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SABER // PODER*. El psicoanálisis aplicado en las instituciones y en la política

Por Antonio Aguirre Fuentes

Tomado de: La Conversación

París Mayo de 1968 fue un acontecimiento a nivel mundial. Se erigió como una leyenda revolucionaria en la que muchos encontraron una orientación. Jacques Lacan, parisino también, hizo su propia interpretación de la revuelta. Una interpretación freudiana.

El punto de la crisis estaba en la desgarradura manifiesta entre el saber y el poder. Por eso el escenario de la lucha empezó en las universidades. El matema lacaniano de este desgarro se escribe así: SABER // PODER. El saber clásico de la filosofía, incluso el del hegelianismo marxista, soñaba la juntura de esos dos campos en una armonía musical. ¿No era eso la promesa comunista? Una sociedad organizada como una sinfonía.

En los seminarios 16 y 17 se puede leer el drama y la pasión,casi desesperada, con la cual Lacan se dirigía a los jóvenes rebeldes. Estos habían errado. Su objetivo político era un error. Los revolucionarios atacaron el poder liberal francés ignorando el fracaso patente de los socialismos en curso. No era simplemente dar vuelta a “la chaqueta del poder” para obtener la sinfonía comunista.

El poder se revelaba, más temprano que tarde, como un camino a la impotencia. Gobernar, igual que educar y curar eran los imposibles asumidos por Freud. Después del poder omnímodo de Stalin, represivo y empobrecedor, la URSS se trasmutó en el reino de la burocracia. Lacan dijo que allí lo que dominaba era el discurso de la universidad. Sus palabras fueron oídas, pese a las interrupciones y protestas, por una asamblea de jóvenes revolucionarios en Vincennes.

Mientras tanto en la China Roja, a partir de 1966, transcurría la Gran Revolución Cultural Proletaria. Los Guardias Rojos de Mao, los Cuatro de la emperatriz roja Chiang Ching, la agitación y las luchas en las universidades… Un nuevo fervor para muchos estudiantes de mi tiempo. La intuición de Mao fue diferente. Quería cambiar la cultura china, considerada un depósito de rezagos activos burgueses. Mao y sus Cuatro, apuntaban al saber, pero con los medios del poder miliciano, armado con el Libro Rojo. Lacan leyó este manual de sabiduría total. Lo comentó con un respetuoso desdén. Jacques Alain Miller, esposo de la hija de Lacan, era un maoista convencido. Luego el análisis llevó a Miller a una reconversión: pasó del discurso del amo socialista al discurso del analista.

A donde hubiera debido apuntar la subversión, a criterio de Lacan, era al saber, cuando éste alcanza su punto de impotencia, para que no salte a la acción callejera, siempre fracasada. La impotencia del saber es un velo que oculta la imposibilidad de estructura. Para empezar, no hay sinfonía entre los hombres y las mujeres. Eso los conduce, ignorantes, a los esfuerzos de hallar un saber que resuelva el malestar de la cultura del que habló Freud en 1930.

Un aporte fundamental de Lacan, en el plano de la política, se lo halla en sus matemas del discurso.

Hay cuatro discursos. El del amo, el de la histeria, el de la universidad y, el que llegó más tarde para agujerear todo poder, el discurso del psicoanalista.

Este último discurso era el que podía dar “un viraje esencial” al poner el resto -producido por todo intento de fusión del S1 del poder con el S2 del saber- en el lugar del agente. Este resto, llamado por Lacan “pequeño objeto a”, encausa al sujeto a producir los significantes de su inconsciente, desprendidos de todo sentido, separados de cualquier saber universal, de cualquier saber universitario.

Si el capitalismo seguía su marcha, tanto en Occidente como en los países del capitalismo de estado, para romper ese circuito capitalismo-revolución-capitalismo’ hacía falta seguir otro camino, un camino que se podría llamar, históricamente, recién llegado: el psicoanálisis. Se trata de que el sujeto pueda encontrar que el inconsciente es también un saber-hacer, un goce que está en las palabras mismas, cifrado.

Nunca dejó Lacan de insistir que la interpretación es un juego de palabras, que opera por el equívoco en tanto éste es la ley del inconsciente. Si los enunciados de la queja histérica o de la obsesiva llegan a la barrera donde se separan el saber y el poder, es mediante la enunciación en acto que esa barrera represiva se agujerea y pierde su función. Con la interpretación analítica pasamos de una lógica estricta del todo y la excepción -con enunciados restringidos y afectados por el límite de lo indecidible godelliano- a una lógica del no-todo, lógica de lo inconsistente, de lo femenino. De esto Lacan habló en su seminario 20. Es otro modo de entender el “witz” freudiano, extensamente estudiado en el libro El Chiste y su relación con el inconsciente.

Habría otros modos de agujerear la separación SABER//GOCE. Es la función del arte, cuando no simboliza los enunciados de la publicidad o de la propaganda,cuando no es el “artivismo” que elogia Chantal Mouffe, ni se enmarca en el saber universitario. Es la poesía o la literatura de Joyce, del cual decía Lacan que gozaba en la escritura de su Finnegans Wake. Es el Zen, cuando es la espada o cuando es el pincel. Es la carta de amor, destacada recientemente por la analista Jessica Jara en una exposición en Guayaquil. Es la dramaturgia -como la puesta en escena de Delia Pin en La Canoerapara mostrar el cocodrilo que se come todo-.

La predicción de Lacan se cumplió. El discurso universitario, intocado, prosperó mundialmente. Casi se tragó al psicoanálisis con sus posgrados. Slavoj Zizek, comentando los estudios de Foucault sobre el gobierno y las poblaciones, hace equivaler el discurso universitario con el biopoder, con el control que hace vivir a las poblaciones con ciertas clasificaciones y permisos, marginando a los inclasificados e inclasificables.

Hoy el estatismo se proyecta como una aplicación, en el nivel más alto, del saber universitario. Los ministerios y los consejos nacionales pretenden recoger informaciones de todo tipo. La recogen, la clasifican, la distribuyen y luego vuelven a empezar. Es un mundo de informes y evaluaciones perpetuas, que vienen y van una y otra vez. Interminables, agotan a los ciudadanos que realmente afrontan el real de la vida.

El ejército de evaluadores, burócratas titulados por la llamada “academia”, no ven ni escuchan a nadie en el terreno, informan sobre informes, producen saber con el material que exprimen a los trabajadores de todos los oficios estatales. Esta es la plusvalía siniestra de los capitalistas de estado: el saber. El descontento de los sujetos no tiene voz propia porque ellos no ven otro horizonte que “ascender” como evaluadores.

Detrás de los vaivenes de los grupos en el poder está una constatación: la impotencia del saber universitario. Los jóvenes estudiantes la sienten. Por eso creen en las llamadas “prácticas” para poner en juego sus saberes acumulados, obteniendo una aproximación más realista de los efectos insuficientes de esos saberes. Lamentablemente la ineficacia operativa del saber universitario se pretende remediar con los posgrados, es decir con más saber, adquirido para cumplir requisitos del estado burocrático. Dice el dicho: cuando se pierde el objetivo se incrementan los esfuerzos.

Los psicólogos clínicos lacanianos introducen una práctica psicoanalítica en las instituciones del estado. Ellos lo hacen en tanto están pasando o han pasado por la experiencia personal del análisis. Es decir que se han analizado con algún psicoanalista. Tienen que ocuparse de las exigencias administrativas llenando informes y cumpliendo protocolos. Repetidamente. La atención a los “usuarios” -denominación casi ridícula introducida por los tecnócratas que nunca atienden a un paciente- queda disminuida y socavada por la obsesión tecno-burocrática que demanda la incesante producción de informes. Sería otro tema preguntarse para qué sirven todas estas matrices, protocolos y estadísticas. La separación del saber y el poder no se llena con más saber.

La cuadrícula hecha de matrices, protocolos, talleres de capacitación e informes materializa una lógica cerrada, concluyente, de un formalismo que llena con enunciados los casilleros predispuestos en la cuadrícula. Es la felicidad de un día para las jerarquías de los distintos niveles. Porque el fracaso y la impotencia reaparecen, por tanto hay que pedir más informes. Parecería trágico, pero es simplemente patético. De allí que los practicantes del psicoanálisis perseveren en hacer valer otra lógica, una lógica que opere con el agujero constitutivo del inconsciente, con un no-todo, con lo que los lógicos Florencio González Asenjo y Newton da Costa describen como predicados antinómicos.

Si nos trasladamos al campo de la política y de lo político -términos usados por Chantal Mouffe- vemos aparecer una explicación comodín, el “neoliberalismo”. Los gobiernos estatistas programan y ejecutan medidas para ponerle límites autoritarios. Hacen y deshacen “pueblos” , que se inventan según la conveniencia táctica. Como dichas tácticas no cierran la brecha entre “nosotros” y “ellos”, Chantal Mouffe, académica laclausiana, visualiza una lucha sin fin, con la esperanza de que los antagonismos se muten en una agonística. No se sabe cómo ella insiste en llamarse “progresista”. ¿Progreso?, ¿hacia qué fin?

Jacques Alain Miller, psicoanalista de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y proponente de Zero Abjection Democratic International Group- ZADIG -sostiene que lo democrático incluye las minorías. Eso sería entender que la minoría no encarna un “ellos”, sino que hace parte de un “nosotros”.

Por tanto a lo democrático -que los estatistas quieren transformar en “democracia radical” para sus maniobras plebiscitarias productoras de mayorías favorables- se lo pueda llamar “liberal” por validar a las minorías y sus derechos particulares. Pero lo radicalmente democrático es introducir el no-todo de lo femenino y sus lógicas inconsistentes. Este es el mensaje de los psicoanalistas, sin partido, al convulso mundo de la política y sus instituciones.

*Un avance de estas cuestiones fue expuesto en el II Congreso de Psicología Ecuatoriana, en Guayaquil 2018.
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Teoría del An-estado: frente al debilitamiento de la función judicial y los movimientos sociales, la viralización en las redes sociales se convierte en un discurso de la histeria

Fernanda Carrera hace una articulación interesante de las referencias lacanianas del Seminario 17 de Lacan a su estudio sobre la Ley. Su dedicación la lleva a servirse de conceptos psicoanalíticos ampliando la lectura de temas sociales.

Teoría del An-estado: frente al debilitamiento de la función judicial y los movimientos sociales, la viralización en las redes sociales se convierte en un discurso de la histeria

Por Fernanda Carrera

Durante la última década, Ecuador ha ingresado en las dinámicas de sentido que ofrecen las redes sociales que contienen discursos, entre ellas el Twitter,  un espacio virtual-Exento de coerción vía Ley orgánica de comunicación-en el que se enfrentan diferentes sujetos siguiendo un orden: todos los usuarios tienen un rango jerárquico idéntico en modos de uso y se diferencian por su nivel de influencia, basado en el número de seguidores.

La red social Twitter se convirtió durante el periodo presidencial de la autodenominada “Revolución ciudadana” en una arena de dispuesta política entendiendo a ésta como la gestión del conflicto social-marcada por una cortina de hierro legal considerable. La Constitución de Montecristi prohíbe la paralización de servicios públicos, mermando las herramientas de coerción tradicionalmente ejercidas por los movimientos indígenas o por la Unión nacional de Educadores. Otras legislaciones de menor rango como el Decreto 16 penalizan la alteración “De la paz pública” hacia los movimientos sociales, engarzados con las Organizaciones no gubernamentales.

Analizando el ámbito judicial ecuatoriano encontramos que existen cuestionamientos independientes, basados en información oficial, sobre la aplicación de las garantías jurisdiccionales. A pesar de que el COIP reconoce como delito el mantener relaciones sexuales con menores de catorce años, el Ministerio de Salud Pública registró 232 menores de catorce años que denunciaron el delito de violación mientras se realizaban chequeos prenatales de un total de 8.677 que ese año dieron a luz. En consecuencia se produce un subregistro del delito.

Un informe del Observatorio de Derechos Humanos y Justica,  desclasifica un memorandum fimado por el Secretario Jurídico de la Presidencia, el cual señala que  en 2012 iniciará el proceso de: “Aplicar sanciones en contra de aquellos jueces que han resuelto favorablemente acciones de protección de actos administrativos, cuyo objeto de reclamación tiene que ver con aspectos de mera legalidad” a pesar de que la Acción de protección constitucional es un recurso al que deben acceder todos los ciudadanos, sin restricciones.

Un informe de la Defensoría Pública revela que el 40% de los detenidos, juzgados y encarcelados bajo la figura de prisión preventiva, fueron liberados después de que no se encontraran pruebas en su contra. En 2009 se creó la figura legal llamada “Error judicial” utilizada para demandar a los funcionarios que hayan incurrido en esta práctica. No ha sido aplicada aun.

“Tan solo en 2015, 152 posibles casos de delitos sexuales ocurrieron en centros escolares, pero solo 24 fueron denunciados por las autoridades educativas, de acuerdo con el Informe del Comité Técnico del Convenio entre la Fiscalía, Ministerio de Educación y la Judicatura de Ecuador”.

Los casos se suceden para delimitar un panorama en el ámbito judicial similar al descrito como Teoría del an-Estado: en México, por el ensayista Sergio González Ramírez. El autor señala que la “Ausencia de un Estado Constitucional de Derecho, la posibilidad autocorrectiva del propio Estado resulta a su vez inexistente, y esta anomalía se vuelve productiva: prolonga entramados fácticos, el umbral donde se une lo legal y lo ilegal En este caso, tal condición determinaría su propio concepto diferencial: un Estado que simula legalidad y legitimidad, al mismo tiempo que construye un an-Estado (del prefijo «an», del griego «ἀ-»): la privación y la negación de sí mismo”.

Para el especialista en Derecho, Roberto Gargarella: “Las Constituciones latinoamericanas no han modificado la estructura del poder”.

En su Seminario 20, Jacques Lacan plantea que “…el lenguaje no es el ser que habla” y que la facultad de derecho es “el sitio donde la existencia de los códigos pone de manifiesto que el lenguaje es algo que se mantiene ahí, aparte, constituido en el curso de las épocas, mientras que el ser que habla, lo que llamamos hombres, es una cosa muy distinta”.

El uso de la ley como enunciación se convirtió en tendencia en al menos dos casos registrados, que generan adhesiones voluntarias de miles de usuarios durante lapsos de una jornada laboral o semanas completas. Me refiero a las campañas de comunicación tituladas #NoAlCateoIntimo y #TrinitariaEnPaz dos discursos expuestos en redes sociales que tenían como objetivo el viralizar leyes: el Pacto de Derechos económicos, sociales y culturales y las recomendaciones de la Corte interamericana de Derechos Humanos en relación a la prohibición de estas prácticas en Argentina.

#TrinitariaEnPaz produjo la viralización y producción de 260.000 tuits que presentaban una visión antagónica a la del gobierno central y local de Guayaquil, el cual preponderaba el desalojo como medida de erradicación de la ocupación ilegal de tierras y destrucción del manglar-Delitos castigados por el COIP-la campaña funcionaba como una medida de ponderación de derechos, estos no son absolutos, expuesta no ante la función judicial sino en el espacio de la red social Twitter. Igual objetivo mantenía la campaña #NoAlCateoIntimo.

El Ecuador de la “Revolución ciudadana” fue un estado moderno en el sentido que propone Max Webber,  una institución que se arroga el monopolio de la coerción legítima, no sujeta a apelación o compensación de ningún tipo. Bauman define a la coerción como legitima porque implica que el agente que la ejerce le niega a su objeto el derecho a resistirse a esa coerción. La existencia de un an-estado en efecto le niegan esta acción a los movimientos sociales. Allí donde surge el discurso viralizado de la histeria. Por primera vez en la historia de la humanidad, los seres humanos accedemos a canales masivos de información que rebasan en usuarios a los compradores de la prensa local. Redes como  Facebook o Twitter, llegan al total de la población o a un millón de personas, respectivamente.

El sujeto es un efecto del lenguaje y lo que circula como virus en Twitter lo es también. La ley enfrentada al poder ejecutivo, es cómo explicaría Foucault en “La arqueología del saber” un discurso, un conjunto de enunciados a los que se les puede asignar modalidades particulares de existencia.

Lacan señala en su Seminario 17 que: “Es en efecto lo que vemos en nuestra época: la Ley puesta en cuestión, como síntoma”. Y es su definición de la histeria, un rasgo distintivo de las viralizaciones mencionadas: “ella- ella hace a su manera una cierta huelga, ella no entrega su saber. Ella desenmascara sin embargo, la función del Amo con el que permanece solidaria, precisamente haciendo resaltar lo que tiene de amo en que es el Uno -con U mayúscula- del que ella se sustrae a título de objeto de su deseo. Esta es la función propia que hemos marcado desde hace tiempo, al menos en el campo de mi Escuela, bajo el título del Padre idealizado.”

¿No es y fue el anhelo del Estado nacional de la “Revolución ciudadana” el aparecer como un conjunto de funciones de cohersión efectivas y la viralización ocuparía entonces el rol discursivo de huelga, de saber jurídico, desenmascarando la función del Amo, al que le solicita que haga cumplir los derechos de la sociedad? Las viralizaciones no buscan la vía de ocupación de la calle vinculada al derrocamiento presidencial, no nos remite al viejo eslogan: “Que se vayan todos”.

La ley  coerciona. Al igual que el Amo, esta sólo manda prohíbe y permite, poco puede hacer para refundar un país y mucho puede aportar a una esfera de construcción de panóptico, cuando el sujeto que regula es siempre el estado, en la presente legislación sobre medios de comunicación y universidades-Así lo señala el Código Civil al detallar que la ley es una declaración de la voluntad soberana que manifiesta en la forma prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite.

El hashtag NoAlCateoIntimo, inicia como una denuncia de un grupo de mujeres que visitan la cárcel y ven revisadas sus partes privadas por acción del estado. Dicha práctica, prohibida por una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos -Caso argentino- motivó la creación de un hashtag que viralizó un contenido imposible de colocar en la prensa sin violar la Ley de comunicación.

Al reclamo por el cateo íntimo responde la asambleísta -Rostro visible del feminismo- Gina Gody, asegurando, ante los pedidos de información. “Lo que deben hacer familiares de PPL es no pretender ingresar lo que se prohíbe”. Posteriormente, Rafael Correa contestará en la red social: “¿Dónde? (para pedir renuncias) Ordené que se acabe aquello. Prefiero que nos engañen, a atentar contra dignidad”.

Los tuiteros en su discurso histérico, deciden reclamarle al Amo, lo mencionan, lo buscan, apelan y hasta lo insultan. Existen para ser reconocidos por este, no intentan destruirlo. Hasta que él les escuche, se mantiene la viralización.

 

 

Sombras tenebrosas del Buen Vivir

Por: Antonio Aguirre F.

Lo que importa es el mecanismo que ha hecho fácil el saqueo. Se llama concentración de poder, hiperpresidencialismo, democracia “participativa” (manipulada por la propaganda), caudillismo.

“¡Cámara escondida!, ¡Sonría!”. El descaro usual y obsceno. La diversión de masas embrutecedora. Son los que ayer, mentirosos, defendían su “honra” personal cuando algún insulto les llegaba en el oficio público. Delicadeza fingida, caritas de chicos indignados. Puro teatro montado, vergonzosamente, en los tribunales de justicia… manipulados por teléfono o con simples correitos electrónicos.

¡Ah!, el buen vivir socialista. La buena vida que se han dado. Sibaritas revolucionarios. Toda una alegre banda de cantantes y bailarines en la tarima. O sea, unos farsantes. Porque en las sombras del “backstage” cambiaban de oficio. Se hacían de la Checa, de la NKDV, de la GPU, de la KGB, de la STASI, del G2 cubano. Es decir de su versión partidista, la SENAIN.

No hay que llamar a eso “policía política”. La política es otra cosa que las conspiraciones partidistas. Se trata de policía secreta y partidista. Defienden al gobierno, no importa el medio. Van del chantaje a la paliza. Luego sería cárcel, desaparición, muerte.

Estamos impresionados por la corrupción de la “mesa servida”. Y claro que da repugnancia la hipocresía de la izquierda en el poder defendiendo, por “lealtad”, el saqueo. Oigamos sus razones: el dinero, a fin de fines, es para la causa. Los jefes sabrán manejarlo. Ellos además tiene necesidades “extraordinarias”, etc, etc. El pueblo llano, y oportunista, simplemente se niega a creer que sus líderes lo hayan hecho. Lo cierto es que tuvieron bono, beca, sueldo de inspector y archivista, entradas gratis, préstamos y el circo de insultos a los ricos. Esto último no tiene precio. ¿Quién va a pagar la mesa servida y el espectáculo? “Yo no”, piensa el pueblo ingenuo.

“Pedir prestado y regalar” decía Marx de la ciencia financiera del estatismo lumpenburgués. Lo hemos constatado. Pero este es el lado libidinoso, vividor, hasta lujurioso de nuestros socialistas. Son simples raterías en grande, estafas hollywoodenses, “hoguera de vanidades”. Lo que importa es el mecanismo que ha hecho fácil el saqueo. Se llama concentración de poder, hiperpresidencialismo, democracia “participativa” (manipulada por la propaganda), caudillismo.

El caudillismo conduce a un destino. No sólo el despilfarro de bienes materiales, sino la esclavitud y el sacrificio de las conciencias, que en “una manipulación concertada de las imágenes y de las pasiones… darán lugar a nuevos abusos de poder” (Jacques Lacan, la Psiquiatría inglesa y la guerra). Los demagogos caudillistas no creen en el progreso. Entienden la historia como un ciclo infernal, una repetición maníaco depresiva. Si a la fiesta totémica sigue un recogimiento realista para pagar las deudas, ya llegará otra vez la hora del triunfalismo agresivo y violento.

La demagogia es una falta moral. Lacan, en “Televisión”, explica esta falta como un rechazo del bien decir, rechazo que conduce siempre a una excitación maníaca mortal. ¿Después de un tiempo de tristezas y frustraciones volverá el momento de los incitadores del odio y la lucha, la hora de los consumidores de almas?

 

¿Pornografía política?

Por: Juan de Althaus

En todos los espacios sociales del siglo XXI existen medios tecnológicos que posibilitan como nunca antes la posición voyerista. Pero es paradójico, porque a su vez, estos aparatos facilitan considerablemente ‘pescar’ al voyerista en su acto. Hay un desplazamiento de la política como discurso, como debate de ideas y planteamientos, a la ‘pornografía política’.

El voyerismo está generalizado en nuestros días. Es un término proveniente del francés (voyeur, del verbo ver), sin traducción al español. Se le acerca ‘mirón’ y ‘fisgón’, pero tales acepciones están más de lado de la burla y la curiosidad. Lo que busca el rasgo voyerista de un sujeto es mirar lo oscuro y oculto en el otro, sin ser visto. Trata de ver la desnudez del alma del otro. Para eso, la palabra queda descartada para dirigirse al otro. Opta por un goce o satisfacción desde el rincón de su soledad, la pasión de observar la falla en el observado sin ser descubierto, como quien ve una sombra indefinida detrás de una cortina. En lo que hay que insistir es que esa posición del sujeto fracasa, porque de lo que puede ver en el otro siempre quedará un resto ‘invisible’, y por otro lado, siempre puede ser ‘descubierto’ por otro. Tal cosa le puede producir vergüenza, pero lo importante es que se incomoda porque ya no puede ver sin ser visto.

Lo de ver sin ser visto es utilizado en muchos ámbitos: Espionaje y contraespionaje político, entre estados, comercial, industrial, investigación policial, el crimen organizado, etc. Se suman todo tipo de cámaras de vigilancia en muchos lugares, generándose una la lista interminable. En el escenario político, John Edgar Hoover (1895-1972), primer director de la Oficina Federal de Investigación de los EE.UU. (FBI), utilizó por primera vez el voyerismo. Fue durante la época macarthista, dedicándose a investigar obteniendo e-videncias de los ‘errores’ y ‘fallas’ de los sospechosos de oposición política de izquierda, de los activistas por los derechos civiles y opositores a la guerra de Vietnam, para luego acusarlos o chantajearlos.  El caso de los ‘vladivideos’ de ese personaje oscuro apellidado Montesinos en el gobierno de Fujimori en el Perú, es un precedente relevante. Recientemente, el presidente del Ecuador Lenin Moreno descubrió una cámara en su despacho presidencial que produjo la inquietante pregunta: ¿Quién se oculta detrás de esa cámara?

Vivimos en una época donde la moral, los ideales, las ideologías, las palabras y lo simbólico se han debilitado. Parece que el voyerismo es un rasgo del siglo XXI. La masificación de la pornografía lo ilustra bastante. Ante esta situación, el sujeto actual pretende sostenerse con el culto a la imagen, ya sin los límites del pudor ni la vergüenza y donde el uso de la palabra es la última rueda del coche. Todo indica que están encarnadas las máximas de “una imagen vale más que mil palabras” o “ver para creer”.

El voyerista, solitario y medio autista, ha asumido una posición subjetiva que hoy es difícil que no pueda dejar de asumir las consecuencias de su acto. El psicoanálisis propone que el voyerista no es una estructura clínica, tampoco una enfermedad ni condición. La estructuras clínicas se refieren a la psicosis, neurosis y perversión, y el rasgo voyerista será diferente en cada estructura y según la singularidad de cada sujeto.

En todos los espacios sociales del siglo XXI existen medios tecnológicos que posibilitan como nunca antes la posición voyerista. Pero es paradójico, porque a su vez, estos aparatos facilitan considerablemente ‘pescar’ al voyerista en su acto. Hay un desplazamiento de la política como discurso, como debate de ideas y planteamientos, a la ‘pornografía política’. En esa dirección, el asunto irá de mal en peor. En otra dirección, se pueden hacer combinatorias interesantes: Que un canal del estado transmita todos los supuestos ‘debates’ de la Asamblea Nacional. Así el ciudadano podrá sopesar mejor los argumentos de cada quien y forzará a los asambleístas a ejercer debates serios con resultados más convincentes.

En todo caso, el voyerista siempre puede tener la posibilidad de cuestionar su goce y transformarlo en un síntoma interpretable mediante la palabra. Tal propuesta se hace extensiva al campo de la política, ya que la mirada no es todo, y lo simbólico de la palabra atenuaría lo insoportable del fracaso de ver lo que no se puede ver

Texto e imagen tomado de: http://laconversacion.net/2017/09/pornografia-politica/

*El artículo publicado en este Blog tiene la autorización del autor para la actual reproducción.

Orden, libertad y lenguaje (Segunda Parte)

Por: Antonio Aguirre Fuentes

PARADIGMA  POÉTICO

 
Sólo hay dos pasiones en el ser humano: la del poder y la de la libertad.
La libertad es el poder del pueblo; el poder es la libertad de los grandes.”
Jiang Qing, viuda de Mao.
 
1.Una consigna se alzó en las calles de Venezuela. Los venezolanos decían: “¿Qué queremos?, ¡libertad!” Una evocación del espíritu dieciochesco de la revolución norteamericana de independencia y de la revolución francesa: la Constitución de los Estados Unidos, la Bill of Rights, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano.
Nada más extraño para un izquierdista, cualquiera que sea su especie. Para éste los significantes son “revolución”, “poder popular”, “socialismo”. Bernard-Henri Lévy quiere recuperar el sentido positivo de lo “liberal” para una izquierda que no sea dictatorial (ver su Left in Dark Times). Un izquierdista no quiere libertad. La juzga una consigna burguesa. Busca el poder revolucionario para implantar el orden socialista.
Los partidos de izquierda no hacen la revolución, la organizan. Fue la precisión que hizo Lenin. En cambio Boris Pasternak en el Congreso de Escritores Soviéticos de 1934  rogó a los escritores que no se organicen, pues en el arte solo cuenta la independencia personal. La organización es la muerte del arte. También se constata que es la sustitución de la política por la milicia.
La lucha empieza por ser una lucha de palabras, de las interpretaciones que se les da, del sentido que trasmiten. Iskra (La Chispa) era el nombre del periódico que fundó Lenin para centralizar la propaganda bolchevique y  así -como diría más tarde Mao- “encender la pradera”. Para el maoísmo la lucha de ideas  es el alfa y el omega de una larga marcha. Hay que ganar la guerra en el último rincón de la ideología, del pensamiento, organizando una Revolución Cultural Proletaria.
2. El orden revolucionario siempre invoca la justicia y los ideales igualitarios: habrá satisfacción de las necesidades de todos… poco a poco. Los medios, inmediatos, también se justifican: la propaganda, el adoctrinamiento, la violencia contra el enemigo señalado por esa propaganda. Hay un saber totalitario acumulado, tanto crítico como perfeccionador. El giro histórico lo da el fascismo y el nazismo: cómo arribar a un totalitarismo por la vía electoral. Allí se introduce la figura del caudillo, el hombre de la excepción, al que no lo afecta la castración de la ley, pues él es la ley.
Para Freud toda psicología individual es también social. Los mecanismos de la identificación de los grupos tienen un objeto en común, un líder por ejemplo, que cada uno convierte en su ideal del yo, quedando así ligados vertical y horizontalmente. El texto “Psicología de las Masas y Análisis del Yo” fue escrito en el entorno de 1921, en el crisol de los movimientos socialistas y nacionalistas. Benito Mussolini y Adolf Hitler serían los líderes a venir. Stalin llega al poder desde la muerte de Lenin en 1924.
3. Los psicoanalistas, en lo que atañe al para-todos, asumen que la castración simbólica de la ley rige la colectividad. Es lo que se llama, ambiguamente, un Estado de Derecho que garantice las libertades relativas para la convivencia. Hay que apostar, hoy más que nunca, por la libertad de palabra. Jacques Lacan incluso definió una función social para el psicoanálisis: reintroducir la ironía en la colectividad. ¿Por qué la bondad de un gobierno se vería conmocionada por palabras mentirosas, calumnias e insultos de sus opositores? ¿debido a que hay un grano de verdad, que se trasmite en medio de las usuales acusaciones tendenciosas de dichos opositores?
4. La palabra, puesta en acción del lenguaje, tiene dos caras. Ella presentifica un orden simbólico, que es el fundamento de todo orden. La palabra se cristaliza en La Orden, el imperativo superyoico aberrante y dictatorial.  De otro lado, la enunciación del sujeto de la palabra continúa. Cuando alcanza el límite de los imperativos hay un momento para la decisión: o retrocede al circuito de los imperativos e ideales o hace surgir un nuevo significante, una nueva interpretación. Esta es la dimensión de la libertad de la palabra.
5. En otro entorno convulso, el de los años 60, Lacan escribió su teoría de los cuatro discursos: el del amo, el de la histérica, el universitario y el del psicoanalista. Ellos dan el marco estructural para la palabra, pero esa sobredeterminación inconsciente no es el hallazgo final. Lacan propone el concepto de “pase” como un “más allá” de los saberes imperativos de cualquier tipo. El pase, al final de la experiencia de un análisis, da un sentido propio, una “diferencia absoluta” para cada uno y nos hace también menos capturados en las tendencias caóticas y nihilistas de la tecnociencia capitalista contemporánea.
6. Simone Weil (1909-1943), esa musa que Jacques Alain Miller propone para acompañar a los psicoanalistas que se inician en los debates políticos, tenía a la poesía como una acción ejemplar en este campo (ver el libro Echar raíces). La política no sería la suma de consignas para el ataque y la defensa, ni la técnica de la agitación y la propaganda, ni la conspiración permanente. En su nivel eminente el sujeto político, como el poeta, selecciona sus palabras y sus silencios, condicionado por sus dichos pasados y por los que van a venir, para obtener el logro más equilibrado y bello, no con la palabra demagógica  e incitadora, sino con una que haga acuerdos y reconozca los desacuerdos. Porque, como recalcaba Freud, gobernar es una tarea imposible.

NOTA SOBRE VENEZUELA Y LA SOBERANÍA 

El régimen de Venezuela y su coro de gobiernos y grupos solidarios piden respeto a su soberanía.
Simone Weil afirma que la destrucción de todo sentido de convivencia, de vida civil y cotidiana, conduce a la idolatría del Estado, como la única entelequia que puede ser amada.
La soberanía que quieren los estatistas es la que protege y justifica la acción de su policía partidista. “Cuando se habla de soberanía de la nación se alude únicamente a la soberanía del Estado” (Weil, S. Echar raíces, pág. 102. Ed. Trotta, 2014)
Para el régimen venezolano la soberanía no está comprometida con la presencia de los intereses geopolíticos de Rusia, China, Cuba e Irán. Una oscura alianza de gobiernos represivos, expansionistas y policíacos.

El Seminario de la NEL: Episteme, Clínica y Política

Conversación Política en la NEL
La Escuela y la movida ZADIG
Hacia el 1er encuentro de Elucidación de la NEL
13 de Septiembre
Boletín N° 4
Para una conversación sobre política
En la conferencia de Madrid del 13 de mayo del 2017, Jacques-Alain Miller invita a estudiar la noción de Estado de Derecho, marcando así una dirección, en tanto la posibilidad del psicoanálisis se juega allí, en lo que hace a su relación con la libertad de expresión. Antonio Aguirre, acogiendo el pedido de proponer algunas ideas sobre dicha noción, introduce la perspectiva de lo plural:  “Estados” de Derecho y “Populismos”. Una perspectiva de interés para pensar el problema, en una época de pluralizaciones.

ESTADOS DE DERECHO POPULISTAS Y BIOPODER

Antonio Aguirre Fuentes

La Constitución norteamericana, la Bill of Rights, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la revolución francesa, la Constitución soviética, la del Tercer Reich, la de la república islámica de Irán, la de Cuba, la de Venezuela con Chávez, todas, se proclaman democráticas y definen unos derechos civiles. Las constituciones, simbólicas, se anudan en imaginarios diferentes y agrupan colectivos encarnados, de goce, que se enfrentan con otros colectivos. En último término encontramos siempre un biopoder.

La propuesta democrática más cautivante de nuestro tiempo, en nuestra región, es el populismo. Se trata de una práctica de lo que se llama una democracia radical. Ernesto Laclau ha descrito su estrategia general (1). Mediante una Asamblea Constituyente se cambian las reglas de gobierno de tal modo que quede concentrado en la persona del líder. La nueva constitución es un aparato centralizado, biocontrolador y represivo, que como consuelo a las libertades perdidas, es un escaparate de derechos para todos los grupos comprometidos en la alianza electoral. La multitud de Antonio Negri se transforma en el  bloque de poder hegemónico de Laclau e instala una nueva clase dominante. En las experiencias nazi y fascista que estudia Nikos Poulantzas había también, transitoriamente, una clase reinante pequeño burguesa. Es el lugar de la facción militar que reina en Venezuela, o de un grupo de intelectuales y burócratas de izquierda en Ecuador.

Los populismos se asientan en geografías y culturas nacionales diversas (ver la importante obra de Robert Kaplan, La Venganza de la Geografía).  En otro lugar proponíamos un enfoque geopolítico no generalizador (2). La vía del populismo argentino ha conducido a otras consecuencias que las del venezolano o del ecuatoriano. Dice Lacan que un obsesivo no es igual a otro obsesivo. Los populismos son desiguales, pero combinados. Es decir que se alían, se apoyan, se reúnen, se asesoran y se envían refuerzos humanos, logísticos y financieros.

El estado de derecho en los populismos incrementa el orden, en el binario clásico orden-libertad. Multiplica los artículos constitucionales. La de Ecuador tiene 444 artículos. Es una máquina de hacer leyes y reglamentos como contestación a toda queja histérica. La coerción es paulatina y se acompaña del crecimiento del aparato estatal de vigilancia y castigo. La evaluación, el registro y los informes presionan hacia la máxima universal.

Lacan sentenciaba que el fin de todo poder es el bien, y que por eso el poder no tiene fin. La bondad de los populistas no tiene límites. Suprime y reprime esa paranoia moderada que J-A. Miller demandaba del sujeto para que no quedara capturado en el discurso del Otro bueno.

Los psicoanalistas tenemos que apostar por un orden que se balancee con libertades. No tenemos la receta de las proporciones. En cada lugar hay que hacer propuestas. Ya hemos aludido al malentendido favorable en cuanto a la defensa de una sociedad civil (3). Son las tareas para ZADIG. En Ecuador, y mucho más en Venezuela, es el momento de ayudar a aflojar los lazos de un poder asfixiante.

Notas

1) Ver  http://laconversacion.net/2017/07/orden-libertad-y-lenguaje-lacan-y-los-izquierdistas-primera-parte/

2) https://nelguayaquil.wordpress.com/2015/08/03/la-geopolitica-del-psicoanalisis/

3) https://nelguayaquil.wordpress.com/2016/05/15/el-malentendido-de-las-libertades-civiles-y-el-psicoanalisis/

 

Comité Ejecutivo de la NEL

Comisión responsable

Clara  M. Holguín

Claudia Velásquez

Gabriela Urriolagoitia

Orden, libertad y lenguaje

Antonio Aguirre Fuente
PRIMERA PARTE: LACAN Y LOS IZQUIERDISTAS

1. El psicoanálisis tiene una política. Sólo una. Puede variar en sus estrategias transferenciales y es muy flexible en sus tácticas de interpretación.  Esto se refiere tanto a la práctica del psicoanálisis puro, como a sus aplicaciones en las instituciones sociales. Pero, ¿cómo los analistas sostendrán una política  en el debate de una colectividad concreta acerca del régimen de gobierno más apropiado? Si la ética es la práctica de la teoría, esto también se puede decir para juzgar la política.
2. Sin sustento estadístico  puedo dar una impresión, una conjetura. Muchos lacanianos han tenido  antecedente en las izquierdas. Sí, con plural. Las izquierdas diversas , antagónicas y enemigas. Jacques Alain Miller lo declara abiertamente: es un marxista, un ex-maoista, pasado por la experiencia del psicoanálisis. Ya no será el mismo aunque queden restos. En cambio Freud no era ni marxista ni progresista. Era más bien un tanto escéptico frente a la utopía bolchevique. La doctrina soviética hacía del psicoanálisis una ideología burguesa, elitista, idealista e individualista. Algunos psicólogos de esa tendencia reconocían que Freud había distinguido una problemática: el inconsciente y sus síntomas.
3. En Lacan no se podrán hallar rastros de una simpatía, menos un apoyo, por las causas de las izquierdas. Denunciaba a la URSS, no le impresionaba el maoismo, y a los “rabiosos” anarquistas de Mayo del 68 les dijo que sólo buscaban un amo. Y que lo conseguirían. Prefería ser considerado un liberal “como todo el mundo”. De paso no se paró en descifrar el discurso del capitalismo como uno que excluye las dimensiones del deseo sustituyéndolo por la demanda. Por eso el capitalismo era contemporáneo del surgimiento del psicoanálisis.
4. Que tantos izquierdistas, a partir de los años 60, devinieran lacanianos, es por si solo una refutación, de hecho, a la condena estalinista contra Freud y Lacan. El psicoanálisis no es una ideología. Althusser, al igual que Foucault (en Las Palabras y las Cosas, al menos), le daban un lugar eminente entre las ciencias humanas. En Francia esa fue la historia, también en España e Italia. América Latina ofreció una legión numerosa de izquierdistas. Los argentinos gustan de presumir que la Argentina es el país del psicoanálisis. Tienen motivos de peso para sentirlo. Lacan vino a América Latina en 1980, a Caracas, habló en el Ateneo de Caracas, ahora expropiado por el caudillo de izquierda Chávez.
5. Creer en la coalición del marxismo y el psicoanálisis no es nuevo. Empezando por Trotski, que asumía como un materialismo el énfasis sobre la libido que hacía la teoría freudiana. W. Reich hizo otro esfuerzo para interpretar el movimiento nazi con claves del imaginario erótico. La Escuela de Frankfurt inició una línea donde se inscribieron valiosas contribuciones para una teoría crítica. Allí se pensaba, por ejemplo, el psicoanálisis como el reverso de la publicidad. Argentina desde los años 40 fue el país donde se reunirían psicoanalistas provenientes del Partido Comunista y de la izquierda: Marie Langer, Angel Garma, E. Pichon-Riviére, el rebelde José Bleger, son algunos nombres recordados. Completar una teoría de la producción económica y de la política con una que daba la clave de la economía sexual del individuo era un proyecto atractivo. La revolución llegaría desde la calle hasta la vida íntima. O siguiendo la ruta de regreso.
6. Para Lacan había un abismo incolmable entre Marx y Freud, pues “el marxismo fracasa en dar cuenta de un poder cada vez más desmesurado y loco en cuanto a lo político” (Preámbulo del Acta de la Escuela Freudiana de París de 1964). Lo que Lacan no podía anticipar era el giro ocurrido a partir de la segunda mitad de los 80, y en el contexto próximo del final de la URSS y de la caída del muro de Berlín: las izquierdas se volverían populistas y las nociones lacanianas, instrumentadas por el filósofo Ernesto Laclau, aportarían sentido a esa renovada esperanza, ahora nombrada “emancipatoria”.
7.Muchos lacanianos, que se habían desencantado de la revolución en los 70, se reconocieron en los argumentos de Ernesto Laclau. El populismo electoral era la vía. No se prestaba atención a que la consumada dictadura militar de los Castro, un caballo de batalla de la desaparecida URSS, era la asesora del Foro de Sao Paolo. La historia continuó así para lo que se quería llamar “izquierda lacaniana”. Un flamante Ideal del Yo . Se apoyaba los movimientos populistas en América Latina y los gobiernos  de esa tendencia. También hubo, escasamente, argumentos de lacanianos que mostraban la lógica totalitaria y anti-psicoanalítica del populismo. Luego llegó el desastre de Venezuela.
8. ZADIG, Zero Abjection Democratic International Group, iniciativa lanzada por el psicoanalista Jacques Alain Miller, tendría como objetivo recuperar el campo de la intervención política para los principios auténticos del psicoanálisis. Ha empezado oponiéndose a Marine Le Pen y el facistoide FN de Francia. Hoy lo hace contra la lumpendictadura militar de Nicolás Maduro. El psicoanálisis no participa de los prejuicios de las derechas, tampoco de los de las izquierdas. Tiene sus propios principios y los aplica al estudio de cada régimen.