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Los niños de hoy y la parentalidad contemporánea

Conferencia en la Facultad de Psicología UBA

Por Éric Laurent

Buenos Aires, 18 de mayo del 2018

Entonces, con este título de hoy “Niños de Hoy, parentalidades contemporáneas”, ¿de qué entonces se trata cuando hablo de “niños de hoy”? ¿De qué “contemporáneo” se trata cuando hablamos de parentalidad? Se puede responder a esta pregunta de manera descriptiva, demográfica o bien de manera psicoanalítica.

Primero desde un punto de vista descriptivo, un estudio reciente permite captar profundas transformaciones de este campo en Francia. El caso francés es sin duda particular, no puede ser generalizado para todo el planeta, pero indica tendencias que funcionan globalmente. El punto fundamental es la articulación con las ciencias de las modalidades de hacer familia que evolucionaron gracias a las nuevas libertades abiertas por las leyes sobre paridad e igualdad de género. Los progresos de la medicina hicieron aumentar en los últimos 50 años la esperanza de vida en Francia de 11 años, para alcanzar 82 años de promedio con la diferencia que se reduce entre hombres y mujeres. Entonces, la población envejece. Los menores de 20 años son solamente un cuarto de la población. Hay menos niños y nacen más tardíamente. La edad media de las mujeres aumentó 5 años. Y el índice de fecundidad bajó un poco, aunque sea un poco más elevado que la media europea. Un tercio de las mujeres se vuelven madres después de los 30 años. Estos cambios se deben, por supuesto, a la generalización de la contracepción. Esto produce que la obsolescencia de la forma de unión conocida sobre la forma matrimonio tradicional sea más marcada. Los niños nacidos fuera del matrimonio son la mayoría, casi 60%. Lo que es nuevo es que estos niños son masivamente reconocidos por los padres, solo 4% no lo son. Es decir que, a pesar de la obsolescencia del matrimonio, la paternidad permanece como un instrumento jurídico que funciona. Hay muchos matrimonios, entre ellos muchos son matrimonios de nuevo. Y el número de divorcios se multiplicó por 4. Por el contrario, el matrimonio se concretó por otras formas de unión que incluyen a las parejas homosexuales, el pacto civil de solidaridad desde el ’99 y el equivalente de la unión civil de Argentina y el matrimonio para todos desde el 2013, que es el matrimonio igualitario en Argentina.

La articulación de la familia con la ciencia y las nuevas ficciones jurídicas desplazó las preguntas sobre los niños y sus padres. Ya no se habla más de “familia” frente a la dificultad de calificarla, sino de “parentalidad”. “Parentalidad” es un neologismo de finales del siglo XX que tiene numerosos campos de aplicación, en las leyes, en lo social, en el discurso del amo en general.

Padre, o los padres o ser padres define un estatuto legal, un estatuto simbólico. La parentalidad desborda el estatuto, está más bien del lado de lo real. Hablar de parentalidad no es fascinarse por el estatuto, sino que vuelve a poner el acento sobre la interacción del niño con sus padres en su variedad.

Para definir la contemporaneidad se podría decir que el niño de hoy nace en un mundo que ya no está estructurado por el a priori del amor del padre. Con su doble vertiente, tan particular a la construcción del rol del padre en el mundo occidental, aquel que es al mismo tiempo amado y que es él quien priva de goce. Esta particularidad fragiliza su construcción sobre todo por que el niño contemporáneo está confrontado a formas de goce adictivas que testimonia la clínica. El niño está confrontado sin mediación a lo que no cesa de repetirse tanto en la vertiente del “demasiado lleno” o el “demasiado vacío”, como en las adicciones que conciernen a todos los circuitos pulsionales: el oral, anorexia bulimia, las sustancias; el anal, retención-expulsión, agresividad; lo escópico, juegos de video y pantallas múltiples; y lo vocal, el objeto voz con las intolerancias a los mandamientos en general. Agreguemos la clínica ligada a la imposibilidad de habitar un cuerpo y de fijarlo en una imagen. Todo esto que queda agrupado en el comodín del ADDH. Consideramos también la imposibilidad de habitar un sexo conveniente en el género asignado. En fin, una serie de síntomas difíciles de considerar como neuróticos sin por ello ser poder calificados apresuradamente de “psicosis”. Estos nuevos síntomas definen una clínica que subrayan una fragilidad del padre. Ella empujó a ciertos psicoanalistas a abandonar su estatuto en el olvido de la historia y decidirse en la sociedad sin padres diversamente calificada.

No es el caso de Lacan, que transformó radicalmente el estatuto del padre freudiano abandonando la referencia edípica para situarlo, no en relación con la madre y al incesto materno, sino en relación con ‘una’ mujer como tal.

Dado el tiempo voy a dejar, ya que ustedes están en buenas manos y sus profes están ya a la altura de transmitir lo que fue la elaboración lacaniana del padre freudiano, voy a pasar al segundo tiempo; en el cual el esfuerzo de Lacan puede pensar al niño el lazo con los padres y la pasión amor-odio dirigida en su elaboración hacia el padre por fuera del padre como universal. Como lo mostró Jacques-Alain Miller: “No se trata por lo tanto de pasarse del padre sino de poner el acento sobre el padre en tanto que existencia particular”. Lacan utilizó de manera radical la disyunción operada en la lógica moderna que se separa de la lógica de Aristóteles distinguiendo la definición de un término de su existencia. Así que, por un lado, Lacan enuncia o reformula la idea freudiana según la cual el modelo de Dios es el padre, la relación de la primera identificación fundamental del amor al padre. Lacan reformula esto diciendo que la definición “Todo padre es Dios” debe estar acompañada de la condición de que en su existencia “Ningún padre sea Dios”. Las dos al mismo tiempo. Se verifica que “Todo padre es Dios” a condición de verificar la inexistencia de tal padre.

Y, por otro lado, Lacan utilizó también otra vía. Verifica también la existencia del padre en tanto que rechaza toda norma, todo estándar, todo “Para todo x”. Esta puesta en tensión de los dos niveles forma parte de la báscula radicalmente antihegeliana de Lacan el momento en que él rechaza reducir las existencias particulares a ser partes de un todo. Esta báscula antihegeliana se enuncia radicalmente en el Seminario “Introducción a los nombres del padre” en el cual dice: “Toda la dialéctica hegeliana apunta a colmar la falla entre la existencia y el todo y mostrar en una prodigiosa transmutación cómo lo universal puede llegar a particularizarse por el camino de la escansión de la Aufhebung”. Es este camino de la Aufhebung, del camino de la particularidad hacia lo universal que Lacan rechaza. Y este desajuste se prosigue cuando comienza a definir el Nombre del Padre a partir de una función. La gran ventaja de una función es, no la definir un todo, sino solo un dominio de aplicación. La función, entonces, solo es definible a partir de las realizaciones de las variables que constituyen su desarrollo. Entonces Lacan parte de los casos particulares de los padres para hablar del Padre. Ser un padre es ser uno de los modelos de la realización, uno de los valores de la función. Dice entonces: “El padre, en tanto que agente de la castración, solo puede ser el modelo de la función”. Lacan, entonces, parte del uno por uno de aquellos que se volvieron padres. Habla, con el chiste francés difícil de traducir, de “père-version” que utiliza perversiones, pero al revés, como versiones del padre. Y define el padre así: “Un padre no tiene derecho al respeto -y subrayo que Lacan empieza por respeto y no por amor- sino al amor más que si el dicho respeto, el dicho amor está perversamente orientado, es decir hace de una mujer el objeto a que causa su deseo”[2]. Hace tambalear un poco las cosas, pero felizmente es una frase que fue suficientemente para que ahora estemos más sentados en nuestras y podamos escuchar esto sin estar horrorizados. Pero la idea de utilizar perversamente orientado, es decir que hace de una mujer que causa el deseo, de lo que parecía el menos perverso posible, al revés. Era para despertar un poco al público a la función del goce como tal. Notemos el quiasma normalmente según la estructura del deseo masculino. El hombre se ata a los objetos a que causan su deseo, el fetichismo, el estilo fetichismo del amor masculino. Al revés, Lacan define el nuevo padre a través de un fetichismo particular. No se trata de un objeto como el falo materno que existe sino del objeto que una mujer produjo. El niño como objeto a de la madre en tanto que objeto real. De este objeto a, el padre debe tomar un cuidado particular que se dice “paterno”. Este cuidado lo deja este hombre que se ocupa de los objetos a de una mujer, lo deja en lugar de síntoma. Es el único punto en el cual el hombre puede volverse síntoma de una mujer si ya es madre. Mientras que, en el caso general, es mas bien una mujer que es síntoma de un hombre. El padre perverso se sitúa a nivel de la particularidad del síntoma, de la particularidad de su goce. Jacques-Alain Miller dice: “Resulta esencial que no sea Dios precisamente. Freud mostró la raíz de la función religiosa en la función del padre y Lacan, por el contrario, marca el espejismo divino que es propiamente psicotizante o mortífero cuando está soportado por el padre. La père-version paterna es precisamente que el deseo del padre esté ligado a una mujer entre todas -es decir una mujer como única”. En un mundo en el cual cada uno puede volverse padre, si cada uno puede creerse, por ser el valor de esta función excepcional, si cada uno se toma por Dios o por el guardián de los ideales o por el padre de la norma ideal, entonces se produce el efecto psicotizante. No una psicosis en todos los casos, sino más bien la idea de efecto psicotizante. El padre de la père-version no garantiza el acceso al goce “para todas las mujeres” como el Padre-Dios del modelo freudiano. Es por ello por lo que Lacan insiste en el “sin garantía”, según el cual se trata ahora de hacer de una mujer la causa de la pere-version paterna. Es a través de la performace particular, de la mostración particular que el Padre puede dar al sujeto el acceso a lo real del goce en juego. Dice: “El papá no es de ningún modo forzosamente aquel que -es el caso de decirlo- el padre real en el sentido de la animalidad. El padre es función que se refiere a lo real de lo verdadero -lo que es distinto- y no es forzosamente lo verdadero de lo real. Esto no impide que lo real del padre sea absolutamente fundamental en el análisis”. Ahora no les pido forzosamente distinguir lo verdadero de lo real y lo real de lo verdadero, etc., pero por lo menos solamente esto, que es a través -no de una definición universal sino de una performance particular, una mostración particular que el padre en acto da acceso a lo real del goce en juego. Y no a partir de una definición verdadera, universal del padre. Al distinguir el padre real en el sentido de la animalidad, es decir el padre biológico, es siempre el padre en el sacrificio de Abraham es siempre el cordero que pasa por ahí. Lacan lo había ubicado como el padre en el sentido de la animalidad, de la biología. Y hay que separarlo entonces del padre que toca a lo real, es decir al goce. Y esto nos da una indicación valiosa sobre el lugar del padre en las familias recompuestas. La oposición entre lo verdadero y lo real resuena aquí de una manera particular.

¿Cómo alcanzar lo real del goce? Al reverso de la vía ideal o verdadera, Lacan da una idea de realizar el tipo de la función de manera divertida. Dice: “Épater su familia”. Hemos discutido con Silvia, y Silvia Tendlarz con sus colegas para saber cómo traducir esto constatando que no se puede. Lo que en francés se utiliza es el “é” privativo y “pater” de padre. Lacan utiliza al mismo tiempo la significación que es “impresionar”, “vislumbrar” y el significante como tal que incluye un privativo de la función de paterÉpater es a la vez producir una especie de admiración, pero pasando al revés del ideal de pater familias. Es una operación en la que se trata de obtener un efecto particular que consiste en mantenerse a distancia de la creencia según la cual un padre puede ser para todos.

La mejor manera de traducir esto es la función del carisma. Es como en un líder hay la función, el estatuto como tal y es imprescindible en una democracia o en un régimen autoritario que el líder tenga el carisma. Uno por uno. Esto no es universal. No se puede definir. Por ejemplo, si me permiten, se puede constatar que Chávez tenía un carisma que no tiene Maduro. Entonces esas cosas se van al carajo. Y esto no es una función universal. Es uno por uno. No se puede definir por un comité, no se puede decidir. Hay o no hay. El carisma puede ser para lo bueno o puede ser para lo peor. Por ejemplo, el tipo en Chile, el obispo que da tantos problemas al papa Francisco, era un obispo carismático. Tenía un carisma excepcional. No es necesariamente una virtud tener carisma. Pero es otra cosa que lo universal.

Y entonces, Lacan define la función del padre a partir de esto: “El padre es el que tiene o no tiene un carisma para la familia”. Y Lacan es prudente, dice: “En cualquier plano, el padre es el que debe impactar –épater– la familia”. Si el padre ya no impacta a la familia, naturalmente se encontrará algo mejor. No es obligatorio que sea el padre carnal -dice Lacan-, siempre habrá uno impactará a la familia. Habrá otros que la impacten”.

Entonces, tenemos aquí una desconexión suplementaria entre el padre carnal y el que podrá hacer el tipo de padre. Esta indicación del acento sobre el carisma está en el reverso de hacer de legislador. Tampoco es querer hacer el hombre, es algo diferente.  Lacan lo indica con antelación un poco, que del lado de las mujeres se sitúa la denuncia de las antiguas formas de machismo y el llamado a nuevas formas de masculinidad deseantes de la buena manera. Cito a Lacan: “Si el hombre es todo lo que ustedes quieran del estilo virtuoso, listo para tirar, tirar cuando quieras -son declinaciones burlonas de lo viril-, lo viril, si es de un lado, es del lado de la mujer, es la única que cree en esto. Ella es incluso lo que la caracteriza”. Fue una de las orientaciones fundamentales de definir en los últimos años de su enseñanza, dice “Es del lado de la mujer”, antes decía “Es del lado de la histeria”. Pero es esta misma indicación, que es del mismo punto de vista de la identificación viril de la histeria que se sostiene un ideal renovado de masculinidad. Esto también puede aproximarse a lo que Lacan declaró en su Seminario XIX: “El Uno hacia el ser como la histérica hacia el hombre. Esto es lo que alimenta cierta infatuación creativista”.

Hay que distinguir entonces, entre el padre por un lado que responde la nombre, al Nombre del Padre, que está del lado de lo simbólico y, por otra parte, el que señala la relación del padre con lo real. Esta oposición recorta la distinción entre la familia como real y el Nombre del Padre como simbólico. Es esto lo que Lacan ponía en juego en su “Nota sobre el niño”, la oposición de la familia como residuo real y Nombre del Padre.

Tenía un final sobre las diferencias en las conferencias del ’75 sobre la relación del Padre y del medio Dios, etc., etc., pero dado el tiempo, más bien voy a terminar con el programa de trabajo que les voy a proponer. A veces se dice que es difícil dar forma a problemas precisos en el psicoanálisis, que es difícil encontrar a veces los problemas cruciales para el psicoanálisis, como lo dice Lacan en un título de su Seminario. Es la razón por la cual quisiera proponer un programa de investigación. Se trata de buscar caso por caso en las parentalidades de hoy y con los problemas clínicos con los que las familias se confrontan qué es lo que actúa suficientemente como excepción del lado mujer y del lado hombre para definir un carisma necesario que sorprenda a la familia. Propongo entonces, como investigación, buscar en estas dos vertientes, femenina y masculino, cómo se encuentra lo que hace de padre en la configuración de los goces de hoy.

Gracias.


[1] Transcripción de la Conferencia en la UBA extraída de Internet: https://www.youtube.com/watch?v=j-Y89V6ofHo. Último acceso: 2018-05-18.

[2] J. Lacan. El Seminario, libro XXII, R.S.I.. París: Éditions de l’Association Lacanienne Internationale, p. 63.

Tomado de: https://psicoanalisislacaniano.com/los-ninos-de-hoy-y-la-parentalidad-contemporanea/

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La ética será la de elmalentendido o no será

Un ensayo a partir de la muestra artística colectiva “El malentendido” en la DPM

 Por Jessica Jara B.

La tarde del jueves 15 de marzo inició la materia “Ética y política entre dos discursos”, a cargo del psicoanalista Guillermo Belaga[i]. A las 19h30 del mismo jueves, se inauguró en la Galería DPM la muestra artística “El malentendido”, la que lleva el nombre de la instalación de una de las artistas expositoras. Ante esta contingencia me interesa dar cuenta de ciertas extimidades (est)éticas y políticas entre la práctica/experiencia psicoanalítica y artística, considerando además que esa noche asistimos a la conferencia pública “Belleza Convulsiva. Un comentario sobre la presencia del retrato imaginario de Sade”, de Belaga; con quien fuimos el viernes a la noche a la galería a ver la exposición, pero estaba cerrada.

Las latas que no sirven a la comunicación y el malentendido como arraigo

Cuando logramos asistir fue notable que no se trataba de la muestra del trabajo artístico de un grupo, sino que era una muestra colectiva de productos singulares o en serie de Ana Cristina Vásquez, Pablo Andino, Saskya Fun Sang, Antonio López, Fernanda Murray, Josué Lino y Daya Ortiz. Los cinco primeros graduados en artes en Chicago, los dos últimos tienen a Guayaquil como su base de operaciones. Lo interesante es que cada uno de ellos con sus ensayos artísticos y ejercicios artesanales consintieron a “El malentendido”: significante que amarra tanto como enreda, cifra, alude, se inflama y del que se escapa un goce muy particular.

Los trabajos eran disímiles. Algunos soportes eran endebles como el cartón, pero también eran lienzo, video, instalación parlante… Objetos intervenidos, abisagrados, aprofanados, reutilizados para volverlos inútiles. De distintas consistencias: enmarcados, fijados con pernos o desparramados por el suelo. Mudos o ruidosos, algunos nos veían como aquella lata de sardinas miraba desde el mar a un joven Lacan navegando en una peregrina barcaza de pescadores, como quien mira una mancha en el cuadro. Estas latas no pretendían conectarse entre ellas mediante un alambre en beneficio de la buena comunicación, no dialogaban por una relación armónica, sino que querían servir al malentendido que soporta al ser hablante.

Eran seis más uno, Daya Ortiz. Daya no será una curadora que done una teoría prêt-à-porter para dar sentido a un trabajo artístico disperso; pero sí quien aporte, en efecto, un rasgo que permita el anudamiento de aquello dispar: las elaboraciones y respuestas de cada quién, a partir de sus propias preguntas que constan como títulos de sus obras, desde: ¿acabaré viviendo como vivo… si no vivo cómo pienso? hasta la “Descarga repentina de la tensión sexual acumulada”. El malentendido resultaría aquí un punto de arraigo en el tejido: un lugar al cual fiarse en la época del solitario, deprimido-activista, y desengañado parlêtre.

Notas de un tiempo de ver

Fue un recorrido con detenimientos y sorpresas. El responsable de la galería felizmente no intentó mediar entre nosotros y la obra. Ingresamos tres, tal y como entraron al ruedo los prisioneros de la historieta de Lacan en busca de un aserto[ii]. Uno ya había visto la muestra pero no le molestaba repetir; la otra era una mujer jovencísima que se hacía preguntas en voz alta. Nos recibió una vasija, siempre femenina, la que en un movimiento dejó de ser tal para convertirse en un cráneo disparado, con fisuras, con los agujeros -que le habrían posibilitado su sostén en vida- desdibujados. Rápidamente nos dispersamos, interesados en distintas obras que resonaran en nuestro más íntimo. A ratos nos reencontrábamos, un poco extrañados.

La muestra en algunos casos recogía varios trabajos de un mismo artista, los cuales la museografía se había ocupado bien de mezclarlos un poco. Entrado un tiempo era posible ir reconociendo trazos, tratamientos y modos de hacer con el objeto y el vacío: un cierto estilo de re-cubrir, de mostrar, de invadirnos, de recordarnos que el arte es y no es sin el Otro. El instante de la mirada y el bullicio al que nos acercábamos inexorablemente, resultaba en ocasiones turbado por ruidos, por golpes secos, de los que poco a poco iríamos tomando nota.

Para un momento de comprender que no sea del entendi-miento

¿A qué apelar cuando los artistas no están en la galería para dar explicaciones de lo que allí se muestra/ se enseña? ¿De qué fiarse ante la falta del Otro en presencia?

Ante esta complicación recuerdo que Lacan antes de su viaje a Venezuela se refirió a los lacanoamericanos, quienes no lo habrían escuchado in situ, a viva voz, hasta el año 80, -según su propia declaración[iii]– para precisar que aquello le pareció una ayuda. Él enfatizó, estando aún en Paris que, al ser transmitido por escrito, su persona no hacía de pantalla a lo que enseñaba. Quizás podamos aplicarlo a la transmisión del artista, en tanto que los artistas se encuentran, en general, ante el dilema de ser exigidos a hablar, en persona, de su obra.

Así, ¿será que podemos decir que al final de la experiencia artística el artista queda agotado por la entrega que acaba de hacer: trazos, gestos y objetos, firmados o no, filmados o no; restos desprendidos del artista, ahora escabelizados? ¿Se encuentra desde ya azorado por su próxima producción? ¿O es que se queda con ganas de hablar de su acto artístico del que no puede dar cuenta nunca del todo, y en el que cobra un valor incalculable la contingencia?

En este caso particular, algunas cuestiones serán o no serán: ¿de qué servirnos para orientarnos en el malentendido? ¿Cómo malentender mejor considerando que somos, nosotros mismos, unos malentendidos?[iv], ¿si el cuerpo no hace aparición en lo real sino como malentendido? Si somos, como dice Lacan: unos traumatizados del malentendido.

Lo imaginario: El embrollo de los cuerpos está en los trabajos de Josué Lino, José Lino, JL. Se trata de cuerpos que no han consentido al lazo social, entonces nadie cede y lo que hay es un agresivo pegoteo imaginario. Se muestra la confrontación del amigo-enemigo a propósito del horrendo vecino. En su universo el Otro malo impera, la cochina abyección no está localizada y los cerdos proliferan. Se ausenta la posibilidad real de malentender siquiera. Que el espacio no sea lugar ocasiona invasión de goce, cuerpos fragmentados y devorándose en un puro presente sin ley. Unos títulos que logré captar con mi precario celular son: “My dental work”, “Hope rises”, “Bebé de carne sin hueso”. Otros, simplemente, se difuminaron.

Lo simbólico: Un video nos llamaba a la lectura de una noticia periodística. Sus caracteres maximizados no permitían la lectura completa de una sola mirada. El efecto buscado era ir develando poco a poco, no la noticia, sino el hecho de que la noticia estaba agujereada. Esto de manera literal. La superficie del texto tenía recortes rectos y definidos, lo que implicaba en sí la extracción de significantes precisos. Sabemos que se trataba de una inundación, del desborde de un río que hace despertar más temprano de lo acostumbrado a los habitantes de Los Ríos. ¿“A las 04h00” buscaba fijar mediante la escritura de una hora el exceso de goce o, recortar un goce en más, desbordado, permitiendo la fuga del sentido por una abertura?

Los recortes provocados en el texto, toman toda la relevancia al dar cuenta de cómo cuando la malla simbólica es agujerada se presentifica el superyó. Así, al ingresar por ese agujero no negro sino más bien luminoso, está el cuerpo, pero un cuerpo también amplificado al punto de tornarse irreconocible; no como el  cuerpo del que creemos ser amos, sino del de las imágenes de su funcionamiento que fascinan y se proponen como remedio universal a la angustia contemporánea[v]. La obra hace eco en el punto en que las voces de sirenas invitan al hablanteser a identificarse con su organismo, buscando desterrar el malentendido en aras de una medicación liberada del equívoco. Y es que, al reducir lo incomunicable a la imagen se invoca al real de la ciencia, se llama a un despertar para volver a hacer dormir… o peor.

Lo real de una conclusión malentendida. O, ¡a cogerle el gusto al malentendido!

Aunque los artistas no quieren hablar es un hecho que consienten a ser malentendidos por los medios y no deben ser criticados por aquello. Es así que sabemos de la pregunta que encausó la investigación de Daya Ortiz: “¿Cuáles son sus conflictos cuando hablan con alguien con quien no se comparte el idioma materno?”[vi], cuestión que la llevó a charlar, uno a uno, con una pequeña multitud y al final, montar un auténtico rebulú; ya que de entrada su obra muestra que el malentendido nos hace hablar y mucho, cada uno gozando allí su oportunidad.

La instalación se compone de pequeños parlantes soportados en las paredes que replican las distintas respuestas ofrecidas en diferentes idiomas, al mismo tiempo. Una mujer respondía también desde el llamado “lenguaje de señas”, por lo cual había una pantalla. En el camino descubrí que el golpe seco se trataba de la caída de algunos de esos parlantitos; y me parece que esta puesta en cuestión del mensaje no era algo previsto, como tampoco lo siniestro de esos objetos en el piso reproduciendo, inalterados, su repertorio circular. Además estaba lo imposible de entender/escuchar algo en medio del ruido infernal de la multitud parlante.

Este trabajo indaga una de las fuentes del malestar en la cultura que es el otro, el extranjero, quien no me entendería porque no habla como yo. Si no nos distanciamos, si no lo forcluímos, si nos quedamos lo suficiente podremos notar que más allá de las identificaciones, la singularidad del parlêtre nos remite a la existencia de un punto de extranjeridad en cada uno; tanto como existe un punto vivo en el lenguaje que nos anima a hablar y que es lalengua. Me arriesgaría a decir que elmalentendido es esa propia-extranjeridad con la que se toma contacto en la experiencia psicoanalítica, y que insiste en la práctica artística. Cuando parece que no entendemos nada porque no hablamos la misma lengua, no es eso. El amor y el arte suelen venir a saltear esa misma brecha, el muro que hay entre dos. Hoy todo el mundo sabe que no hay relación, lo que no evita que haya malentendido consumado y nuevos malentendiditos.

Mis dos acompañantes me esperaron para salir juntos, pero cada uno llegó a su propia conclusión. Entiendo que les gustó la muestra. Mi conclusión se soporta en la exclamación de Breton “La belleza será convulsiva o no será”, recordada por mi colega Guillermo Belaga en su conferencia. Para nuestros fines la reformulo del siguiente modo: La ética lacaniana será la del malentendido o no será. La ética en tanto praxis de la teoría apuesta por cogerle el gusto al malentendido, considerando que respondemos a una ética de las consecuencias y no a la intención de comunicar. Antes de salir de la galería eché un último vistazo… desde la puerta vi unas obras de las que no alcancé a dar cuenta en este escrito. No me malentiendan, no-todo es posible. Lo digo aun contradiciendo el slogan de la moralidad que comanda hoy.

Guayaquil, 29 de marzo del 2018.

 

Texto originalmente publicado en:

http://laconversacion.net/2018/04/la-etica-sera-la-de-elmalentendido-o-no-sera/

 

[i] Última materia de esta maestría de la UCSG “Psicoanálisis y Educación, con mención en inclusión”. Primera promoción.

[ii] Referencia a “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, un nuevo sofisma”, de Jacques Lacan.

[iii] Lacan, J. El malentendido”, 1980.

[iv] Ver Lacan “El malentendido” http://www.psicoanalisisinedito.com/2015/06/jacques-lacan-el-malentendido-10061980.html

[v] Punto abordado por Eric Laurent en “El reverso de la biopolítica. Una escritura para el goce”. Grama, 2016.

[vi] https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/cultura/1/el-malentendido-agrupa-el-pulso-de-una-generacion.

Los bemoles del acoso escolar

Por: Juan De Althaus

Texto e imágenes reproducidas de La Conversación con autorización del autor.

Permitir el acoso escolar, incluido el acoso sexual, es abandonar la función paterna, el saber decir “no” a los excesos. Es no haber salido de una posición infantil donde predomina el exceso de satisfacción pulsional. La tarea de los educadores es enseñar al infante a que deje de ser niño.

 

Desde el punto de vista del psicoanálisis lacaniano, el acoso escolar es un síntoma educativo que siempre existió, pero hoy en día resulta bastante generalizado y tiene múltiples aristas. Implica formas de agresión y violencia entre estudiantes, pero también entre docentes y escolares, entre los propios docentes, entre docentes y padres, sin quedar afuera las autoridades educativas. También adquiere formas institucionales, como el clientelismo político, la negligencia burocrática y los excesos de control mediante evaluaciones, reglamentos y protocolos.

La agresión y violencia en el ámbito educativo siempre han estado vinculadas a la manera cómo se las representa o subjetiva en la cultura de una época. En las culturas étnicas no dejaba de haber violencia en los rituales sagrados de iniciación del púber a ser un sujeto responsable en la etnia. Se realizaba siempre bajo determinados reglas y con una significación mítica.

En la época actual hipermoderna, los significados de la violencia se han perdido, particularmente desde la aniquilación nazi sin sentido de los campos de concentración, de tal manera que hoy se generaliza la violencia por la violencia, el acoso por el acoso. No se tolera la presencia del cuerpo del otro y de su modo de goce (satisfacción) en la vida. Como consecuencia, habría que considerarlo como un síntoma social a interpretar.

¿De qué manera ha incidido la tecnociencia? definitivamente, esta ha aumentado exponencialmente en la comunicación, pero a costa de inhibir los lazos sociales y desresponsabilizar al sujeto ante lo que dice y hace. La función del ideal en la educación ha quedado devaluada. Si todo está en Internet con un clic, no se cree mucho en el propósito civilizador de la educación y, más aún, la transmisión de la cultura está en entredicho, ella misma está haciendo agua. Sería bueno debatir si los paradigmas educativos podrían cambiar hacia un saber hacer con esta realidad.

La tecnociencia es aliada inseparable del discurso capitalista, el que se establece como el verdadero mandante: “vender todo lo que se pueda vender lo más rápido posible”. Uno de los productos de consumo es el binario siniestro diversión-violencia. Lo atestigua la película Elephant de Gus van Sant, que recrea al par de amigos, autores de la masacre cometida en el conocido caso del colegio Columbine, declarando que era el día más divertido de su vida.

Los medios de comunicación entran en el juego de este círculo vicioso por la manera cómo abordan el tema. ¿Se realizan debates editoriales o conversatorios de la opinión ilustrada sobre el acoso escolar en los medios?
Los casos de violencia, violación, abuso y adicción en el campo educativo son subidos en “tiempo real” a las redes sociales donde se compite en quién sube más rápido un acontecimiento más terrible que el otro. Es toda una trama de espectáculo de terror para la perversión de la mirada.

El Estado y las autoridades educativas se apresuran a responder con la doctrina de la seguridad ante estos fenómenos: más vigilancia de tipo policial y judicialización. Habría que ser cuidadoso con este tipo de respuestas, en tanto que al sujeto acosado se lo victimiza y el acosador es determinado como agresor-delincuente y allí se cierra el circuito. Entonces, la investigación apunta a si la “víctima” dice o no la verdad, entendida como objetiva, sin considerar la verdad subjetiva: no se escucha lo que quiere decir libremente la “víctima”, y menos el agresor.

Es importante que el sujeto involucrado hable ante un interlocutor válido y que se distancie de sus prejuicios. Permitir que la palabra bordee lo traumático de la agresión en el agredido y la pulsión de muerte del agresor, de tal manera de poner cierto límite al goce de la violencia o de la posición de víctima. ¿Qué es lo que cada uno tiene que ver en el acontecimiento de acoso? y responsabilizarse de sus actos y su decir. ? En esta vía, no hay nadie inimputable.

En los últimos tiempos ha incidido otro agravante en hechos de violencia: Hay un uso político de una supuesta ciencia, con todo tipo de evaluaciones estadísticas y reglamentos cambiantes que buscan controlar hasta el último detalle en la educación, asfixiando a los docentes y desviándolos de su labor de enseñanza. Es más, se fuerza a una estandarización en todos los campos de la educación, lo que supone considerar a los sujetos involucrados como máquinas algorítmicas al servicio del Estado o de las corporaciones. Tal perspectiva fomenta el individualismo de masas de las peores formas. Si la familia está en crisis, y el padre ya no cumple su función de regulador de los goces, a su delegado, el maestro, se le devalúa la responsabilidad de su rol y no se le facilita el trabajo.

En la práctica, los referentes de valores universales se deterioran y el joven busca rasgos identificatorios nuevos, conformando grupos que se excluyen entre sí. Si no lo hacen, los jóvenes serán identificados como “raros”, a lo que se suma el temor de no ser incorporados a ninguno. La homogenización fuerza a los educadores a etiquetarlos como “deficitarios”, lo cual empeora el vínculo educativo. Paralelamente, la masculinidad y virilidad de los jóvenes varones se debilita y la agresividad se enciende en las mujeres púberes.

El acosado u objeto del bullying es normalmente un nerd, ante el cual los acosadores manifiestan su envidia y ‘odioenamoramiento’, porque no soportan la extrañeza de su propio goce y lo atribuyen al otro, al cual no pueden soltar, porque tendrían que encarar su propio malestar. Algún defecto corporal o discapacidad también suele ser objeto de acoso, marcando un rasgo perverso. Son pequeñas diferencias en el orden imaginario que producen un estallido, ya que los jóvenes, y algunos docentes, no poseen el armado simbólico suficiente para soportar las diferencias.

El acosado sufre de angustia, desasosiego y termina perdiendo el interés de aprender, o responde con alguna venganza, siempre en el terreno imaginario, sin que lo simbólico opere con eficacia, lo cual puede llevar al extremo del suicidio. Tenemos así al acosador, el acosado, y el espectador, que pretende defenderse mediante la indiferencia.

La generalización de la decadencia moral en el campo del poder político y, que amenaza el Estado de derecho democrático, incide considerablemente en el campo educativo, produciendo condiciones para el desengaño, la errancia y la desubicación. Es un terreno muy adecuado para que el superyó (aquella ley absoluta inscrita en el inconsciente) ordene gozar sin límites.

La condición humana de la agresividad, proveniente del estadio del espejo en los primeros meses de vida, momento en que el infante responde agresivamente ante su fragmentación corporal e identifica su yo con la imagen de otro en el espejo, que supuestamente ocupa su lugar (“El yo es otro”) se afinca y ante la caída de la regulación paterna y sus sustitutos en el sistema educativo, el sujeto coloca en el altar su narcisismo y su paranoia ante los otros. El Ideal del yo debilitado filtra poco las pulsiones, por lo cual es encarnado por el caudillo del grupo (líder), que a su vez goza del sometimiento de sus seguidores (masa), no para establecer un lazo social, sino para degradarlo.

Si la agresividad está al nivel de lo imaginario, de la imagen del propio cuerpo, la violencia, el pasaje al acto de la agresión, está del lado de lo simbólico, en tanto que no opera para limitar la pulsión de muerte y se produce sin sentido alguno. Por lo demás, lo simbólico, el lenguaje, tiene su dimensión violenta, en tanto que al afectar el cuerpo mortifica (una palabra es la muerte de la cosa, porque la simboliza agujeréandola) aunque paradójicamente, permite la vinculación con los otros. Y esto, en el ámbito escolar, se da en muchos casos en el “todos contra todos”.

En la misma dirección, la función de autoridad se licúa. Hoy no se puede pensar la autoridad como proveniente de la tradición, el poder o la sanción. En la antigua Roma, el término Autocritas hacía referencia a la opinión de los senadores, mientras el poder lo tenía el pueblo. El Autocritas no ordenaba, más bien aconsejaba, proponía o rectificaba, mediante una argumentación válida y verosímil. En ese sentido, la autoridad bien entendida implica lograr un vínculo social en el tiempo mediante el apalabramiento racional, no por el ejercicio del poder, la coerción, ni la violencia.

La autoridad tiene que ser reconocida como tal. Lo cual implica un ejercicio legal y legítimo, de una transmisión del saber hacer en el mundo, de colocarse en una posición de un ser en falta, no completo ni absoluto, alguien que no lo puede todo y que sabe hacer con esas limitaciones. Actualmente es muy difícil que la autoridad no se ejerza sin pluralidad y en forma democrática, de lo contrario se cae fácilmente en el autoritarismo con nefastas consecuencias. Cuando el docente y el funcionario educativo no escuchan ni dialogan entre ellos y con los alumnos, se deslizan a la imposición ciega que trastoca el vínculo educativo.

Permitir el acoso escolar, incluido el acoso sexual, es abandonar la función paterna, el saber decir “no” a los excesos. Es no haber salido de una posición infantil donde predomina el exceso de satisfacción pulsional. La tarea de los educadores es enseñar al infante a que deje de ser niño.

El sujeto que encarne la autoridad debe ofrecerse como alguien que cause el deseo de saber del educando, que permita pasar hacia una transferencia de trabajo en conjunto.

La autoridad del docente conviene que apunte a que el estudiante invente de manera particular una modalidad para domesticar su goce, su satisfacción inmediata desmedida, que es la mejor manera de transmitir cómo hacer para manejarse con el saber cambiante y líquido de la cultura, y con aquello que dura en el tiempo. Esto se opone a la estandarización en la educación.

El síntoma permite que el sujeto anude su goce a una estructura con lo cual puede construir un lugar en el mundo actual. Jacques Lacan proponía la salida de una “fraternidad discreta” para la convivencia soportable. La conversación frecuente entre pares, entre los docentes, sobre sus experiencias pedagógicas, es un recurso interesante a considerar. A partir de los casos particulares se puede formalizar los impases que se producen en el acto educativo. Esto implica centrarse en la singularidad del estudiante y del docente, y desde allí dar lugar a la invención. Saber escuchar es fundamental en este vínculo educativo y rediscutir colectivamente la ética del maestro en nuestros días.

Más allá, el psicoanálisis permite hablar al sujeto individual, acogiendo su síntoma único, de tal manera que el analista provoca que busque atrapar lo más íntimo y singular que posee mediante la invención, y de allí poder disfrutar de un vínculo bien dicho con otras singularidades, produciéndose efectos sociales de la buena manera.

Bibliografía:
• Gallo, Héctor (1999). Usos y abusos del maltrato. Una perspectiva psicoanalítica. Editorial Universitaria de Antioquia. Medellín, Colombia.
• Nueva Escuela Lacaniana de Medellín (2013). Conductas de riesgo en el ámbito escolar. Medellín, Colombia.
• Goldenberg, Mario (2011). Violencia en las escuelas. Grama Ediciones. Buenos Aires, Argentina.

El problema de la ciencia y el retorno de la cuestión

Por: Antonio Aguirre F.

Artículo publicado en La Conversación

Recuerdos del seminario del 2011

1.

Situamos al psicoanálisis en un callejón entre la religión y la ciencia. Freud quiso incluir su campo en el catálogo de las ciencias, pero vamos a destacar uno de sus enunciados finales que connota una heterotopía. Hablando de las categorías kantianas –tiempo y espacio- dijo que eran proyecciones de nuestro aparato psíquico. El ensayo de Stephen Hawking y Leonard Mlodinow titulado El gran diseño nos resulta apropiado para un comentario donde reafirmamos la conjetura lacaniana: las teorías científicas del universo son proyecciones de la estructura depuradas de la función paterna, y carentes del sujeto de la enunciación. La Bejahung científica expulsa toda cuestión y toda elección, afirmándose en la modalidad del tercero impersonal. Este cosmos está hecho de fórmulas, modelos y problemas matemáticos, apuntando a la pregunta por el origen. Procuraremos señalar los signos del retorno de lo rechazado presentes en la teoría científica.

2.

Stephen Hawking opera con los principios de un cognitivista, intentando superar la visión ingenua de la realidad y sustituyéndola por un “realismo dependiente del modelo”. El cerebro interpreta datos, elabora un modelo –generalmente matemático- que luego somete a comprobación. Para el físico no tiene sentido preguntar qué es lo real, pues ello depende estrictamente del modelo utilizado. En cambio se ha vuelto prioritario investigar el porqué del universo, retomando a los presocráticos: ¿por qué hay algo en lugar de nada?, ¿por qué existimos?, ¿por qué estas leyes y no otras? Son las preguntas de la sublimación científica, donde sin embargo reconocemos los enigmas renunciados de la vida temprana del sujeto. El físico ve en el mito una historia ajustada a los fenómenos, pero lo desecha por su inutilidad predictiva. Ignora así que en el mito, como diría Lacan (El mito individual del neurótico), toma forma discursiva algo que no puede ser enunciado como verdad objetiva, pero que se expresa del modo imaginario. Las historias míticas de crimen y castigo resultan perturbadoras y Hawking se rebela contra “la capacidad humana para sentirse culpable” y “acusarnos a nosotros mismos”. El hombre de ciencia busca depurarse de todo goce y permanece ajeno al drama fundador de la religión.

3.

Hawking reconoce que no es posible una teoría científica definitiva. Más bien, postula lo que llama la Teoría M, que funciona como un mapa mundi donde se solapan distintas teorías, cada una aplicable en un cierto dominio físico. Hawking concibe la posibilidad de múltiples universos surgidos de la nada, sin la intervención de ningún Dios. En cada uno de ellos muchas historias posibles, muchas consecuencias. Solo unas pocas de ellas permitirían “criaturas como nosotros”. Aquí llega la hazaña cognitivista: somos –los humanos- amos de la creación porque seleccionamos sólo los universos compatibles con nuestra presencia. La Verdad como causa final y el punto Omega del jesuita Teilhard de Chardin, tienen una curiosa proximidad con las conjeturas de la física teórica sobre el antropismo fuerte y débil. Lo expulsado retorna.

4.

Refiriéndose a las investigaciones en el campo de las partículas Hawking nos habla de recorridos e interferencias constructivas y destructivas, de tal modo que “el universo no tiene una existencia única o una historia única, sino que cada posible versión del universo existe simultáneamente en lo que denominamos una superposición cuántica”. Dada una condición inicial se hacen posibles un conjunto de recorridos o historias para una partícula. En cada uno de estos recorridos se darán las interferencias de los otros recorridos posibles, de manera simultánea. No puede dejar de llamarnos la atención la proximidad de este modelo con el funcionamiento del parletre: un recorrido de vida efectuado recibe las interferencias, consonantes o disonantes, de un conjunto de versiones o historias fantasmáticas. Freud afirmó esta condición sincrónica en su teoría de las series complementarias. En el nivel de las partículas el sujeto reaparece como interferencia: la del “observador” que ilumina el objeto. ¿No reconoció Lacan, en una luz intermitente, la presencia del sujeto en el movimiento de las partículas del tráfico de Baltimore, destacando la actividad no objetivable de pensamientos, incluido el suyo? Para el físico el automaton es suficiente, para el psicoanalista la tyche subjetivante hace la “diferencia absoluta”.

5.

También podríamos hablar de la interferencia entre el significante y el sentido, del hecho por el cual cada uno perturba al otro. En el recorrido efectivo de la enunciación hay simultáneamente otras enunciaciones posibles que no se actualizan, pero que interfieren, constructiva o destructivamente, en el recorrido final. ¿Hay un isomorfismo con los mecanismos de la represión, el rechazo, el desmentido, la condensación y el desplazamiento? ¿Y qué decir de la topología lacaniana de los registros que se van trenzando? Entre ellos se producen cruzamientos, anudantes o fallidos. ¿Y el sinthoma mismo no viene a ser la interferencia constructiva por excelencia?

6.

En el libro El fin de la ciencia John Horgan nos describe algo de la comunidad de los científicos, y de sus apasionadas polémicas en torno a las preguntas mayores. Los límites impuestos por las tecnologías exploratorias son rebasados por las conjeturas de una física que Horgan califica de “irónica”. Hawking es uno de estos científicos irónicos cuando dice querer llegar a descifrar el pensamiento de Dios. La teoría unificada para Hawking toma la forma de una esfera sin comienzo ni final, y por tanto sin creador, es el proyecto de un fantasma sin fisura, del tapón que rellena definitivamente el agujero como diría Lacan (Seminario La Ética del Psicoanálisis). Si el psicoanálisis perdura en su extimidad respecto a la ciencia es porque el enigma forcluido retorna en la experiencia analítica como un nudo insensato.

Abril 2013

¿Transmisión en red del psicoanálisis o gorjeos al vacío?

Por: Carlos Silva Koppel

El psicoanálisis se ensambla a manera de rizoma en la cultura occidental, más allá de la práctica clínica -como lo heredan Lacan y Freud con los aportes de su obra-, para insertarse como elaborador de agujero ahí donde el discurso de la época hace suponer que no existe.  El psicoanalista da cuenta de ello, que cada época no es igual a la otra y hace prevalecer el discurso del analista, es la labor bajo cuestión. 

El trabajo que llevo en curso a orillas del psicoanálisis, no me permite dejar pasar por alto hacer un señalamiento especial sobre una red social virtual y mencionar cómo el psicoanálisis podría confundirse en este espacio infinito, con todo lo demás.  En la historia del psicoanálisis, y básicamente para el pensamiento occidental, la correspondencia ha sido un sustrato importante para su asentamiento; convenientemente, el internet más que la viciada definición de telecomunicación o herramienta, para alguien iniciado en el psicoanálisis es la continuidad de la inveterada práctica de correspondencia, partiendo además de que el acto de comunicar es imposible, más aún telemáticamente.  Dicha correspondencia se lleva cabo a través de blogs y correos electrónicos.

Twitter, al igual que Facebook, es una red social virtual con la característica que solo permite escribir 140 caracteres; donde complementariamente pueden hacerse encuestas, subir fotos (…) en general tiene sus dinámicas. 

redes

Está en cuestión si en 140 caracteres se puede enunciar algo que no quede en el olvido o que penetre algún lugar del inconsciente.  Muchos psicoanalistas han reconocido una población, donde pueden dar testimonio de una elaboración y una práctica, o simplemente compartir algo, que ya lo dejaría en entredicho. También se hacen referencias a hipervínculos a blogs –como lo suelen hacer algunas instituciones del psicoanálisis–, donde ya hay algo más elaborado y quien pase por ahí a querer ver y comprender, es otra historia. 

En Tw (Twitter) se exige crear un perfil, un personaje, con foto e identificación: en este caso el psicoanalista, que se anuncia como tal.  Los demás usuarios pueden seguirlo o no, teniendo incluso la fantasía de que tienen algún contacto con el personaje, “famoso” o no.

redes 2

Es interesante lo que aquí sucede, porque en Twitter todos están sordos.  Es un hábitat reconocido por el mercado y el mercado político, considerado como un espacio de consumo y opinión “serio”, en el sentido de lo que ahí se dice, tiene condición de verdad y hace eco.

En Ecuador por ejemplo, se toman muy en cuenta los ratings de opinión y popularidad, además de lo que se publica; también se puede mencionar el gran fracaso de varias estrellas del Twitter, que se lanzaron como candidatos políticos en elecciones; o también podemos recordar los cargos legales llevados a cabo por comentarios hechos allí.  ¿Cómo ubicar la falta en ese discurso sin caer en la trampa?

Un tweet es un trino.  Y Twitter es eso, un conjunto de gorjeos en acción: todos están piando ¿Pidiendo?.  Sin duda, es un terreno fangoso, un bosque oscuro donde no se diferencia a un búho de un cuervo, a un sabio de un picador.  Es un espacio siniestro que sin lugar a dudas, virtualmente existe como aparato discursivo.  Su cualidad de ficción, asevera algo sobre el sujeto, pero el psicoanálisis ahí solo puede hacer acto de perfil para el hipervínculo a la falta.

EL SULTÁN Y LA BAILARINA, O LA DONA DE LYNCH

Antonio Aguirre Fuentes

dona

LO AMO… NO, NO LO AMO, LO ODIO

Hay una fábula que le interesaba a Lacan. Un sultán se aburría, sumido en el hastío y la tristeza. Una bailarina danza para animarlo. Saca un velo cada vez que la demanda del sultán se oye: “Más”. Uno a uno, y no queda ninguno. La voz del sultán exige: “Más”. Los siervos desollan a la bailarina. 

Freud entendió muy bien que la cultura, en el llamado Occidente, ha inhibido la expresión agresiva de la pulsión de muerte. Se traduce en una severidad del superyó, que se expresa en sentimientos de culpa y en una necesidad de castigo inconsciente. El Eros, favorable a la sociabilidad, ha corrido un destino distinto. La vida licenciosa de la modernidad lo atestigua. El ideal de hoy es pacifista, sensible, feminista, ecológico, no agresivo, radicalmente hoplofóbico. La culpa y la deuda siguen su acumulación. Continentes, pueblos, generaciones, culturas, religiones, etnias, siglos enteros de víctimas, señalan acusadoramente a las metrópolis del capitalismo, la ciencia, el arte  y la corrupción moral. Es el fantasma de un estado pre-apocalíptico. 

En el Otro lugar las cosas son el reverso. La severidad aplasta las conductas eróticas, las prohíbe, las regula matrimonialmente. Las mujeres son vigiladas y castigadas redobladamente. Pero hay un camino libre para la pulsión destructora, cuando se dirige al “infiel”, al apóstata: la guerra santa. Incluso con la espada. La gramática pulsional que nos enseñó Freud viene al caso: amo al Occidente corrupto; no, no lo amo, lo odio; el Occidente me odia. 

El diagnóstico social en “Occidente” está afectado por sus represiones y sus debilidades. Calcula la economía, hace contabilidad, mira la distribución y concluye en que la injusticia está allí. La política se concibe, Lenin dixit, como la economía concentrada. Soslaya la dimensión del poder como un fin en sí mismo. Si Freud, en su Psicología de las Masas, destacó el papel del líder y la identificación, esto se relega como secundario, hasta irrelevante, en la causalidad moderna y posmoderna. Cuando Lacan dice que la Iglesia toma sangre nueva del marxismo, reconocemos el sentido de las palabras del Papa: detrás de la guerra santa está el dinero y el poder. Permanece en el terreno del principio del placer, y de su aplicación, el principio de realidad. El psicoanálisis ve un “más allá”.

Cuando la malla simbólica se rompe, cuando el tejido del sentido imaginario se agujerea, Lacan advierte la aparición de la figura feroz del superyó (Escritos 1). Esta es la interpretación que se puede encontrar en la fábula del sultán pornógrafo y la bailarina desollada: el cuerpo de la belleza desgarrada da a luz el signo mortífero de la calavera. 

La licuefacción posmoderna del tecno-capitalismo global, de la civilización occidental, no prosigue indefinidamente. El contragolpe viene con las máscaras del racismo, el fascismo, los odios étnicos y religiosos, y por último, el reconcentrado antijudaísmo que apunta a Israel, el pequeño Satán incrustado en la tierra santa del Islam.

Un colapso de cualquier lugar en el campo de la modernidad capitalista, democrática y liberal, no verá la aurora emancipatoria, ni de una “multitud”, ni de un “pueblo”. Sólo el encumbramiento de un amo, uno de verdad, lo cual también es una mala noticia para los psicoanalistas.

EL UNO ABSOLUTO Y EL UNO DE LA DIFERENCIA ABSOLUTA: EL OTRO ATEÍSMO.

Tenemos una condición que no ha sido suficientemente pensada respecto al Islam. J.A.Miller la detecta cuando nos dice que  esta religión no tiene un Dios-Padre, a diferencia del judeo-cristianismo. No hay padre, no hay una historia de pecado y redención, no hay un hijo que salva y se sacrifica sufriendo. El Dios-Padre del judeo-cristianismo escucha y perdona. El teólogo protestante Jacques Ellul atribuye a esta divinidad una interlocución amorosa, mientras que el Corán pone por delante la sumisión al Uno impersonal, a la “soberanía solitaria de Alá”. Paul Berman rastrea el Uno hasta Plotino, buscando las raíces del “Tawhid” del Estado Islámico. El carnaval que celebraba la caída del padre se ha interrumpido con la sorpresa de un Dios-Uno, que retorna con “su pasado funesto”.

El paraíso de los yihadistas les promete 72 vírgenes. Freud interpreta la Medusa, con su cabeza de abundantes serpientes como un signo de la falta, de la castración. El Islam sabe secretamente que La Mujer no existe, hay que arreglarse con una.  Su oferta de 72 mujeres lo delata. El mártir tendrá que armar, sin esperanza, este puzzle con 72 piezas para hallar a La Mujer. Que La Mujer no existe es la versión lacaniana del ateísmo. 

La discordia básica del mundo la fabula también Freud, apelando a El Rey Lear, de Shakespeare. Separado de su madre el hombre busca en una mujer lo que ha perdido y sufre la decepción de un arreglo imposible. Sólo la madre tierra en la muerte acoge al sujeto en un matrimonio perfecto. El mártir islamista, sin soportar la vida, culpable de su fascinación por la infiel adúltera y prostituta, se embarca en la legión del lazo sublimado homosexual y guerrero. 

El Uno del Islam, el Uno absoluto, el agujero no del inconsciente sino de la muerte (Lacan, Carta a la Escuela), el Dios oscuro sin reverso paterno, ¿qué quiere? El clero asesino, como lo llama JA Miller, hace hablar al Dios: quiere sacrificios humanos, autoinmolaciones. Los yihadistas son objetos desechables, pedazos de carne.

Por la vía de la transferencia analítica se va a otro absoluto. No el de todos, ficción de un Uno ideal siniestro, sino el que hace la diferencia absoluta del goce de un sujeto. Uno-por uno. El analista, que ocupaba el lugar del objeto, al final será el mediador que se desvanece. El cineasta David Lynch pide algo con lo que estaría de acuerdo Lacan: hay que concentrarse en la dona, no en el agujero. Sabiendo que está allí. 

Imagen tomada de: http://pijamasurf.com/2015/12/enigmaticos-consejos-de-filosofia-de-david-lynch-manten-tu-ojo-en-la-dona/

Comentario del texto El cogito lacaniano y el cuerpo de Leonardo Gorostiza (1)

Por: Ana María Haddad A.

cogitoLa lectura del  texto de Leonardo Gorostiza titulado  “El cogito lacaniano y el cuerpo” me anima a ahondar en la lectura de las distintas  variaciones del cogito cartesiano que produjo Lacan a lo largo de su enseñanza.

Intento desarrollar esta secuencia a partir de una conferencia (2) y un artículo (3) de Marie-Helen Brousse quien ha profundizado sobre la relación de “El cogito cartesiano y el cogito Lacaniano” y quien ubica la importancia para la teoría psicoanalítica a partir de sus estudios filosóficos y psicoanalíticos.

¿Por qué Lacan retorna el cogito cartesiano una y otra vez en la elaboración de su teoría?

En su conferencia MH Brousse, menciona que para Lacan el cogito  es un recurso para el avance de la teoría analítica,  y hace un desarrollo de la importancia del  tiempo de Descartes para decir que “el criterio de la verdad cambia de acuerdo a la época”.  Comenta que Descartes cerró por siglos la cuestión de la verdad en relación con la constitución de los saberes. Antes el criterio de la verdad era el dogma religioso. La referencia religiosa como criterio de medida de la verdad y de la certeza desaparece a final del siglo XVI y principio del siglo XVII. Lo que viene como desafiando a este criterio religioso de la verdad es la ciencia.  Descartes dio una base, un marco que sigue funcionando desde el siglo XVII hacia más o menos finales del siglo XX”.

Señala que en la actualidad estamos en un momento de apertura de la cuestión de la verdad como en el siglo XVII y menciona dos razones:

La primera “porque estamos al siglo XXI en un momento en que el cogito no puede funcionar, deja de funcionar como el fundamento del orden simbólico nuevo”.

Y la segunda razón es que hay otros dos ejes utilizados por Lacan en Descartes: la referencia al cuerpo por un lado, el cuerpo reducido a un espacio y, por otro, la cuestión de las máquinas, el cuerpo máquina.

Brousse ubica entonces tres elementos retomados por Lacan a lo largo de su enseñanza: el cogito, el cuerpo vacío del espacio y el cuerpo máquina, tal como lo menciona de alguna manera en su artículo Leonardo Gorostiza.

En su artículo “Variaciones sobre el cogito”, MH Brousse antes de iniciar su recorrido por las variaciones  realiza una introducción sobre las versiones cartesianas:

En el Discurso del método: “pienso, luego soy”

En las Meditaciones metafísicas: “Yo soy, yo existo” (4)

Continuar leyendo: COMENTARIO DEL TEXTO EL COGITO LACANIANO Y EL CUERPO