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Convocatoria al grupo de investigación del CID 2018

CONVOCATORIA AL GRUPO DE INVESTIGACIÓN DEL CID 2018
 
PSICOANÁLISIS APLICADO Y DISPOSITIVOS DE CONTROL: SUBJETIVIDADES, RECTIFICACIONES Y DECISIONES*.
 
Responsables: Antonio Aguirre y Jessica Jara, NEL Guayaquil
 
Un tanto retrasados volvemos a convocar el grupo de Psicoanálisis Aplicado en los Dispositivos de Control para un nuevo año de trabajo.
 
Los términos de la primera convocatoria mantienen su validez[i]. Pero algo muy importante ha ocurrido. Jacques Alain Miller respondió, consideramos que con acierto, a una tendencia, un “drive” casi irresistible, que se coaliga con los esfuerzos revolucionarios aspirantes a un nuevo poder. Algunos escritos e intervenciones nuestros anticipaban esta crisis y damos el enhorabuena al pase hacia el “Campo Freudiano, Año Cero” efectuado en el 2017 por “JAM2”. Al momento, ya hemos cumplido el “Año Uno”.
 
Hace un tiempo atrás el mismo J.-A. Miller se sintió alarmado por otra tendencia, que acaso era un anticipo. Aquella vez se sentía en la propuesta de los Centros Psicoanalíticos de Consulta y Tratamiento CPCT. Estos habían cedido a la intromisión del discurso del Amo en sus objetivos y en su logística financiera[ii]. Se necesitó esfuerzos de rectificación en esta área del psicoanálisis aplicado. Hoy es el momento para trabajar este concepto, ¿de qué “rectificaciones” se trata en el ámbito del psicoanálisis aplicado en instituciones?
 
Las “poblaciones”, biopolíticamente particularizadas, acuden a los dispositivos en busca de ayuda a sus malestares civilizatorios. Creen en el Otro bueno de las instituciones. Luego van al paso siguiente, creer en el Otro bueno del Estado y del régimen de gobierno. Pero antes de este segundo paso hay una encrucijada, un momento para la decisión. ¿Cuál es la posición del practicante en esa decisión? ¿Tendremos un sujeto, atravesado por un deseo, o un Yo-masa atrapado por las ofertas de felicidad? Para Eric Laurent en El reverso de la Biopolítica la elección es entre el conformismo como olvido de sí o la salvaguardia de la singularidad.
 
Este año nuestra indagación será sobre estas cuestiones clínicas, epistémicas y políticas, y las que surjan en el camino. Así, invitamos a sumarse a quienes sostienen y reinventan una práctica en dispositivos de salud, educación, oenegés… Esto considerando que el saber-hacer foucaultiano en los intersticios no nos libra de opinar; recordar la singularidad, sin prohibir el fantasma como lo hace la “salud mental”; hablar la lengua del Otro, pero para decir lo que no quiere escuchar[iii]. Es decir que no se trata sólo de estar en las instituciones para colaborar y por aseguramiento profesional, sino para hacer resonar allí otra cosa que el sentido.
 
*Este trabajo se inscribe en la Red de Psicoanálisis Aplicado de la FAPOL.
 
Primera reunión: Lunes 2 de julio a las 20h00
Para inscripciones escribir a: antoni.guirre.f@gmail.com y jessikjara@hotmail.com
 
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Psicoanálisis aplicado y dispositivos de control

GRUPO DE INVESTIGACIÓN DEL CID*

Responsables: Jessica Jara y Antonio Aguirre, de la NEL-Guayaquil. 

Partamos de la idea de Lacan sobre el psicoanálisis aplicado expuesta en el Acta de la Escuela de 1964. La aplicación del psicoanálisis, -lo había aclarado antes-, se hace a un sujeto que habla y escucha, no a un texto por ejemplo, o a una película. Sin encuentro ni contingencia sólo podría haber conjetura y cuestionamiento, pero no aplicación práctica.

La diferencia, en esa segunda sección de la Escuela, es que el psicoanálisis no es puro, no es “propiamente dicho”, sino que se ejerce dentro de los proyectos terapéuticos.

Dejemos sentada la advertencia que leemos en Televisión y en la Apertura de la sección clínica: los llamados trabajadores de la salud mental son críticos que colaboran con un ensayo vano. Ante esa realidad podemos decir con Lacan que no sólo no vale la pena terapeutizar sino que eso nos retrotrae a lo peor. No hay psicoterapeuta lacaniano.

La extensa investigación de Michel Foucault nos ha probado una cosa: el poder se ejerce hoy con los medios para hacer-vivir. Se pasa de unos métodos disciplinarios a unas políticas de control de poblaciones. Los “dispositivos” normativos de educación, de salud, de planificación, se multiplican según una lógica bidireccional de generalización y particularización “inclusiva”. Foucault y Deleuze hacen del psicoanálisis un colaborador en el dispositivo: una terapia normalizadora. J-A. Miller en su homenaje a Foucault indica que este no reconoce el corte freudiano entre la pastoral y la moderna política de salud mental. Nos toca a nosotros volver a trazar ese corte, ese “filo cortante”, infatigablemente.

El saber psicoanalítico está en la Universidad. En cantidad y calidad variable. El enunciado y la enunciación de los docentes analistas han hecho efecto en el sujeto rebelde y captado en el discurso de la universidad. Algunos hacen del psicoanálisis el argumento para reformar los aparatos en donde, cuando ya profesionales, se van a emplear. Pero no dejan de sufrir cuando son analizantes, e incluso si todavía no lo son por sus inhibiciones, sus debilidades y sus postergaciones. La división entre sus obligaciones laborales y la ética psicoanalítica perciben aún como un ideal. Las urgencias del empleo desbordan sus progresos subjetivos y las válvulas del síntoma y el Acting out dan sus salidas.

Lacan propuso entonces, en la misma Acta del 64, que quien, situado en la condición de analizante hubiera empezado una práctica que involucrara el trato, de cualquier orden, de otras personas, acudiera en busca de un analista de su sola elección, para hacer el control de esa práctica.

Esa propuesta lacaniana no ha caducado. Todo lo contrario. La macrofísica y la microfísica de ese poder salubrista, para usar las expresiones del malevolente Foucault, se combinan con un Estado que se ha erigido como la fuente de un saber único sobre el Bien, la Felicidad y el Buen vivir (sin hablar de su monopolio sobre la Verdad y la Belleza). Ya hemos reconocido en ello el éxito del discurso universitario: la burocracia tecnócrata es su realización.

Empeñados en la misión de hacer valer el psicoanálisis, los operadores de la psicología clínica que tienen “la orientación” se encargan de atender sujetos llamados de modo innovador “usuarios”, “vulnerables”, “beneficiarios”. ¿Qué se atiende en este “usuario”, que antes ha sido “usado” por los dispositivos de un biopoder, de un Otro benévolo, que como mínimo, se propone curarlo, reinsertarlo, re(h)usarlo? Atendemos a su presencia, respetamos su buena o su mala estampa, no lo ofendemos con el trato de patrones, conservamos una cortesía sin exageración, en suma, no lo recibimos con sarcasmos ni con adulaciones, pero no es nada de esto lo que distingue al freudiano que se haya frente al sujeto, que arriba en esta cadena de reenvíos y “derivaciones”. El freudiano escucha las palabras de este viajero como nunca antes y como nunca después de ese momento. Porque de allí, de ese encuentro, surgirá una palabra de respuesta, que si llega, aún si se deniega, hará un poco menos pesada la vida, sin que se pierda el propósito.

La clínica psicoanalítica, dice Lacan en la Apertura a la sección clínica, es lo que se dice en un análisis. En un dispositivo psicoterapéutico son los dichos que circulan cuando allí, algo psicoanalítico ha interferido en el circuito adaptativo y conformista, que hace barrera entre el sujeto y su real, real de goce. Esta barrera es el muro, el que recuerda Lacan citando el poema en “Función y campo…”, haciendo un paralelo en su seminario 19, donde hasta se permite modificar la versión poética original con su propia inspiración. Este muro es el muro del lenguaje, más precisamente esa lengua que se va depositando en los archivos del saber disciplinario y biocontrolador. Una neolengua que se acredita como académica y técnica, como universitaria, pero que es también el significante de la servidumbre intelectual y política con el que se presenta identificado el “usuario”, el “infractor”, la “víctima”.

Vivimos en el tiempo de la disgregación del poder y la autoridad por la acción de la ciencia, la invención del dinero, la democracia y la urbanización, coaligados con el capitalismo. El mismo psicoanálisis hecho producto cultural, ha añadido a este cóctel un ingrediente de sentido: una sexualidad “sin represiones”.

La llamada carencia paterna la comenta Lacan en el mismo seminario 19, dijo que siempre habrá algo para im-pactar (e-pater) el sujeto y a la familia. Somos testigos de las suplencias que hacen impacto en el goce. Estamos en el terreno de un combate permanente de esas suplencias entre ellas. El estado con su maquinaria, sus aparatos, sus dispositivos, su “policía del alma”, pretende y logra en alguna medida im-pactar. Clasifica, nomina, registra, sobre todo agrupa y organiza liderazgos.

En esa posición de líderes, están muchas veces los psicólogos de la orientación lacaniana. Tratantes y líderes, están obligados a portar los significantes del dispositivo, esperan que su propio mensaje les llegue del que acude a verlos, o del que tienen delante, en el taller, en las aulas, en los internamientos, en el barrio donde van a buscarlo, y es que ya la identificación en esos “casos” ha fallado aparatosamente en cumplir su función ordenadora del goce, sin que los desidentificados hayan podido todavía encontrar un mejor destino.

Así pues como advertía Miller en las “Contraindicaciones…” habría que tener cuidado con la dirección a tomar con cada sujeto. ¿Lo oprime mucho la identificación grupal, o ha fracasado y el sujeto está expulsado del grupo identificatorio? Habría que ser prudente con el método, decía Lacan. No apresurarse a cuestionar el lazo imaginario del dispositivo. ¿Será conveniente dejarlo como está? ¿Hay que hacer un remiendo adicional a la medida? ¿El sentido acorrala la vida unívocamente sin dejarle una salida equívoca para el goce del parlêtre?

Parapoeticemos:

Entre el sujeto y el amor está el dispositivo

Entre el hombre y el muro dispositivo está la transferencia/ el amor de transferencia


A eso apostamos cuando respondemos desde la grieta en el muro.

Tenemos un campo de interrogaciones generales. Hay que concretarlas.

 

PARTICIPANTES:

Psic. Verónica Esteves, Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer CEPAM.

Psic. Diana NovakcHospital “Teodoro Maldonado Carbo”. Consulta externa y áreas específicas.

Psic. Ericka HernándezEscuela Fiscal del Ministerio de Educación “Monseñor Leonidas Proaño” (Durán).

Psic. Gabriela Febres-CorderoHospital Pediátrico “Roberto Gilbert” de la Junta de Beneficencia de Guayaquil. 

Psic. César TorresONG HIAS. Enmarcada en el refugio y la movilidad humana.

Psic. Diego Huerta, Centro de Internamiento Masculino de Adolescentes Infractores.

Psic. Sara Acosta, Unidad Técnica de Adopción del Ministerio de Inclusión Económica y Social y el Instituto de la Niñez y la Familia.

Psic. Mauricio Orrala, Municipio de Nobol.

Psic. Blanca Nájera, Proyecto de la “Corporación Compartir”.

Psic. Estefanía Paz, Liceo “Los Andes” y clínica privada.

Lcda. Delia Pin, Liceo “Los Andes”.

Prof. Daniella Carrera. Unidad Educativa Particular y conservatorio.

Lcdo. Pedro Intriago, Unidad Educativa Jefferson. Profesor de literatura y coordinador del club de cine.

Ing. Carlos Quezada, Cartelizante, interesado en la formación psicoanalítica.

*REUNIONES QUINCENALES, DESDE OCTUBRE DEL 2016.

Modos de goce en acto ante lo inesperado, en psicoanalizantes

Por: Jessica Jara Bravo. NEL Guayaquil. 
Participante de los grupos de investigación: “Atención a las urgencias subjetivas” y “Clínica Psicoanalítica”.
 
 
BUROCRACIA Y PSICOANÁLISIS: DOS CONSENTIMIENTOS MUY DISTINTOS.
 
El psicoanálisis recuerda la singularidad al revés que la burocracia, afina Eric Laurent en una entrevista, siendo que la burocracia propone más bien el “derecho al reconocimiento”. 
 
En esa dirección podemos decir que este reconocimiento bio-burocrático busca lograr que el hablanteser se deje reconocer por un significante de la clasificación del amo: que consienta ser nombrado “víctima”, “beneficiario”, “damnificado”, entre otras nominaciones que favorecen la planificación y la ejecución de los programas de la administración de la vida. Lo que corresponde al modo de funcionamiento del discurso del amo actual que “hace vivir y deja morir”, mientras que la lógica del antiguo régimen era “dejar vivir y hacer morir”. Es de subrayar este “hacer vivir”, ya que no es sin recordar el tú debes morir.
 
La cuestión es que esta renuncia de lo propio al consentir, al decidir decir “Sí” a este “S1” de un Otro que asegura querer tu bien, produce un movimiento subjetivo: se pasa de ser sujeto de la palabra, -y por qué no decirlo, de la queja-, a ocupar el lugar de un objeto a ser llevado, traído, ayudado… acallado. J-A.Miller en La salvación por los desechos señala que los que creen en la oferta del bien son los desechos de la voluntad de goce. Y señala entonces que: 1) La pragmática de la desinserción consiste en “paranoidizar” al sujeto. 2) La paranoia “atemperada” motiva toda defensa contra lo real, y 3) El sujeto está lo suficientemente “paranoidizado” cuando consiente a pagar por ser escuchado y tratado. Como puede apreciarse se trata de dos consentimientos muy distintos.
 
 
ACONTECIMIENTO Y GOCE SINGULAR: LO CATASTRÓFICO, EN EL TERREMOTO Y OTRO TERREMOTO.
 
En la experiencia analítica, donde se pasa de la repetición a la sorpresa y la invención, es posible que un ser hablante en un forzamiento del lenguaje pueda nombrar de modo singular aquello que se le presenta como un exceso de la realidad, así como su posición de goce ante esas presentificaciones de lo real. Los testimonios de analizantes en días posteriores al sismo en Ecuador, fueron muestra de esta re-presentación actuada de un modo propio de gozar como respuesta ante lo inesperado. Repertorio que, sin embargo, ha “sufrido” una mutación del programa de goce por la entrada en el análisis: en su devenir “psicoanalizante”.
 
“Lo catastrófico” más que la catástrofe toma por sorpresa a un analizante en la institución donde labora. En esta ocasión ante lo inesperado adopta un modo de sostenerse y no caer cual “desecho” cuando “todo se caía”. Más allá de la duda, “hacer de guía” es una función que le permitió seguir estando“solo”, -imperativo materno catastrófico que empuja siempre a colocarse en el lugar del rechazo y la exclusión-, pero junto a otros, y “sin hacerse bola con tanta gente”: lo que suele ser su otra deriva.
 
Una mujer “en el terremoto” se quedó metida donde estaba. No se le ocurrió salir, pero pensó que le gustaría ver a su amor y por otro lado, dirá luego en su sesión: “me sentía tan egoísta”. “Egoísta” es el nombre de un deseo que entra en conflicto con una realidad catastrófica en la que hay tantos muertos”, produciéndole una división subjetiva entre lo que debería hacer (salir del baño, pero también salir a responder las demandas/necesidades de los afectados) y, su deseo-egoísta de ver a su amor. Este egoísmo es nuevo y antiguo. Podemos decir que llegó al análisis en el puro-egoísmo: impedida de trabajar pues entonces lloraba durante horas encerrada. En las sesiones, pronto sale a la luz que su egoísmo está en vías de ser socavado por el Otro del amor, lo que le resulta imposible de soportar. Ella, tiempo atrás precisó: “Siento que estoy atrapada… no soporto ninguna dificultad de la vida” y sobre su amor: “No me quiero quedar atrapada con él”. De su “egoísmo” antiguo dan cuenta sus recuerdos más pretéritos de encierro. Análisis de por medio le será posible pasar de Un egoísmo a Otro. En una de las últimas sesiones señala riendo al mismo tiempo que secándose las lágrimas que: “aquí sí se puede llorar un poco”. Finalmente y para empezar, ella ha consentido a estar “metida” con alguien…
 
Otra mujer por el contrario, quiso optar por un activismo decidido, siguiendo su particular modo de respuesta; que en este caso, tomaría la forma de ayudar a los afectados transgrediendo todo límite cual Antígona. Imperativo en su momento indecidido por la analista; siendo que el acto fue realizado como fallido, felizmente para la psicoanalizante. Un punto a considerar en el trabajo clínico es que en ocasiones alguien puede tornarse un estrago para sí activamente al ignorar la propia afectación en un “hacer”. Luego de escuchar la narración del periplo, la analista interviene: “¿Y el otro terremoto?”. Tras una breve risa, la analizante pasa a hablar del Otro terremoto que le acontece y que es ella misma: “un terremoto y se derrumbó, las cosas que he venido construyendo porque yo misma las estoy pisando…”. Terremoto, metáfora encarnada de un goce Otro que derrumba, que pisa “todo” lo construido. Y allí, no-todo es la respuesta analítica ante los mandatos feroces del superyó femenino.
 
 
EL ACTO ANALÍTICO: DEL GOCE MORTÍFERO A UNA SATISFACCIÓN, DECIDIDAMENTE, VITAL.
 
La singularidad es el mixto entre síntoma y fantasma que define el modo de gozar de cada uno, apunta Eric Laurent. Lacan en la reseña de su seminario “La lógica del Fantasma” anota que frente a la contingencia el acto es repetición por producirse, que para encontrar su “hilio” sólo es posible reproducirlo. Esta reproducción es del orden del fantasma, fantasma que es un hacer enmarcado que entraña un objeto. Y es, porque prohíbe el fantasma que el discurso del amo cree en la salud mental, indicará Miller. Al respecto, lo que nos enseña Jacques Lacan a los analistas es que no hay otra entrada del sujeto a lo real que no sea el fantasma. 
 
Es, en la repetición necesaria, en la sucesión de lo mismo frente a lo contingente y lo inesperado: lo catastrófico más que la catástrofe; donde el acto analítico que es corte puede, despojando al mixto fantasma-síntoma del sentido gozado, hacer que surja lo nuevo. Así, el acto psicoanalítico es acontecimiento que trae efectos de mutación subjetiva y trasmutación del programa de goce. De ese saber-hacer-allí que evidencia la clínica y lo que se muestra en los testimonios de pase, podemos extraer una certeza: el goce mortífero puede tornarse una satisfacción más decididamente del lado de la vida. Y es en esa vía, que estos análisis prosiguen, cada uno haciendo frente a su real.
 
 
*Presenté una ampliación de la sección clínica de este trabajo, bajo el título de “Acontecimiento catastrófico y goce singular”, en las IX Jornadas de la NEL “Violencias y pasiones. Sus tratamientos en la experiencia psicoanalítica”, celebradas en octubre del 2016 en Guayaquil.
 
 
Bibliografía
Lacan, J. La lógica del Fantasma. Reseña del seminario 1966-1967. Otros escritos. Primera Edición. Buenos Aires. Paidós, 2012.
Laurent, E. Pensar con su alma o hablar con su cuerpo. Entrevista por Philippe La Sagna. Archivo: www.psicoanalisisinedito.com
Miller, J-A. La salvación por los desechos. Radar N° 56. Noviembre 2010.

Investigación del CID. Urgencias subjetivas: Las manos de T

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Las manos de T

Por: Alvaro Rendón Chasi

Va a anunciarnos Jacques Lacan (1953) en Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis[1] que en la urgencia se produce y engendra un rebasamiento de la palabra.  Años más tarde dirá el mismo Lacan (1966)[2] que “… el síntoma no se interpreta sino en el orden del significante” añadiendo además que “habrá psicoanalistas para responder a ciertas urgencias subjetivas”.

Freud[3] en 1930 advertía que una de las fuentes de sufrimiento de los seres humanos radica en la dificultad de poder controlar completamente a la omnipotencia de la naturaleza. Haciendo una lectura desde Lacan se presentifica lo Real, encarnado en la imprevisibilidad de la naturaleza, rebasando los soportes imaginarios y simbólicos con los que compactamos y ordenamos los ritmos y cotidianidades culturales. Ecuador experimentó dichos sucesos con el terremoto del 16 de abril/2016.

T es una mujer de alrededor de los 40 años quien, durante el compartir de las vivencias del terremoto en Portoviejo en una experiencia grupal, sale corriendo del comedor hacia el patio trasero de la casa de uno de los cientos de afectados por el movimiento telúrico. La observo que llora durante su tránsito. Inmediatamente un médico del equipo se le acerca a intentar ayudarla. T afirma no sentir sus manos gritando: ¡Mire como se me doblan! El médico conoce de la presencia del equipo de psicología, pidiéndome desesperado que intervenga pues no sabe qué hacer.

Me acerco a T, colocando mi mano sobre su hombro e invitándola a hablar. Me presento y le pregunto su nombre, inmediatamente le comento que la había observado corriendo, pidiéndole que me diga qué pasó. T afirma haberse sentido “identificada” cuando escuchó el llanto de una de sus compañeras al relatar de las muertes y pérdidas por el terremoto, sintiendo inmediatamente “angustia” y viendo cómo sus manos se comenzaban a doblar. T llora por unos minutos y mantengo mi mano en su hombro. Retoma el relato diciendo que no se “había podido quebrar” por sus hijos y que no había hablado con nadie después del terremoto, suceso de hace 4 días atrás. Comenta que al día siguiente del fenómeno natural, junto a su esposo quienes tienen un negocio de embotellamiento de agua potable, intentaron dar ayuda a las personas más afectadas de Portoviejo. La multitud se les abalanzó aquel día por lo que su esposo desistió de la ayuda. T se siente culpable: “No he perdido mucho comparado a otros, debo ayudar”. Le pregunto si antes en su vida había sufrido algo similar con el doblamiento de sus manos afirmando que sí. Aproximadamente 10 años atrás cuando pierde unas maletas con mercadería que había traído desde USA, se produce el suceso de las manos: Après-coup diría Lacan.

Luego de haber estado hablando, T se percata que sus manos ya no se doblan, interrogándome con una sonrisa: ¿Debe ser por la tensión de estos días, verdad? Me sonrío junto a ella y le respondo: Es lo más probable T. Se interesa por mi presencia y por la “psicología”, agradeciéndome haberla escuchado.

Ricardo Seldes (2004) comenta a partir de Eric Laurent que el psicoanálisis ofrece “un modo discreto para escuchar a quienes padecen de la ruptura aguda de la cadena significante” (p. 32) que caracteriza a las urgencias subjetivas. Me percato de esta referencia al invitar a T a mi disposición de escucha de su hystoria. Para el abordaje con las urgencias se tiene presente al inconsciente y al goce con un vector de direccionalidad: “que el que sufre, en una urgencia, tenga a quien dirigirla” (p. 35). Recuerda el autor que al existir la ruptura de la cadena significante se debería hacer surgir al sujeto de la cadena S1-S2 permitiendo que se cree una demanda a través de la escucha: el psicoanalista debe dejarse usar como destinatario de la urgencia pues funciona como espacio para tramitar el goce. En T, tramitar el goce por medio de la palabra hace que sus manos se dejen de doblar: define Lacan al síntoma como acontecimiento de cuerpo. Y no es usual el uso de los significantes: las manos, el ayudar, el dar, la pérdida en la vida de T que comienzan a revelar lo singular de su subjetividad: no ha perdido lo suficiente, no ha ayudado y se ha identificado con el síntoma del Otro. Esto sería material para un análisis… más adelante.

En medio de un par de horas, es posible una lectura de las urgencias. No de las sociales, para ello hubo un sin número de víveres, sino de las subjetivas. Culmino:

“Hace falta, para que la angustia se convierta en un síntoma tratable, un tiempo. […] Es un tiempo subjetivo, el tiempo que hace falta para que el propio sujeto se localice él mismo en lo que puede decir de la experiencia traumática que lo ha llevado a la urgencia. Es un tiempo para preguntarse, ¿qué soy y dónde estoy en lo que digo? Cuando este tiempo llega a producirse, entonces lo que angustiaba toma la forma de un síntoma tratable. Esta es la apuesta que el sujeto de la urgencia puede realizar en su encuentro con un psicoanalista” (Miquel Bassols, citado por Sotelo, 2015, p. 12).

Bibliografía             

Seldes, R. (2004). La urgencia subjetiva, un nuevo tiempo. En G. B. (compilador), La urgencia generalizada (págs. 31-42). Buenos Aires: Grama Ediciones.

Sotelo, I. (2015). Dispositivo analítico para tratamiento de urgencias subjetivas DATUS. Buenos Aires: Grama Ediciones.

[1] Texto disponible en http://www.actividadhumana.com/articulos/Articulos_Portada/Lacan/lacan_texto4.pdf

[2] Del sujeto por fin cuestionado, 1966. Texto disponible en: http://psicopsi.com/Del-sujeto-cuestionado-Lacan-escritos

[3] Malestar en la cultura, 1930

Investigación del CID. Urgencias subjetivas: ¿A qué se da lugar en la urgencia hospitalaria?

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Fotografía: Eric Marais

¿A qué se da lugar en la urgencia hospitalaria?

Por Gabriela Febres-Cordero M.

En una institución hospitalaria todos los días se encuentran sujetos en situaciones de salud de distintas características. Cada uno de ellos la significa de una manera particular y va a vivenciarla acorde a esto. Sin embargo, parecería que en primer lugar la urgencia siempre está del lado del médico. Ante el estado de angustia en que se encuentra el familiar o el paciente, ante el diagnóstico final, ante los posibles resultados del procedimiento que se va a llevar acabo o incluso por la propia demanda de aquel que consulta. Se da cuenta entonces de la importancia de un espacio de escucha tanto para el sujeto enfermo, su familia e incluso el personal médico. Cada uno desde su rol y con sus respectivas construcciones subjetivas van dando cuenta de que la situación da paso a otro tipo de urgencias, las cuales van más allá de una receta o medicación. Dar cuenta, como lo señala Belaga “…no hay una Verdad Sólida, donde no se está en el sí o no, sino en el más o menos… da cuenta de los grises y su pregunta fundamental es: ¿hasta qué grado algo es verdadero o falso?” Laurent nos llama en nuestra formación a no acceder a los modelos cuantitativos, “sino considerar que es siempre cuestión de un sujeto, de su inconsciente, y de lo que para él las palabras quieren decir.” Oferta que bien sabemos no solo es dirigida a aquellos que poseen padecimientos de orden fisiológico, sino también a aquellos que padecen sencillamente porque el otro también forma parte de aquello de lo que uno no se espera.

Con el siguiente trabajo se pretende explorar desde dónde emergen las urgencias subjetivas dentro de una institución hospitalaria. Belaga (2004) deduce dos vertientes de lo que se puede considerar una urgencia: aquella como acontecimiento, real que irrumpe sobre las construcciones simbólicas del sujeto, y aquella como proceso, correspondiente a lo no programable. En una institución cada parte tiene un rol a cumplirse. Desde el discurso médico, más aún, cada parte tiene un funcionamiento establecido el cual si no opera correctamente, enferma. Es una anomalía que posee en la gran mayoría de casos un nombre, características a veces muy amplias pero bien definidas y dan paso a tratamientos o diagnósticos los cuales nos dan una idea de qué esperar o qué paso seguir a continuación, más siempre con el acecho de que fracase. Y es que aún ante la muerte el discurso de la medicina pretende nombrar, contener aquello de lo que realmente no sabemos nada.

El psicoanálisis, por el contrario, “apunta a instaurar en la institución una particularidad contra el Ideal” (Belaga, 2004) Se toma el trabajo realizado en una institución hospitalaria de la ciudad, el cual se ha planteado como la posibilidad de otorgarle un espacio a aquel sujeto que se ve obligado a permanecer durante días, en ocasiones meses, en una institución hospitalaria ya sea al cuidado de un familiar o porque él mismo lo necesita. Sin embargo aquello que falla en el otro, que ya no es de índole orgánica, parece descolocar en ocasiones al cuerpo médico. Y es que la institución requiere, incluso del padre del hijo enfermo, que cumpla su función. Pero también se ponen en juego las construcciones imaginarias de aquellos sujetos llamados a hacerse cargo de la parte orgánica. La estructura familiar del paciente se pone en escena en lo que podría considerarse una convivencia entre todas las familias acompañando a su ser querido durante el proceso de hospitalización y el cuerpo médico. Se comienzan a crear así lazos entre las familias que se encuentran en cada sala de hospitalización. Los sujetos forman lazos a partir del dolor de cada uno permitiéndoles, aún en estados críticos, sostenerse. Encontramos entonces madres que están pendientes no sólo de su hijo sino también del que está en el cunero contiguo cuando la madre de este niño se ha ido baño, a comer o incluso se ofrecen para ser aquella que reciba las resoluciones médicas del día ya que la madre biológica no está en la sala. Incluso el personal entra en ocasiones en esta dinámica, poniendo en escena algo de lo que para él viene a representar aquel caso particular pues respecto a otros casos pueden llegar a apreciarse maneras totalmente diferentes.

Inés Sotelo (2004) retoma un señalamiento Freudiano: se puede considerar el padecimiento de cada sujeto como un quiebre de la homeostasis con que su vida transcurría. Es necesario considerar que un embarazo, el nacimiento de un niño prematuro, con una deformidad o patología muy compleja corresponden a una irrupción de real que en definitiva puede llegar a representar aquel quiebre del que Freud hablaba. Y con ello cada sujeto tratará de hacer como mejor pueda, pero del mismo modo van a movilizarse todas aquellas construcciones imaginarias en torno a ese niño que nace enfermo.

Apelando a la propuesta psicoanalítica se pretende darle un lugar a su sufrimiento. Si bien pueden haber más niños en la sala en esas condiciones, se da espacio a lo que ese sujeto construye a partir de ello “…el paciente de la urgencia, también tiene que pasar por el Otro para resolver su sufrimiento, dado que si bien el sujeto es singular, padece de lo universal… el paciente viene como sujeto expuesto en su singularidad, padeciendo de lo universal y quien lo recepciona apuesta al sentido, a la construcción del Otro.” Es así que nos encontramos siendo abordados en los pasillos o en las salas de descanso, donde los médicos nos hablan de aquello que no toleran del otro: ese padre ausente, esa madre a quien hay que repetirle varias veces las resoluciones médicas, aquellos padres que tienen un número considerable de hijos y son de condiciones económicas precarias… Aquello que se sale de los parámetros es reprochable e incluso condenable, pero más allá de esto es causa de angustia.

En un primer momento lo que parecen buscar es un rasgo con el cual poderse identificar con este otro que no encarna la figura que corresponde al ideal que la institución requiere. Estas identificaciones consistentes, como las llama Belaga, corresponden precisamente a un ideal social, institucional, que hace caso omiso a la particularidad del sujeto. Aquellos referentes que habrá tenido y los que haya significado son considerados obsoletos, erróneos, y por lo tanto es necesario que se asuma y comience a interpretar el papel que de él se espera.

Bibliografía

Belaga, G. A. (2004). Presentación. En La Urgencia Generalizada. La práctica en el hospital (pág. 11). Buenos Aires: Grama Ediciones.

Laurent, E. (2004). Hijos del trauma. En G. Belaga, La urgencia generalizada. La práctica en el hospital (pág. 23). Buenos Aires: Grama ediciones.

Seldes, R. (2004). La urgencia subjetiva, un nuevo tiempo. En G. Belaga, La urgencia generalizada. La práctica en el hospital (pág. 31). Buenos Aires: Grama ediciones.

Sotelo, I. (2004). La guardia, la admisión, la primera consulta: una coyuntura de emergencia. En G. Belaga, La urgencia generalizada. La práctica en el hospital (pág. 97). Buenos Aires: Grama Ediciones.

 

SEMINARIO CID Guayaquil 2016: La adolescencia y la transferencia: posibilidades en una institución

SEMINARIO CID Guayaquil 2016

LA ESTRATEGIA DE LA TRANSFERENCIA EN EL MARCO DE LA VIOLENCIA EN LAS INSTITUCIONES

¿Cómo establecer la transferencia en el trabajo con adolescentes posicionados fuera de la norma?

Coordinadora: Ana Ricaurte

Por Alvaro Rendón Chasi

Frente al empuje de la homogenización y al “para todos” al que apunta la tendencia actual del discurso capitalista, la propuesta del psicoanálisis sigue remitiendo al sujeto. Es decir, a aquellas marcas singulares de las cuales solo se da cuenta en un trabajo del “uno a uno”, dinámica transferencial en donde el reconocimiento de un sujeto a partir de un Otro diferente, Otro que no condena a la etiqueta del desecho sino que rescata la palabra del adolescente para quien la violencia puede ser una vía de actos sin palabras. 

Liliana Szapiro (2015) recuerda a los personajes de “El despertar de la primavera” en donde cada uno de estos jóvenes tiene una manera particular de vivir su posición frente al Otro que va desde los fantasmas sádicos/masoquistas hasta la desconexión completa del Otro, es decir, la adolescencia de estos personajes remite al trauma de la sexualidad y las posibilidades subjetivas que cada personaje tiene para hacerle frente a este oleaje pulsional. 

En las instituciones en las cuales los adolescentes de hoy se encuentran inmersos existen programas para el buen vivir de la adolescencia, apuntando a actividades socioeducativas que permitan un ideal de desarrollo racional y emocional, todo esto enmarcado en la evaluación que apunta a una estadística normativa. Ana Ruth Najles (2015) recuerda que el dispositivo que propone el psicoanálisis es “como tal simbólico, para alojar el goce singular que hace consistir al ser del hablante” (p. 42). Si el empuje es al desecho humano y al no querer saber nada del síntoma, puesto que no anda con los objetivos ideales de la ciencia y el desarrollo económico, el analista aloja al sujeto reconociéndolo como tal. Y como bien Freud descubrió, esto se permite con la transferencia, con el amor de transferencia como lo denomina, puesta en acto de una pasión y un deseo.

Bibliografía

Najles, A.-R. (2015). Razones de la violencia. En L. S. otros, De una lábil inscripción en el Otro (págs. 19-42). Buenos Aires: Grama Ediciones.

Szapiro, L., & otros. (2015). De una lábil inscripción en el Otro. Buenos Aires: Grama Ediciones.