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Sobre el relanzamiento del cartel “Hacia una Nueva República de las Letras”[i], en Guayaquil.

“… además de ponerlos a ambos en comunicación y, en sentido inverso,
llevar a esas ciencias aquello que por nuestra subjetivación pueden recibir como inspiración complementaria”.
Lacan, Acto de Fundación de 1964

Por Jessica Jara, Más-uno.

Nuestro cartel se relanzó de un modo particular, tratándose de una permutación que consistió en que cada integrante invitó a alguien más al colectivo. El cartel quedó conformado más o menos así. En las primeras reuniones cada cartelizante puso su rasgo/riesgo singular a funcionar, al mismo tiempo que armábamos una bibliografía compartida, sin que la misma constituyera un límite a nuevas perspectivas de búsqueda y a la inspiración. Lo que viene bien en el espíritu ZADIG, espacio donde nos hemos anotado y cuyo planteo es recuperar a Freud y Lacan, atendiendo la continuidad moebiana entre la psicología individual y social.

ZADIG retoma de modo inédito una conversación urgente y siempre renovada entre psicoanálisis y política, esfuerzos que se escribieron uno por uno: “el analista ciudadano”; “la acción lacaniana”; incluso los CPCT’s podrían ser considerados un ejercicio de respuesta de algunos analistas al malestar social; publicaciones valiosas como “cartas a la opinión ilustrada” y “testimonios de encuentros con el psicoanálisis”; mociones y peticiones; “la batalla del autismo”; participación de analistas en la arena política, el senado y la construcción de legislaciones; creación de observatorios; transformación de las Escuelas en Ong’s y organismos consultores. Por lo que haría falta un repaso serio de esa serie de esfuerzos, al estilo de la “recensión” del campo freudiano que propusiera Lacan en el 64.

Hasta el momento, cada uno de los cartelizantes ha ido precisando su interés de trabajo entre “Psicoanálisis y política”, ya que perseveramos en sostener abierta esta pregunta.

Antonio Aguirre, psicoanalista. Después de sus lecturas de filosofía política de Leo Strauss apuesta por Simone Weil, lectura señalada por Miller. Antonio empezó por “Echar raíces”, desde allí nos supo transmitir que esta mujer es una inclasificable, “hereje” precisó. Nos resonó, resultando enigmática, una de sus propuestas: ante la dificultad hay necesidad de (re)introducir un dicho que inspire. Lo que hace pregunta a cierto nivel es la posición antipartidista de Weil, pero en este caso también lo fue su puntuación: antes de los derechos están las obligaciones. En una discusión sobre si todos los argentinos eran “peronistas”, Antonio se preguntaba: ¿entonces Borges? La cuestión del “significante vacío” laclausiano que ha sido funcional tanto a la “derecha” como a la “izquierda” volvió al ruedo. A. Aguirre desde hace un tiempo es colaborador de La conversación. La academia en la comunidad[ii].

Rafael Guerrero, estudioso y amigo del psicoanálisis, retomará el seminario 17. Su cuestión es el sujeto dividido, “insatisfecho”. Algunas preguntas que surgieron fueron: ¿cómo se expresa esa división?, ¿cómo esto se pone en juego en una relación con la institución?, ¿qué democracia/política/Estado considera a este sujeto, sin ser populista?, ¿cómo poner en falta la lógica totalitaria?, ¿cómo conectar política y singularidad? Rafael nos ha enviado un link con obras de Weil en pdf: https://mega.nz/#F!5AMjmK6C!1iFe9oTyczmEVy3Vaj_E7w  Su participación a fines de los setentas en la revista de incidencia política “Nariz del diablo”, hizo recordar que un modo “antiguo” válido para responder era el “periodicazo”. En su primera exposición comentó “¿Qué es la política?” de Hannah Arendt para decir que el orden no se funda en relación a lo necesario sino de lo contingente y apuntar una identidad por la narración. Un punto de conversación fue el nacimiento del sujeto y el Otro, y el objeto.

Carlos Tutivén, intelectual no orgánico y docente, escribió un paper colectivo con Héctor Bujanda y Tina Zerega sobre la serie “Black Mirror”, y avanza en su indagación por los medios digitales, la crisis de la subjetivación: ética y política. Ante la desorientación contemporánea y el paso de “lo prometéico” a “lo fáustico”, se propone un trabajo en dirección a lo que sería una “ética del despertar”, contando con su referencia psicoanalítica, filosófica y budista. Su pregunta por el desencanto, banalización y brutalización actual puede tener como referencia la Presentación de Miller del tema del X Congreso de la AMP en Río de Janeiro, donde se atiende el “cero de sentido”, lo que le remite al fantasma y a un nuevo imaginario. Carlos Tutivén también escribe en La Conversación[iii].

Carlos Quezada, asociado de la NEL que se anotó a ZADIG, siendo que de este modo entró a formar parte del cartel. De inicio su pregunta es por el “canalla”, a quien el análisis puede volver un fool, y la canallada colectiva, siguiendo las formulaciones lacanianas; y también por esos que “ponen el cuerpo” y sólo “cumplen órdenes”: subjetividad atendida por Hannah Arendt, a quien fue remitido. Por otra parte, se preguntó a quién nos dirigimos como ZADIG por lo que tomará como un antecedente válido de estudio “Las cartas a la opinión ilustrada” de J-A.Miller, donde aparece el significante “opinión”, pero como destinatario. En otra reunión Carlos, en tanto ingeniero politécnico, nos habló de algunos modos de hackeo en tiempos de servidumbres digitales, y rememoró el debate entre eficiencia y eficacia.

Fabián Mosquera, intelectual, periodista cultural y poeta, pasa del estudio de fondo de la poética de Paul Celan al comentario de los textos: “Marx y Freud en América Latina” (Bruno Bosteels) y “The spirit of revolution…”, último que compartirá. Anotó su deseo de seguir vinculado al cartel, -al tiempo que estará haciendo un doctorado en Pittsburgh-, para trabajar sobre Pier Paolo Pasolini, considerando que hace poco Miller hubo lanzado la “Petición a la no reducción de Pasolini a un intelectual orgánico”. Una precisión es el funesto destino que puede resultar la academia para un pensamiento vivo, siguiendo la crítica de Derrida sobre la “neutralización” de Marx en la Universidad. Plantea que hay que sacar al marxismo de la lógica libresca. Nos preguntamos si aquello le ocurre hoy a Freud y Lacan en la Universidad…

Jessica Jara, psicoanalista. Acabada la lectura del “El narrador de Benjamin”, su interés es continuar trabajando el paso lógico del “testimoniar” al “ser hereje, de la buena manera”. Indagará sobre el estilo y la materia de la que está hecha esa “opinión” planteada por Miller: la que a sería una opinión más viva y real, es decir una que ya no sea un dar testimonio de un acontecimiento traumático sufrido, en tanto que sobreviviente que vive sólo para contarlo; sino, a su entender, de un decir que implica una transmutación[iv], un saber-hacer allí y el embrollo. Trabaja el seminario 23 y “Topología y tiempo” de Lacan, testimonios de pase y “La regla del juego…” (JAM y BHL). Le proponen leer “Mondos” para atender al acto sin Otro. El planteo es ¿cómo “hablar con propiedad” cuando se sigue vivo después del acontecimiento? El arraigo a la letra ante el desarraigo contemporáneo es una de sus conjeturas.

Patricia Ballén, catedrática y amiga de la literatura y el psicoanálisis[v]. Es nuestra amable anfitriona, quien hoy trabaja en torno a la ficción que consumen los adolescentes, los jóvenes. En esta ocasión se trata de la cultura “freaky”. Nos dice que el chat también sirve para interrogarse, aunque parezca que este consumo es de quienes “no creen en nada”. Hay un revival de la ficción en las nuevas generaciones, nos dice, y habrá que estar atentos.

Fernanda Carrera, comunicadora social vinculada a los derechos humanos. Escribe en medios populares. Fernanda se pregunta por lo que es la “sociedad civil”, después de los estragos causados por un estado que pretendía anularla a título de “lo público” o del interés público, pero también por la escalada de la cultura de la demanda y lo políticamente correcto. Así, se interesa por lo que sucede en un twitter sin ley, en lo que llama “guerra virtual”. Fueron interesantes sus preguntas sobre aquello que llega a ser Trending Topic en tanto que, -muy a parte del trabajo de los trolls-, el hecho de que algo se vuelva “tendencia” a veces ocurre de “milagro”. Sus referencias son Rawls y Hobbs, y ahora se dedica a Hegel y Lacan.

El este cartel ampliado también participarán Cecilia Ballén, psicóloga clínica que ingresó al Hospital Psiquiátrico en la iniciativa “Proyecto de psicoanálisis” iniciado en 1991, donde ha logrado sostenerse; y, Jhonny Burgos, arquitecto y catedrático que dice que se “pondrá al día” para asistir. Héctor Bujanda, catedrático y escritor venezolano, se sumará más adelante al trabajo del cartel pues está concluyendo la redacción de su tesis de doctorado.

Quedan invitados a participar nuestros amigos: Tina Zerega[vi], Héctor Chiriboga[vii] y Javier Rodríguez, a la distancia.

Este texto fue publicado en Lacan Cotidiano N° 23, Sección La Movida ZADIG.

[i] http://estudioslacanianosecuador.blogspot.com/2017/02/resena-cartel-nuevas-subjetivaciones.html

[ii] http://laconversacion.net/author/antonio-aguirre-fuentes/#tab2

[iii] http://laconversacion.net/author/carlos-tutiven-roman/#tab2

[iv] http://estudioslacanianosecuador.blogspot.com/2014/11/el-pivote-irreductible-de-un-analisis.html

[v] https://nelguayaquil.wordpress.com/2016/09/28/boletin-14-violencias-y-pasiones/

[vi] http://www.expreso.ec/guayaquil/tina-zerega-investigadora-LRGR_8198194

[vii] https://nelguayaquil.wordpress.com/2016/10/12/boletin-16-violencias-y-pasiones/

https://nelguayaquil.wordpress.com/2017/09/12/violencias-y-pasiones-el-libro-de-la-nel/

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De psicoanalizante a psicoanalista: un paso, un empalme, un gesto… un acto

Carteles

Por: Jessica Jara
kj

Arte: http://www.gunyol-kunt.com

“¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, la vaga erudición,                                  el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,             la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?”

(Una vez que) Me duele una mujer en todo el cuerpo”. J. L. Borges, El Amenazado.

De empalmes y pasos

Freud apuntó el hecho de que sólo se sabe de las aperturas y de los finales de las partidas de ajedrez, tal y como sucede con los psicoanálisis. Que en el intermedio habría infinitas posibilidades. Jacques Lacan por su parte señaló que los momentos de la entrada y la salida del análisis son dos puntos de empalme. Para Lacan hay fin del análisis y su continuación por otros medios.

En la Proposición sobre el psicoanalista de la Escuela Lacan indicó que la terminación del psicoanálisis -redundantemente llamado “didáctico”- es el paso del psicoanalizante al psicoanalista; y que nuestra escuela, debe dedicarse a disipar: “esa sombra espesa que recubre ese empalme”.

Un empalme remite a un punto en que se unen, se enlazan, se suceden sin interrupción dos cosas. Sin embargo, lo que parecería ser una continuidad no lo es, en tanto que un empalme parte de una separación, de un corte, a partir del cual se procede a juntar. Empalmar implica un hacer: un acto. Un empalme es un nudo. El de escota o bandera, por ejemplo, se diferencia de otros nudos porque puede ser utilizado para unir líneas de diferente grosor. Analizante y analista no son líneas homogéneas.

Hay un “momento electivo” nos dice también Lacan, en que el psicoanalizante pasa a psicoanalista. El acto analítico es supuesto desde este momento. El acto por su parte implica un antes y un después: es un acontecimiento. Al acto analítico el analista no es convocado como sujeto y sus efectos son a nivel del goce. A la entrada, el acto analítico da paso a la posición analizante sosteniendo y autorizando el trabajo de éste. Hay que tomar de que este acto de autorización es segundo y remite al acto primero de la autorización del analista.

El hecho de que haya “entrada en análisis” supone que hay analista. ¿Y qué es un analista? Para Jacques-Alain Miller un analista es “un sujeto que ha percibido su modo de gozar como absolutamente singular, que ha tomado su goce en tanto fuera de sentido” [1].

El enlace inicial analista-analizante acontece con la instalación del sujeto supuesto saber. Y cuando el analizante ha terminado su trabajo, -al decir de Lacan-, esta página puede ser pasada con un gesto que cambia al sujeto al final. Este acto es la destitución del mismo sujeto que lo instaura, al revelarse lo inesencial del SsS.

En esa vía Xavier Esqué enunció en uno de sus testimonios: “El analista aparecía caído del ideal, como un “mocoso” respecto al saber sobre mi goce, imberbe de lo real. El analista quedaba reducido a im-ber-be, a una mirada. De esa mirada había sido soporte en la cura”.

Uno decide, uno se vuelca, uno entra… en el discurso psicoanalítico 

Lacan en su Autocomentario[2] del 74 nos dice que su empeño por el pase era para esclarecer lo que sucede en cierto momento “… en el que uno se decide, uno se vuelca, uno entra en el discurso analítico”. Allí Lacan recuerda que cogitó la Proposición del 67 durante sus vacaciones en Italia, y comenta que entonces se decía: “¿Pero qué mosca te pica? ¡Dios sabe lo que esto provocará!”.

Desde la Proposición, puede decirse que entre analizante y analista hay una puerta cuyo gozne es el resto que hace su división. Lacan planteará entonces que: “En este vuelco donde el sujeto ve zozobrar la seguridad que le daba ese fantasma donde se constituye para cada quien su ventana sobre lo real, se percibe que el asidero del deseo no es más que el de un deser…”.

Tomando como referencia el seminario 17, “alguien” se vuelca al discurso analítico cuando acontece, no un giro de 360 grados, sino la permutación de un cuarto de vuelta de las cuatro letras del matema. El paso del discurso de la histeria al del analista puede escribirse:

 -> S1                    a   -˃ $

a   //   S2                         S2  // S1

Así, desde la lectura del matema podemos decir que se entra al discurso analítico:
1. Cual sujeto dividido que consiente se le responda desde el lugar de a para así producir sus significantes amo, en tanto que la operación analítica consiste en separarlos del sentido:

a  ->  $   -> S1   //   S2

  1. Se entra al discurso analítico en tanto que analista, si surge el deseo inédito de ocupar el lugar del objeto a, causa de deseo: objeto agalmático al inicio y palea al final. Miller interpreta que el analista quiere ser abandonado y organiza su operación para “ser el engañado y volverse el desecho”[3].

Lacan no cesó de preguntarse y preguntar por qué alguien querría ser analista, indicando que es “un job muy duro”. Y gracias a su conferencia en Yale, junto con las preguntas que le hacen, sabemos que él pedía testimonios al final y al inicio del análisis. Al inicio para “elegir” a sus analizantes. Y para el final propuso el pase, que consiste en que:

“en el punto en que alguien se considera suficientemente preparado para osar ser analista, pueda decir a alguien de su propia generación, un par –no su maestro o pseudomaestro- eso que le ha dado nervio para recibir personas en nombre del análisis”.

Un acto: un gesto de partida

En el dilema de los tres prisioneros[4] se esclarecen tres momentos: el instante de ver, el tiempo de comprender y el momento de concluir. A ese trío se suman y restan las escansiones: los lapsos de duda y las objeciones lógicas, lo que inconsiste la perfección del número 3. La “prisa lógica”, es el toque de real que precipita la conclusión. Esthela Solano[5] dio cuenta de este funcionamiento en el “proceso lógico del pase”, donde ella precisa que las escansiones son introducidas por el pasador.

La conclusión, en el caso de los prisioneros, es un acto que se adelanta a su certidumbre, y señalará también Lacan que hay un acto en el “gesto de la partida” que absorbe los momentos anteriores.

El acto de salir en este problema implica la toma de la palabra, aún sofisma, en tanto que “la verdad” no alcanza a dar cuenta de la elección. Lo cierto es que se sabe lo que se es, -en este caso el propio color-, cuando los otros han vacilado dos veces en salir.

Allí la referencia es el mismo Lacan en “El momento de concluir” [6] cunado señala que: “el fin del análisis es cuando se ha girado dos veces en círculo, es decir reencontrado esto de lo cual se está prisionero…. Basta que se vea eso de lo que se está cautivo, y el inconsciente es eso: es la cara Real… de eso en lo que se está enredado”. El subrayado es mío.

En el seminario 20 Lacan se refiere al “signo de cambio de discurso”, al nuevo amor a propósito del poema de Rimbaud “A una razón”. Los primeros versos: “Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos e inicia la nueva armonía./…”. Y podemos “ver” allí que no se trata de razones, de argumentos de sentido, sino de un signo, de un gesto: “Un golpe de tu dedo sobre el tambor”, lo que marca un cambio de discurso e inicia una nueva armonía.

Pivotajes y transmutaciones 

Lacan habla en su seminario “… o peor” de pivotajes (referencia de la física) y transmutación (referencia de la al-química). Siendo el pivote que nos concierne es de la “anécdota” a la “lógica”.

En esta vía podemos anotar el señalamiento de Aníbal Laserre sobre la elaboración del testimonio de pase cuando indica no haber visto “que los que escuchan se alteren, por ejemplo ante una incoherencia de la cronología, mientras que el más mínimo fallo en la lógica si llama la atención”.

Así, en uno de los testimonios de X. Esqué el pivotaje será del “es que” al “sé que”. Él nos dice entonces que “La repetida cantinela del es que(de la anécdota) fue agujereada por la que considero la interpretación fundamental… que… trazaba un arco que iría del principio al final de la cura, del “es que” de la impotencia al “sé que” de la imposibilidad”[7]. Lo que muestra un giro implacable, conservando al mismo tiempo una “cierta ingenuidad”. Simple y elegante como las matemáticas.

Lacan también dirá en el seminario 19 que en la experiencia analítica vemos al significante transmutarse en letra. ¿Esto implica la transmutación del analizante al analista?

En el testimonio de Mauricio Tarrab quien señala que el significante “soplo (al corazón)”, -que juntó la marca el cuerpo y el sentido materno, agregando que “teniendo un destino de equivocación, producto de la interpretación que hará el sujeto y de todas sus resonancias… al ser tratado su fuera de sentido por la maquinaria del Nombre del Padre”-, al final devino signo.

En la experiencia analítica el “soplo” como significante (amo) se despegó de las significaciones y despojado del sentido (S2) se transmutó en letra. Al final enunció Tarrab: “ya no inflo más el globo del nombre del padre”. Dicho que implicaba un hecho: el inicio de una nueva lógica.

Esta mutación sin dudas trae efectos al analista en su práctica al aproximarlo a la posición femenina o del S (Atachado). Y también puede, contingentemente, producir un analista.

Un significante nuevo vs. el S2 de Google 

Lacan en el 77 se pregunta por qué uno no inventaría un significante nuevo, uno que no tuviera como lo real “ninguna especie de sentido”. Desde esta perspectiva, podemos leer el fin del análisis como un acontecimiento de escritura, de invención de un nuevo número/letra que cierra una lógica que es en relación al Otro (A) y escribe el inicio de otra, esta vez del S(Ⱥ). Aquí la referencia es Cantor con su número transfinito: número imposible de pensar, pero posible de utilizar.

Para Leonardo Gorostiza[8] el paso fue del significante “calzador” (que anudaba síntoma y fantasma) al significante inventado al final de su análisis: “calzador-sin-medida”: escritura irónica, nombre de su sinthome.

En el caso de Ram Mandil se tratará de las letras “A.V.D.”, siendo que en uno de sus testimonios hace un señalamiento fundamental al decir que la escucha de estas letras podría desencadenar sentidos infinitos en francés y en portugués, pero que “la lectura, su materialidad sonora, permitió hacer de estas letras un nombre, un sinthome que estanca el sentido, una fijación de goce”. Y es entonces que podemos apuntar que en su caso hubo una mutación del “goce del sentido” a un modo singular gozar, cuya marca es esa nueva escritura.

Llama la atención entonces que algunos testimonios de pase dan cuenta de intentos fracasados y búsquedas infructuosas del “significante nuevo” en Google, el gran S2 de la época. ¿Es la debilidad de la que habla Lacan? Así, en todo caso lo que se verificó es que “calzador-sin-medida”, “A. V. D.”, “CPTU y un guión”… son escrituras inéditas, agujeros en el sentido, significante de la falta en el Otro, oximorónica verdadera-invención, enunciación de su más singular.

Existe la fantasía de la existencia de una línea de progreso o desarrollo en el análisis, que llevaría a un sujeto paso a paso, centímetro a centímetro del lenguaje a lalengua, del síntoma al sinthome, sueño que se contraría por el acontecimiento, la irrupción de lo imprevisto, que el corte lacaniano produce.

Ser analista de su propio inconsciente o el acto de desuposición 

Tomando como referencia el hecho de que:

1) Al final del análisis hay el acto de destitución subjetiva;

2) El deseo del analista es su enunciación, y su enunciación transmisión en acto;

3) El acto del analista es sin garantías, sin Otro;

4) El pasaje del trabajo de transferencia a la transferencia de trabajo ya no estaría causada por el analista sino por el psicoanálisis.

Quiero anotar fragmentos que dan cuenta de lo que sería la continuación del análisis por otros medios, hacia una elaboración posterior:

  • Lacan decía que se la pasaba haciendo el pase, que el pase había que recomenzarlo siempre; que él en su seminario estaba en posición analizante, cuando no decía que estaba en posición femenina.
  • Del testimonio de Anna Aromí: “Y sobre la mujer como sobre la psicoanalista, sabrán que no dejo de romperme la cabeza. Es mi forma de autorización”.
  • Miller ha subrayado el “postanalítico”, y hace pocos años demandó “… que se hable de sí mismo como de un caso, que se elabore la relación al sujeto supuesto saber, y también que los analistas den a conocer cómo se elabora en el paciente de ellos el deseo de ser analista”.
  • Elisa Alvarenga en uno de sus testimonios: “Si durante el análisis, la preferencia dada al inconsciente tendía a recubrir con lo simbólico todo lo imaginario y lo real, otro corte fue necesario al final, restaurando así el nudo borromeo en su forma original, dice Lacan. No había más que decir, sino mucho que hacer…”.

En todos los casos los subrayados son míos.

Bibliografía

Alvarenga, Elisa. “Modalidades del objeto en un psicoanálisis”. Revista Digital Virtualia # 3. http://virtualia.eol.org.ar/003/default.asp?notas/ealvarenga-01.html

Aromí, Anna. “Romperse la cabeza”. Revista Lacaniana de Psicoanálisis. Número 16. Abril del 2014.

Borges, Jorge Luis.  “El Amenazado”. El oro de los tigres.

Castellanos, Santiago. “El deseo del analista y lo real del acto”. Blog de la ELP.

Esqué, Xavier. Testimonio: “Lo éxtimo empuja”.

Gorostiza, Leonardo. “Los confines de la caridad freudiana”.

Lacan, Jacques:

  • “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma”. Escritos, Tomo 1.
  • El Seminario. Libro 2 “El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” 1954-1955.
  • Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela. Momentos cruciales de la Experiencia Analítica. Ed. Manantial.
  • “El acto psicoanalítico”. Reseña del seminario 1967-1968.
  • El Seminario. Libro 17 “El reverso del psicoanálisis”.
  • El Seminario. Libro 19 “… o peor”.
  • El Seminario. Libro 20 “AUN”.
  • El Seminario. Libro 23. “El sinthome”.
  • Seminario 24 “L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre”. Inédito.
  • Seminario 25 “El momento de concluir”. Inédito.
  • “Autocomentario”. Intervención en el Congreso de La Grande-Motte. “Uno por Uno”. Número 43, Verano 96.
  • Conferencia en Yale. Inédito.

Laserre, Aníbal. “La elaboración del testimonio”. Revista Digital Virtualia. http://virtualia.eol.org.ar/002/notas/leserre-01.html

Mandil, Ram. Fragmento de testimonio de pase.

Miller, Jacques-Alain:

“El banquete de los analistas”.

“Cómo se deviene psicoanalista en los inicios del siglo XXI”.

“Cosas de Finura en Psicoanálisis”. Curso del 6 de diciembre de 2008.

Solano Esthela, “La práctica del pase”. Feminidad y fin de análisis. GRAMA Ed, 2009.

Tarrab, Mauricio. Testimonio “Y el soplo se vuelve signo”. Web de la AMP.

 

[1] Cosas de Finura en Psicoanálisis, curso del 6 de diciembre de 2008.

[2] Intervención en el Congreso de La Grande-Motte. En “Uno por Uno” número 43, Verano 96.

[3] “Cómo se deviene psicoanalista en los inicios del siglo XXI”, JAM.

[4] Trabajado por Lacan en sus Escritos, Seminario 2, entre otras intervenciones y textos.

[5] En “La práctica del pase”.

[6] Seminario 25, clase del 10 de enero de 1978.

[7] “Ahora puedo decir se que, se que el significante no alcanza a decir mi ser, se que la destitución subjetiva abre la vía a la pulsión y que mi deseo se articula a lo más singular del goce pulsional”.

[8] “Los confines de la caridad freudiana”.

Un recorrido sobre la noción de objeto desde el Seminario IV de Lacan hasta elaboraciones posteriores

Carteles

gunyol

Arte: Ceaseless Doodle, 2009,

Por:  María José Zöller Andina

Desde las primeras páginas del Seminario IV podemos percatarnos de la posición de Lacan en contra de tomar la noción de objeto en relación con la satisfacción de una necesidad a la cual el objeto respondería de un modo total y completo en ese amor primario entre el hijo y la madre.  Pues bien, introduce todo lo contrario, y siguiendo la línea de Freud, desmiente la existencia de una relación armoniosa prestablecida, haciendo una crítica al desvío de la práctica analítica de su tiempo y de las teorizaciones sobre la maduración sexual y su punto final de acomodación con un objeto genital armonioso y natural. El mismo Lacan menciona aquí la distorsión que existe en las llamadas relaciones de “reciprocidad”, de relación directa entre el sujeto y el objeto, de una forma equivalente. El artificio del Estadio del Espejo era desde ya una manera de evidenciar la complejidad y el carácter conflictivo de la relación dual. Desde el instante en que el niño queda capturado en esa imagen en espejo a modo de identificación, queda también la marca de la distancia que lo separa de dicha imagen.  La imagen, como significante, tal como menciona Lacan a propósito de Dolto, representa algo. La imagen no se representa a sí misma, sino que toma su valor en relación a otra. No se trata de la imagen de la realidad, sino de una noción mucho más abstracta. “El obstáculo consiste en ir a buscar la realidad en algo cuya característica sería la de ser más material”. Incluso partiendo desde este punto hay una discontinuidad. Lacan introduce este inconveniente para hacer una crítica sobre la idea del encuentro con un objeto último al que se tiene acceso al final del análisis, cuando se trata de la vertiente de lo real en el límite de la experiencia. “Mantener la necesidad de hablar de la realidad última, como si estuviera en algún lugar más que en el propio ejercicio de hablar de ella, es desconocer la realidad donde nos movemos”. Es por esto que la noción más importante alrededor del análisis no es la del objeto, sino de la falta de objeto; y esto como motor de la relación del sujeto con el mundo.

La experiencia misma del análisis o las simples relaciones cotidianas entre los seres hablantes ponen en relieve la hiancia que contradice la idea de un objeto total que encaje como si de lo natural se tratase. En el sujeto encontramos siempre las discordancias que lo han abrazado. Esto Freud ya lo había denunciado en El malestar en la cultura: que la cosa simplemente no marcha. Cito: “El objeto de deseo humano, es el objeto de deseo del otro, y el deseo, siempre deseo de otra cosa de lo que falta al objeto primordialmente perdido”. Podría decirse que esta es la tesis principal de este seminario. Lacan elabora en torno a este eje nodal lo que él llamará como las tres categorías de la falta: privación, frustración y castración.  La privación en tanto que hay una falta de objeto a nivel del agujero de lo real, puesto que cómo puede privarse de algo que en realidad no se tiene. La frustración en cambio se refiere a un daño imaginario, una lesión o perjuicio de la falta de un objeto real, por lo que es del dominio de la reivindicación. Y finalmente la castración como la deuda simbólica.

Lacan trabaja aquí la noción de objeto en relación al fondo de angustia en el sujeto. El objeto vendría a cubrir o enmascarar este punto vacío, a modo de protección y resguardo, de la misma manera en que le serviría al fetichista por ejemplo, en su función de protección respecto a la angustia de castración y a lo que se le presenta como agujero. Es sobre este fondo de angustia fundamental en donde el sujeto mueve las fichas del tablero en sus diversas relaciones con el mundo.  Ahora, si bien hace referencia al objeto, hace sobretodo un subrayado a la falta de este. Es importante esta distinción porque es a partir de esto que toma un giro diferente la noción del falo, aquello que en relación con el objeto marca e inscribe la falta. No se habla ya de una relación dual entre la madre y el hijo, sino que se hace un llamado a otro elemento que llega para hacer un corte. En esta tríada imaginaria Lacan comienza a trabajar la relación entre estos elementos, y es verdaderamente en este seminario donde se inscribe la metáfora paterna. El falo, no como mediador o intermediario, sino como lo que establece una terceridad en la relación dual que puede ser devoradora. El caso de la fobia de Juanito es un movilizador para las construcciones siguientes. La fobia, planteada aquí como una tentativa de solución a la confrontación con la castración materna, la fobia en su función significante, supliría la falla a nivel del padre real. Opera como sustitutivo del padre en la medida en que este no se sitúa como agente de la castración permitiendo anudar el deseo a la ley. Es así pues que más adelante llama a un cuarto elemento: el padre, en su función de regular y organizar, y posteriormente en De una cuestión preliminar trabaja sobre lo que él llamará como la metáfora paterna. Tomo este seminario, porque si bien no se trata de un trabajo ya finalizado sino ciertamente en vías de elaboración, permite poner en perspectiva la transmisión de su doctrina en relación a las dificultades y urgencias de su tiempo, y sobre todo, es una forma de descubrir ciertas bases o antecedentes de lo que sería más adelante el Seminario X: La angustia, en donde se evidencia un Lacan distinto, con cambios, y reformulaciones, situando no solamente la función de la falta sino también del más allá del objeto, de lo Real, del goce, y de lo que restaría de él en la orientación de la cura. Es interesante ubicar cómo Lacan toma lo imaginario para reducirlo a lo real en la experiencia analítica, para que el sujeto logre situar las relaciones imaginarias de su mundo sin quedarse adherido en estas extensiones. Este trabajo pretende continuar con las elaboraciones siguientes alrededor de la noción de la falta de objeto, pilar fundamental del psicoanálisis mismo.

Bibliografía 

Lacan, J. (1956 – 1957). El Seminario IV: La relación de objeto. Buenos Aires: Paidós.

El cuerpo y la imaginación en el tiempo y el espacio

Carteles

Por: Delia Pin Lavayen

Nada es más misterioso para el hombre, que el espesor de su propio cuerpo” David Le Breton

 LEYENDA DE CUERPOS

—¿Cuál es el ser, con una sola voz, que tiene a veces dos pies, otras tres, otras cuatro, y que es más débil cuantos más tiene?

 —El hombre —dijo Edipo— porque anda a gatas cuando es pequeño, se mantiene firme sobre sus dos pies en su juventud, y se apoya en un bastón en la vejez.

¿Por qué, para la esfinge era tan importante imponer está pregunta? Tal vez para demostrarnos que el cuerpo del ser humano es objeto de cacería, en comparación a lo temible que podía ser su aspecto físico: cuerpo de león con alas, senos y cara de mujer; cuerpo de un monstruo que no envejecía y podía volar y caminar. Para los dioses griegos, el ser humano creado por la gracia de Prometeo siempre fue un misterio, él nos dio más que el aliento de vida y el fuego de la sabiduría. Mortales que aprendieron a comunicarse y organizarse; sabían bien a donde dirigir sus miedos y vergüenzas, adoradores del  desconocido Olimpo, amantes, pro-creadores,  insensatos y preguntadores sin fin.

Todos los personajes de Edipo rey giran alrededor de la  tragedia oculta. Lo siniestro, el espectador-lector lo sabe; personajes-teatro que pretenden engañar-se. Voz semblante de Yocasta; ojos y oídos asustadizos de Edipo. Todos estos objetos a se reúnen para retener y des-dibujar una verdad en la historia trágica del cuerpo de la humanidad.

En Edipo rey podemos percibir lo que oculta el cuerpo, más allá de lo que es, Nos habla de la tragedia de las almas consabidas con los dioses.

¿Pero, la esfinge se burla del cuerpo de la raza humana? Sin duda conocía la antigua leyenda que Platón nos deja de herencia, de los decires sabios de Sócrates: La primera historia del cuerpo humano, donde habitaban tres sexos en la tierra: mujer, hombre y andrógino;  El hombre y la mujer eran un solo cuerpo, pegados por la espalda y el andrógino era  uno solo que disfrutaba de la compañía tanto del hombre como de la mujer; todos estos cuerpo tenían formas circulares: el hombre tenía la forma del sol; la mujer, de la tierra y el andrógino, de la luna. Seres hábiles que se movían sin inconveniente por doquier, se comunicaban telepáticamente.  La arrogancia de ellos, era tal, que quisieron retar a los dioses y Zeus no iba a permitir semejante atrocidad y con la  colaboración de Apolo: el cuerpo del hombre y de la mujer fueron separados  y de allí nace la leyenda platónica de que cada hombre tiene a una  mujer-compañera y viceversa; guiados por Eros y Afrodita; dioses que gobernaban los goces y placeres de la carne, más allá de la belleza, el destino y la muerte.

¿Y si retomamos la leyenda bíblica que de la costilla del hombre sale la mujer? y para la religión católica, eso es ley.  La pertenencia de los cuerpos y espíritus de unos con otras. La voz retumbadora de Dios sigue reinando hasta la eternidad en los oídos y cuerpos de los  mortales y así en definitiva se van desfigurando las almas,  en las leyendas impuestas por la palabra. Y vale recalcar que el cuerpo del andrógino quedó relegado, en la frontera de los otros cuerpos que los aceptan, ocultan o discriminan o como dice Platón: “… ahora no es sino un nombre sumido en la vergüenza.”

El ser humano perece en el cuerpo, en  el que se transforma y se deja caer.  En el cuerpo se ven todos los estragos del alma. El alma arrastra lo perdido o lo “impensable” como dice Foucault. Leyendas que se hacen presente en sueños negados  e (in)quietos.

Cuerpo y ojo

David Le Breton alejado de las leyendas griegas y bíblicas nos propone un estudio del cuerpo en el espacio real, en el tiempo, la historia, cultura y religión. El cuerpo y el enmarañado sistema de convivencia con los otros; llámense estos: semejantes, cosmos, naturaleza o reino animal. Bataille decía que el ser humano primario se identificaba con el animal por eso lo usaba como enemigo, alimento o carnada. Podemos suponer que antes y ahora el cuerpo sigue siendo objeto de identificación y de relación. Las antiguas comunidades desconocían la existencia de un cuerpo independiente; eran nómadas, errantes, clan, tribu pero jamás individuos.

No  afirmo que el individuo veía y ve al cuerpo como un objeto, es peor que eso, la humanidad puede negar, aprobar,  idealizar o abusar del propio cuerpo dependiendo de sus síntomas y devenires.

Pero al hablar del cuerpo más allá de toda esa contingencia que lo sostiene y lo habita como  territorio irreal: Bataille menciona  las angustias del ser impregnadas en el cuerpo, ese conflicto que remece las carnes y al espíritu y que vivimos representándolo en simbologías de sacrificios y  ritos hasta la actualidad. El cuerpo está entrampado en ideales y negligencias del alma. En el alma se funden todos los dolores y amores que al cuerpo estigmatiza.

¿Pero qué ata al cuerpo y al alma? Foucault responde “El poder de la imaginación… está en el hombre en la costura misma que une el alma con el cuerpo”  La imaginación es como el libre albedrío. Como un objeto a desatado, vagabundero; sostenido en el alma y des-aprovechado en el cuerpo. La imaginación  es ese aire fluido sin nada que lo detenga. Quizás, la imaginación no necesite de rejas corpóreas para existir, pero es en el único lugar que se la reconoce y se la nombra.

Jacques Lacan dice: “El espacio no es una idea. Tiene una cierta relación no con el espíritu sino con el ojo. El espacio está colgado de este cuerpo… Un cuerpo es cualquier cosa y no es nada, es un punto. Pero es de todos modos algo que se localiza en el espacio mediante algo ajeno a las dimensiones… Un cuerpo en el espacio es, como mínimo, algo que se presenta como impenetrable.” El cuerpo propio de por sí puede ser imaginario. Afirma  Lacan “Mi imagen, mi presencia en el Otro, carece de resto. No puedo ver lo que allí pierdo. He aquí el sentido del estadio del espejo”.  Para el Otro no somos un resto. El ojo es un espejo. Y continúa Lacan: “Un espejo no se extiende hasta el infinito,… este espejo permite ver al sujeto, ver un punto situado en el espacio que no le es perceptible directamente.”

Entonces, el cuerpo ¿qué es?  Un talle, una imagen, un templo, una casa, un ser vivo, no un cadáver, no un material. El cuerpo es un habitable traje que nos usa, el cuerpo no está solo, el cuerpo sustituye, representa,  interpreta, se echa, se ausenta, el cuerpo invade espacios, fronteras territoriales.  Tal vez esa es la imagen que se tenga del cuerpo del Otro, pero del propio, ¿cuál es?

Me atrevo afirmar que el ser humano se vehiculiza con el síntoma, con ese síntoma- metáfora o “falta de significante” esa falta no real sino simbólica en la que la humanidad sucumbe y construye la lógica de su ser y entorno. Es como si ante esta falta constituyente, estructura de la subjetividad, el ser humano tiene dos caminos -y de seguro hay otros-, en donde se agujera, retiene y resurge; como nos propone Lacan en el capítulo de la angustia entre el goce y el deseo: El masoquismo y el sadismo. El cuerpo se regula en la ambigüedad de estos dos término y esa falta es un pedazo de carne interiorizado en su imaginario, subjetividad gobernante; “ese pedazo de carne que está entre el cuerpo y la palabra” como propulsión de búsqueda hacia otros significantes sin fin. Un pedazo de carne que está en el borde como fenómeno y en la lógica del “ser y el tener.”

En la relación con el otro es que el ser humano se localiza o pierde, en esas posturas de poderes, estrechamientos o abandonos. En una lógica del orden, idealización o negación, los cuerpos obedecen. Y aclara Lacan “…el sujeto tiene que realizarse es por la vía del Otro… toda actividad humana se desarrolla en la certeza o en un deseo que engendra certeza”.

Cuerpo-Voz

Jacques Alain Miller se pronuncia: “Es en el cuerpo imaginario donde las palabras de la lengua hacen entrar las representaciones, que nos constituyen un mundo ilusorio a partir del modelo de la unidad del cuerpo.

El cuerpo habla y habla desde la palabra desbordante, desde esa “libra de carne” que se esponja o escalda. La palabra se adueña del cuerpo y de  la voz;  y el cuerpo no hace más que gozar en ese “yo pienso” o como dice Lacan en ese “yo miento”.

Pero en el cuerpo demandante de pulsiones, sostenido en  decires inacabados; la voz obviamente también pone sus reglas desconocidas, afluentes del inconsciente y la certeza; Bataille  sabe que la voz deviene de la imposición individuo-cultura. “El que habla siempre es el civilizado” porque “la violencia es silenciosa… La violencia que es obra de la humanidad entera carece de principio de voz,… la humanidad entera miente por omisión…” Y concluye Bataille: “…el violento tiende a callar y se aviene al engaño… el espíritu de engaño es la puerta abierta a la violencia… El castigado es el que no logra callarse… El castigado es la voz de la violencia.”

Conclusión

Ha desaparecido el oráculo nos dice Miller. El ser cada vez más carece de límites y de advertencias. Los cuerpos copuladores en este siglo XXl se muestran con un solo clic, donde millones de ojos se extinguen y deleitan, los sueños diurnos nos invaden. Los dioses ya no están, Ya no hay esfinge que se burle del cuerpo humano, para eso estamos sus habitantes, para gozarlo como le plazca al inconsciente y a los seudos deseos hasta llevarlo al mismo silencio de muerte. Los demonios se ausentaron. En estos tiempos, el fantasma es el guía de cada quien, ese fantasma es el que medio escucha aún la voz del omnipotente Dios. La imaginación, el  más débil albedrío del cuerpo y de toda la metáfora humana. Con el pasar del tiempo, el cuerpo se convierte en un punto de cacería en el espacio; le apuntamos fijamente para silenciar a ese pedazo colgante, adherido, que  no sé sabe en  qué parte del imaginario está.

Edipo rey sigue siendo ciego,  sordo y el parlanchín de la repetida historia del mundo y nosotros, los sucesores.

Bibliografía

Jacques Lacan: Seminario la identificación (9), Seminario la angustia (10) El estadio del espejo.

David Le Breton: La antropología del cuerpo y la modernidad.

Sigmund Freud: Inhibición, síntoma y angustia; la negación; introducción al narcisismo; el ideal del yo.

Michael Foucault: Las palabras y las cosas.

Jacques Alain Miller: El inconsciente y el  cuerpo hablante.

George Bataille: El erotismo.

Sófocles: Edipo rey.

Platón: El banquete.

William Shakespeare: el mercader de Venecia.

Cicely  Berry: La voz y el actor.

El Goce Femenino en relación al amor

Carteles

Por: Andrea Robles P.

Para una mujer,  la amenaza de castración no cumple la función que se da en los hombres, y es por esto que pueden ir más lejos que ellos en los caminos de la devoción del amor. En este ir más lejos, más allá del significante, se ubica el goce femenino, aquel del que no se puede decir, y al que es empujado el  sujeto por otro en el enamoramiento.

En la vía del amor, una mujer en posición femenina siempre avanza más lejos en el “dar todo al otro amado” (Laurent, 1999, pag. 85), ser todo para él, incluso aceptar ciertas cosas en nombre del amor. “Darlo todo para ser todo”. Para Lacan (2011), esta demanda infinita de amor nos remite a la no relación sexual y al hecho de que su goce suplementario la sobrepasa.

En estas exigencias se esconde el superyó como nombre de goce; si el superyó es peligroso no es porque prohíba, sino que empuja a gozar (Laurent, 1999).

Esta demanda infinita será formalizada por Lacan con el término de estrago. Para Isabelle Durand (2008) “El estrago es lo sin límite del síntoma”, y encuentra su raíz en el periodo preedipico, en una relación violenta y pasional con la madre (Lacan, 2001)

En relación a este sin límites del goce femenino, cabe recalcar que no es algo que se da de forma permanente y estable, sino que son momentos puntuales en los que el sujeto logra liberarse del anclaje fálico, en otras palabras, el sujeto está en este ir y venir.  Entonces, ¿en qué punto una mujer es llevada a esta dimensión de lo que no tiene límites? Bien, cuando el sujeto se da cuenta de que ya no es nada para el otro, puede llegar a sacrificar lo más precioso que tiene para agujerear al Otro, un ejemplo de esto es Medea, quien mata a sus hijos para vengarse de Jasón (Durand, 2008), se venga de este hombre por el que se siente traicionada. Por otro lado,  una mujer también puede  estar en esta dimensión cuando se choca con este silencio como respuesta a su demanda de la palabra de amor, en su pregunta ¿para qué me quiere?; ésta es empujada fuera de sí, volviéndose Otra para ella misma. Es decir, este otro va a servir de relevo para que ella se ubique en la “zona apasionada” lo que Lacan llama la forma erotomaníaca del amor femenino (Laurent, 1999).

Una de las formas del estrago son casos en donde una mujer ha podido consentir el fantasma del hombre en posiciones subjetivas en donde el dolor y la humillación están unidos. Lacan dice en televisión (1993): “No hay límites a las concesiones que cada una hace para un hombre: de su cuerpo, de su alma, de sus bienes. Es darlo todo, para serlo todo”.

La demanda de amor no pide nada en concreto, pero tiene que ser un signo de amor, una prueba. El miedo a perder este amor es equivalente en las mujeres a la angustia de castración en los hombres, y empuja a una demanda insaciable (Durand, 2008).

La verdadera mujer es esta que al sentir su ser traicionado, se vale de todos sus medios para hacer sufrir a este otro que ha dejado caer su amor, hacerlo sufrir, sin piedad y sin uso de razón, llevada por este goce que la sobrepasa, por este sin límites del estrago.

Para Lacan, lo que se pone en juego en la posición femenina no es tanto el tener o no el órgano fálico, sino el ser. Ser en vez de tener es la metáfora fálica de la mujer, uno de los caminos de la solución femenina.

Se puede decir que, la verdadera posición femenina es la que asume la castración y que sabe hacer con el menos. Consiente al agujero, en no querer colmarlo  e incluso encarnarlo (Durand, 2008).

Bibliografía

Durand, I. (2008). El Superyó, femenino. Buenos Aires: TRES HACHES.

Lacan, J. (1993). Televisión, Psicoanalisis, Radiofonía y Televisión. España: Anagrama.

Lacan, J. (2001). El Atolondradicho. Buenos Aires: Paidos.

Laurent, E. (1999). Posiciones femeninas del ser. Buenos Aires: TRES HACHES.