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Las preguntas de los niños y los perversos

*Por pedido del autor se reproduce el artículo publicado en LA CONVERSACIÓN

Por: Antonio Aguirre y Jessica Jara

Hay que repensar que es ser maestro cuando los contenidos de la malla curricular están en internet fragmentados. Podemos decir que una función del adulto educador es permitir que estos enunciados y formulaciones vacías tomen algún sentido para un niño particular contando historias a partir estos pedazos de conocimiento sueltos, simbolizando estas imágenes aportándoles un contexto y una criticidad, y convertir así ese conocimiento frío y desapegado en un saber vivo que cause el interés del niño y del profesor. La humanización del niño debe ser el interés superior.

Freud, mediante su método, el psicoanálisis, comprobó la existencia de una sexualidad del niño. No se trata de una condición pasiva, sino que implica una actividad investigativa, unas preguntas y la búsqueda de unas respuestas.

Sabemos muy bien que vivimos en la época de lo que Lacan calificó de “sexomanía galopante” (1), una falsa liberalización sin beneficios. Enumerando algunas condiciones sincrónicamente tenemos: la era McLuhan con todas sus maravillas tecnológicas, declive de la autoridad paterna, igualitarismo de género, relativismo y nihilismo tanto en la moral cotidiana como en lo político, proliferación de los agrupamientos particulares.

Cuando un padre hace lo suyo no anda con niñerías, no hace de mamá igualitaria ni de compañero de su mujer. Dice un “no” cuando es necesario y se muestra modestamente ejemplar con sus hijos. Basta que haga de la madre el destino de su deseo, aunque a ella le molesten – a veces- sus peticiones barrocas. Lacan forjó un término: la pére-versión, la padre-versión, la versión sexual de un padre. Agreguemos una nota esencial: hay padre cuando el deseo de la madre se dirige a un hombre. Ese hombre es el padre que opera la castración simbólica del niño.

Allí donde se cumple esta comedia el humano tiene la experiencia de la castración simbólica, con amenazas y fantasías reparatorias a la cuenta de su inconsciente. Sin embargo la castración simbólica puede tomar tres caminos, según Freud: 1) ser reprimida al inconsciente, 2) ser rechazada y expulsada, 3) ser desmentida- es decir que se la acepta y luego se la niega-. Si el camino primero lleva a la neurosis, el segundo a la psicosis, el tercero constituye la perversión.

El carnaval en que vive la cultura celebra que el padre esté a la baja. Porque efectivamente lo está, no del todo pero sí notablemente. Pero, como en un “sube y baja”, y al contrario de la proclama feminista, lo fálico está en alza. Un falicismo estúpido y perverso sin padre, un falicismo pedófilo y violador, pornográfico y masturbatorio. Es la perversión pedófila salida del fracaso de la “pére-versión” paterna.

El drama de los niños y jóvenes que sienten sus pulsiones en juego, que inician sus indagaciones y experimentaciones en los dispositivos disciplinarios- como los llamaba Foucault- que son las escuelas y colegios, es que son interceptados por ciertos canallas y seductores que hacen de profesores y autoridades. Estos se adelantan a tomar las preguntas sobre la sexualidad de los niños y jóvenes dándoles brutales soluciones que mezclan premios y castigos.

ANTE EL FRACASO DE LA EVALUACIÓN, ESPACIOS DE PALABRA

El estrago causado a niños que estudian en distintas escuelas fiscales del país da cuenta de un síntoma del que las autoridades no quieren saber, pretendiendo acallar las demandas de padres y familiares ante el horror sufrido por sus chicos, horror perpetrado por sus mismos profesores ante la indiferencia de los directivos institucionales y de los distritos, con más evaluaciones y protocolos.

Es de este modo brutal que hoy sabemos que la comunidad educativa de antaño con su “mística” y aún, con su autoritarismo violento, no existe.

¿Qué ha sucedido en estos últimos diez años sino el sometimiento de los docentes a la evaluación permanente? Evaluación a la que se uno se obliga a consentir y con buena actitud. Lo que se logró fue despotenciar las organizaciones de maestros y silenciar a los docentes, manteniéndolos ocupados rellenando papeles, planificaciones e informes en un proliferante control burocrático, que parecería no terminar jamás. Los psicólogos sufren de lo mismo y por ley no pueden hacer clínica en las instituciones, teniendo que derivar a “los casos” a los centros de salud. Lo anónimo de la evaluación se ha impuesto en todos los niveles.

El fracaso de la evaluación no dice nada a las autoridades. Se evaluó locamente y con pasión, y ya nadie tuvo tiempo para escuchar el verdadero malestar de los niños ocasionado por individuos que no merecen ser llamados “maestros”. Profesores y psicólogos están en una situación de tal precariedad que van errantes de institución en institución y ya no se conocen entre ellos: ya no tienen tiempo para conversar en la sala de profesores ni en los recreos.

Hay que repensar que es ser maestro cuando los contenidos de la malla curricular están en internet fragmentados. Podemos decir que una función del adulto educador es permitir que estos enunciados y formulaciones vacías tomen algún sentido para un niño particular contando historias a partir estos pedazos de conocimiento sueltos, simbolizando estas imágenes aportándoles un contexto y una criticidad, y convertir así ese conocimiento frío y desapegado en un saber vivo que cause el interés del niño y del profesor. La humanización del niño debe ser el interés superior.

En medio de esta desorientación, desánimo y cansancio actual de padres y maestros, hace falta hacer un lugar para la palabra del sujeto niño y adolescente. Al menos una madre del colegio réplica escuchó a su hija llorar y pensó que eso quería decir algo, que algo no andaba bien: tomó el llanto de su pequeña como un síntoma. Entonces ella se hizo responsable de la niña, decidió ser su “representante”, tomando el relevo y la palabra para ir a la institución y demandar el esclarecimiento de la situación y el cese del abuso que se repetía en el silencio del horror.

Es el momento de escuchar lo que el niño tiene para decir, sus iniciativas e invenciones, ese es el modo en que él tendrá un lugar en la civilización, un lugar que no sea el del desecho y el abuso. El niño es un sujeto capaz de hablar, de plantearse preguntas y de investigar en singular, más allá del estándar. Este el momento de replantearse la opción que muchos padres han tomado de hacerlo callar comprándole objetos tecnológicos desechables o de rellenarlos con sermones moralizantes. El exceso de pantallas y ruido es lo contrario de lo que se requiere: un silencio atento para que la palabra, la demanda del niño y, un deseo propio y entrelíneas pueda surgir.

La cultura actual de lo políticamente correcto ha impedido que los padres se autoricen a ser padres y puedan decir “no” cuando decidan que eso es lo mejor para su niño, pero que también se den el valor de decir sí al deseo y las creaciones de sus hijos; que los maestros se autoricen a ser maestros, tengan tiempo para preparar sus clases y educando se dejen enseñar del niño, dándoles un lugar vital fuera de la obscenidad; que los niños se autoricen a ser niños y no “farándulas”.

La evaluación generalizada y los protocolos, la precariedad de la situación laboral y subjetiva del profesor, el niño devenido “cliente” en los colegios privados, versus la importancia en el colegio público de padres y adolescentes que son “votos”; ha corroído la conversación en la sala de profesores y recreos, el contingente encuentro de padres y maestros, tan normado hoy.

Tenemos un trabajo por delante para producir nuevas comunidades educativas, es decir provocar efectos de subjetivación que humanicen, produzcan sujetos y renueven los lazos sociales liquidados.

1) http://elpsicoanalisis.elp.org.es/numero-27/entrevista-a-jacques-lacan-en-la-revista-panorama-1974/

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La espada de Damocles del decreto 16

*Por pedido del autor se reproduce el artículo publicado en LA CONVERSACIÓN

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller, siguiendo a Freud y Lacan, hablando sobre la Escuela de psicoanálisis, postuló la “teoría de Torino” por la cual cada individuo, cada cuerpo, cada “yo”, se articula al Otro social y cultural, haciéndose colectivo. El Ideal del yo de cada uno se forma en esta relación, pero varios pueden identificarse a un mismo Ideal, y se asocian grupalmente.

La libertad de asociación supone la decisión voluntaria de cada individuo de la sociedad civil para constituir formalmente agrupaciones permanentes o personas jurídicas encaminadas a la consecución de fines específicos. Se considera este derecho como un derivado de la libertad de expresión y pensamiento. Históricamente se originó en el siglo XIX con la aparición de los partidos políticos y los sindicatos. Recién se formalizó jurídicamente después de la II Guerra Mundial, siendo reconocido por la ONU (Artículo 20 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos), la OEA, organismos internacionales de todo el mundo y las constituciones de los países republicano-democráticos.

En Ecuador, los decretos 16 (2013) y el 739 (2015) han sido seriamente cuestionados por las organizaciones independientes de la sociedad civil y los organismos internacionales mencionados. Argumentan que se intenta cercar a las ONG, inmiscuirse en el espacio privado de sus actividades, control asfixiante de múltiples entidades estatales, artículos confusos, cambio permanente de decisiones, injerencia en su organización interna y sus finanzas, implementación del chantaje y amenaza constante de disolución por “desviarse de los fines” o porque “atenten contra la seguridad del Estado y afecten la paz pública”, lo cual depende de la completa discrecionalidad interpretativa del funcionario público para una intervención con fines políticos-gubernamentales. Organizaciones como la Fundación Pachamama y la UNE fueron disueltas usando estas sentencias, y otras como la CONAIE, Fundamedios y Acción Ecológica también fueron acusadas. Por otro lado, las comunas, pueblos y otros, quedaban en la ilegalidad. Manuel Chiriboga, en su libro Las ONG ecuatorianas en los procesos de cambio, muestra profusamente esta situación.

Lo que es potencialmente más grave es la existencia de un proyecto de ley en la Asamblea Nacional para transformar con mayor detalle los decretos mencionados en ley, lo cual ha sido advertido como más peligroso para el derecho de libre asociación, en tanto que un decreto se puede derogar fácilmente, pero derogar una ley es un proceso largo y complicado. Más aún, si se aprueba en la consulta popular modificaciones al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, como que la sociedad civil elija a las autoridades de control del Estado, si estas continuaran siendo regidas por los decretos 16, 739 o su transformación en ley, sería otra versión de lo mismo, más totalitaria.

Anteriormente, el derecho de asociación involucraba sobre todo a los partidos políticos y las organizaciones clasistas. Incluso, el concepto de democracia se aplicaba sobre todo a la división de poderes del Estado y las elecciones representativas. Pero en el mundo líquido actual, según Zygmunt Bauman, las formas democráticas también se despliegan en organizaciones de la sociedad civil, de manera múltiple y diversa, creándose nuevas todos los días e inciden en el conjunto social. Es también, un modo de respuesta frente al generalizado individualismo solitario.

La Confederación Ecuatoriana de Organizaciones de la Sociedad Civil (CEOSC) informa que hay 46,000 organizaciones registradas en el nuevo sistema estatal denominado Sistema Unificado de Información de Organizaciones Sociales (SUIOS), considerando que gran cantidad de organizaciones no desean registrarse. Es una masa de asociaciones de diferente tipo que discuten y toman decisiones democráticamente, y para regímenes autoritarios es un problema su control político.

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller, siguiendo a Freud y Lacan, hablando sobre la Escuela de psicoanálisis, postuló la “teoría de Torino” por la cual cada individuo, cada cuerpo, cada “yo”, se articula al Otro social y cultural, haciéndose colectivo. El Ideal del yo de cada uno se forma en esta relación, pero varios pueden identificarse a un mismo Ideal, y se asocian grupalmente. “El Ideal hace comunidad”. Ya los grandes Ideales son insostenibles y no se pueden restaurar, o encubren prácticas perversas. Hay, más bien, una proliferación de pequeños Ideales, y restringir su expansión, formas y construcciones, para que sea aceptable solamente un solo Ideal ideológico y político, es un atentado al deseo de cada uno de socializarse de alguna manera en un mundo que está desarreglado y es múltiple. Forzar al sujeto a encarrilarse en un Ideal con el cual no goza, es desconocer la función socializadora que cumple el Ideal en la subjetividad humana. El Ideal es una respuesta a las marcas prístinas y aisladas del encuentro inicial con el lenguaje en cada uno.

Se puede interrogar e interpretar el vínculo entre el individuo y su ideal, pero a condición de hacerlo en una transferencia a un otro y otros. Eso implica una libertad de palabra y asociación. Por eso, la legalización de las organizaciones de la sociedad civil debería apuntar a garantizar la libertad de asociación, sin coerción, mediante requisitos jurídicos mínimos.