos, no se ubica bien que el punto nodal es el tratamiento que un hombre hace de una mujer: ¿ella es su síntoma?, él es para ella peor que un síntoma ¿es un estrago?

Que los feminismos no remiten al discurso de la histeria sino que son una solución “para llevar” es cierto. Pero no hay que renunciar a que alguna, algunas, feminista, histérica, macho o hembra, con su insatisfacción y su queja acudan en búsqueda de una respuesta propia sobre la feminidad y sobre su goce extranjero/extraviado donde un analista.

Hoy hay un declive de la insatisfacción y un ascenso del comunitarismo y el superyó. En esta vía, proliferan nuevos proyectos de paternidades y nuevas maternidades sin Otro. También existe un modo singular de hacerle frente a la no relación entre los sexos, lo real, lo imposible de soportar: un estilo por escribir, a inventar en ausencia de fórmulas, y que es el efecto de un psicoanálisis.

Para concluir, quiero indicar que la AMP sostiene uno de sus observatorios con el tema: “La violencia y las mujeres en latinoamérica”, y que pueden consultarlo al link: http://www.fapol.org/es/obs/12

*Resumen de mi participación en una reciente discusión de asuntos de actualidad.

[1] Ninguna mujer participa de este banquete, lo que daría cuenta del porqué no están ligadas las unas a las otras.