Archivo de la categoría: XI Congreso AMP

El discurso del amo y la Escuela

Por: Piedad Ortega de Spurrier

*Producción presentada en el Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis del 2 al 6 de abril de 2018, Barcelona-España. 

Que el discurso del amo, en su pacto con la ciencia sostiene un régimen del “para todos”  nos confronta con una antinomia frente al discurso psicoanalítico al plantearlo como su reverso. Frente a sus embates, hay que repensar cuáles son los resortes de ese discurso y replantearnos nuestra clínica y nuestra política.
La Escuela como un enclave refiere a un lugar recortado en el interior de un territorio con su propio orden y funcionamiento, permite a los psicoanalistas pensar y elaborar maneras de cómo hacer existir el Psicoanálisis allí donde prevalece el discurso del amo.

Sabemos con Lacan, que el saber disyunto del inconsciente es extraño al discurso de la ciencia en tanto ideología de la supresión del sujeto bajo el rechazo a la castración o a la imposibilidad.

Cuando se expulsa la imposibilidad no hay descompletamiento, solo queda una Voluntad de goce que impide al sujeto dividirse bajo la condición de la verdad y en un movimiento circular que parece consumirse a sí mismo sin encontrar una solución dialectizable.
Este ideal de “Everything is possible”, es muy distinto al discurso del Psicoanálisis que denuncia su condición de semblante. Es difícil dirigirnos a aquellos que se autorizan de los mismos, pero no vamos a renunciar a la denuncia de algunos “falsos semblantes” de la manera que convenga en cada ocasión, desde la fuerza de apoyo a determinadas movilizaciones hasta con la finura de una ironía hay acontecimientos que ponen en riesgo la existencia del Psicoanálisis, que se producen en el campo de la polis y en el mundo “psi” cuando es arma de control social.

El Psicoanálisis mantiene una ventaja marginal si se orienta por el síntoma, al hacernos cargo de “lo que no marcha” en su retorno cuando se promueve el ideal de la unicidad. Promover una lectura sintomática que objeta al cálculo de lo instituido, es bordear el agujero de lo imposible en un esfuerzo de metonimizacion que dinamice ese encuentro con lo real.
También la vida de la Escuela no excluye lo real, momentos de crisis  en los que es posible inventar un saber sin totalizarlo. Se trata de que ante esos encuentros, se busque modalidades  de “saber hacer ahí con”.

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“No hay experiencia de Escuela sin experiencia analizante”: ¿Cómo hacer existir la Escuela en lo múltiple?

Por: Piedad Ortega de Spurrier

*Producción presentada en el Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis del 2 al 6 de abril de 2018, Barcelona-España. 

La experiencia analizante nos confronta con una radicalidad esencial, la de la soledad cuando se capta que el sujeto ha recibido su propio goce, cuando creía que se trataba del goce del Otro. Así se concluye que el goce es pulsional y autoerotico.

Si el psicoanalista está definido por su soledad. ¿Por qué habría de formar parte de una comunidad, en este caso, la Escuela?

Si el Psicoanalista busca la Escuela para aliviarse de su soledad y encontrar una complementariedad entre sus miembros, la Escuela se tornará en un objeto idealizado, pero imposible. Esto nos permite respondernos por qué las comunidades psicoanalíticas tienen la tendencia a convertirse en imposibles y con dificultades para sostener la causa analítica y con ello, renunciar a la experiencia del inconsciente.

Lacan inventa una comunidad analítica para continuar la experiencia analítica. Su objetivo se opone a la conformación de un conjunto. Se trata más bien de una serie de soledades que en la singularidad de cada una, sostienen una causa: el Psicoanálisis.

Para esto, el psicoanalista tiene que hacerse causa en dos vertientes: con cada uno de sus analizantes como causa de su deseo, para iniciar y sostener la experiencia analizante, y para sostener la vigencia del Psicoanálisis con una oferta renovada en la supervivencia del síntoma bajo las coordenadas actuales.

La orientación Lacaniana no es sin la Escuela y no hay Escuela sin el pase. ¿Que quiere decir esto?

Que los analistas no pueden quedarse satisfechos con decir “Soy analista” o “Yo me autorizo de mí mismo”.  La Escuela pide que consientan a que otros verifiquen  su existencia a partir de la transmisión efectiva de la experiencia en devenir analista y que esos resultados puedan ser conocidos por todos aquellos que se interesan en el Psicoanálisis.

Es otra manera de mantener su rigor y su existencia, porque cada testimonio en su transmisión, sostiene lo más vivo de la experiencia al intentar hacer pasar lo más singular de cada uno a la colectividad, que pueda servirse de esos hallazgos en el ejercicio de mantener abierta la existencia del inconsciente y también de ese más allá, convocado desde la palabra misma.

Es al síntoma como resto que se le propone un nuevo destino bajo la forma de una transferencia de trabajo para el analista que se ha producido al final de la cura.
La orientación lacaniana también nos plantea que si el final del análisis se circunscribe en lo incurable del síntoma, es algo de lo que el analista que devino de esa experiencia debe hacerse cargo. Hacerse responsable de ese goce autista y encontrar las formas más convenientes de insertarlo en el vínculo social, en su beneficio y para el Otro de la comunidad analítica. Por esto el affectio societatis obedece a una posición ética.

En suma, la orientación lacaniana conlleva la asunción de la soledad del acto analítico y la necesidad de inventar formas de estar en comunidad donde la singularidad de cada uno pueda ser soportada y no se convierta en un obstáculo a la transmisión de cada uno.

Cada uno de los que participamos en las sedes, delegaciones y grupos asociados debemos pensar cómo, desde la particularidad de cada lugar y la singularidad de cada uno, hacemos posible un trabajo que sostenga el discurso del Psicoanalista y verificar si nos deslizamos a otros discursos que podrían producir un taponamiento del inconsciente, que nos podría llevar a llenarnos de actividades de forma apurada sin pensar a donde nos conducen.

Tenemos que estar claros que la Escuela como sujeto, no es tanto la acumulación de saber o la transmisión, más afines con los proyectos universitarios, sino que es un lugar donde cada uno encuentra un real inasimilable a lo simbólico,  experiencia que devuelve a cada cual la condición de sujeto dividido al producir ese movimiento dinámico que es el deseo de saber. La Escuela puede así convertirse en una experiencia subjetiva.

La perspectiva del síntoma permite preguntarnos si en cada una de nuestras actividades y en los modos de inserción en la Escuela y fuera de ella hacen posible la existencia del Psicoanálisis.

Aprovechemos esta oportunidad para interrogarnos.

 

Amor y sexo

Por: Piedad Ortega de Spurrier

*Producción presentada en el Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis del 2 al 6 de abril de 2018, Barcelona-España. 

El amor apunta al sujeto en cuanto le suponemos una frase articulada,  algo que se ordena  o puede ordenarse con toda una vida, hay que remarcar que un sujeto en tanto tal, no tiene mucho que ver con el goce pero que su signo  puede provocar el deseo.

Entonces siguiendo a Lacan ¿Dónde se juntan el amor y el goce sexual? Si entre los sexos en el ser que habla no se da la relación ¿Qué es lo que la suple?  Freud nos lo anuncia con el Eros, como esa función del dos vuelto en uno. Es por la vía del inconsciente y no de la relación sexual que se produce tal sustitución, ese es el destino del amor, pero también constituye su drama y telón de fondo en que se despliega la experiencia analítica.

Si Freud ubicaba en el amor al padre la causa de la neurosis, la intuición de Lacan se desplaza a lo que sucede entre los hombres y las mujeres, por esto pone su atención en aquellos que parecen no poder establecer dicho lazo, esto es en la psicosis. De esta manera Lacan nos trasmite como el amor en la psicosis permite aclarar los asuntos del amor en general, Miller destacará que el amor linda con la locura al señalar la escasa diferencia entre amor y erotomanía.

¿Qué sucede con el amor y el goce cuando no se encuentran ordenados por el Nombre del Padre? La propuesta de Lacan para responder a esa pregunta es pasar del orden a lo nodal.

Sus “tres”, que nos legó, el nudo borromeo, permiten leer como cada quien podría anudar a su manera lo imposible en la escritura de la relación sexual con aquello posible a escribir del saber inconsciente. Síntoma o suplencia, sea en la neurosis para hacer existir la no-relación sexual, sea en la psicosis en la posibilidad de un dispositivo que le permita a un sujeto defenderse contra lo intolerable del deseo del Otro. Por ende, el amor no es privativo de la neurosis, también es posible en la psicosis aunque si hay que destacar su existencia problemática.

El amor liga a un “uno” con otro “uno” en el que es posible reconocer el placer que llama a la re-unión en la realización amorosa. Cuando el amor se ubica del lado de la vida, consiente a algo que no se deja circunscribir dentro de la palabra amorosa o en los efluvios del sexo. Se hace evidente la presencia ineludible de una falta que da cuenta del deseo y de lo real. Cabe destacar que el sexo, al hacer resonar la falta, al no poder reabsorberse a través de las representaciones o en los destellos del goce, constituye un agente perturbador en la relación amorosa. El sexo introduce así un desacuerdo en la dimensión del goce que separa al amor del Otro.

El amor en el registro imaginario vela esta antinomia. Así, el amor neurótico no está exento de dificultades. Los modos de hacer con la falta en el amor son ampliamente formalizados por Miller en su texto “Los laberintos del amor” de 1992.

Las posibles coordenadas del amor en la psicosis son muy complejas, porque hay una carencia radical de la significación fálica, la dialéctica del deseo no es accesible y en consecuencia se aprecia una ausencia de defensas contra el deseo del Otro. Al mismo tiempo no se pone en juego un goce localizado en el Otro, ni un tratamiento de la falta y de la ausencia, por no contar el sujeto con el uso del semblante para suplirlas. Aun así Lacan sostiene que es posible el amor en la psicosis, al que lo califica “muerto”.

Es claro desde Freud, que el delirio puede ser “amado como a sí mismo” o amarse como un ideal, al punto de ocupar el lugar del partenaire.

Hay que destacar que el amor en la psicosis se apoya en identificaciones imaginarias rígidas, que ponen al sujeto en riesgo cuando esos otros al que se identifica se encarnan en el partenaire, en cuyo caso la distancia con él, desaparece y surge el estrago o lo peor.  

Sigamos el hilo, de los signos discretos, de enganches y desenganches, de las “desconexiones sucesivas”, hasta sus modos de compensación y de soluciones imaginarias.  El amor y la sexualidad también pueden producir suplencias y una relativa homeostasis.

Piedad Ortega de Spurrier

Entrevista a Clara María Holguín (NEL)

Realizada por Ana Viganó (NEL, México)

Para acceder a la entrevista de clíck aquí

Reseña del viernes de Escuela: 17 de noviembre de 2017

El viernes 17 de noviembre en el ámbito de los viernes de Escuela, orientados a la preparación del Congreso de la AMP que se realizara en Barcelona la primera semana de abril 2018, propuse trabajar tres artículos del Pappers # 1.

Elena Sper

El artículo de Sophie Gayard de la efc. Se titula “La psicosis ordinaria, un Jano de dos cabezas”

En este texto puntúo elementos importantes en relación a las psicosis ordinarias como por ejemplo la invitación a los analistas a agudizar en la clínica su atención a la búsqueda de “signos discretos” de índices ínfimos que permitan detectar psicosis que no lo parecían, ordinarias y no extraordinarias, en todo caso en sus manifestaciones sintomáticas.

Ubicando la concepción de la psicosis a partir de la froclusion del NP en la tesis del inconsciente estructurado como un lenguaje, nos ubica en el binario neurosis/psicosis que repercute en el binario presencia/ausencia de un significante en la estructura de la cadena. La causalidad es entonces lingüística.  Pero en el camino que va de la clínica estructural a la clínica borromea la Psicosis ordinaria inscribe un jalón. Dice Gayard en como un “Jano de dos cabezas” que puede girarse de un lado y del otro, constituyendo una vez mas no una transición sino más bien un punto de pivote que permite percibir el giro de la perspectiva que opera Lacan “Poniendo el redondel de cuerda en el lugar del uso que daba al significante”.

Por ese camino nuestra atención en las psicosis ordinarias se traslada entonces de un ¿qué es lo que no marcha? A un ¿cómo se sostiene?

Es decir, orientarnos en las singularidades de las soluciones y de los bricolajes de cada sujeto para sostener el nudo de lo simbólico, imaginario, y real.

Segundo texto

El texto de Vicente Palomera-elp, en el mismo Papers #1 se titula “Signos Discretos interesantes” es un texto que me llamo la atención por su título, porque lo que puntúa Palomera es que el hecho de tomar los “fenómenos discretos” como signos pone al descubierto los significantes que le son más propios al sujeto. Estos signos discretos pueden pasar desapercibidos por ser pocos llamativos y muchas veces de una banalidad notable.

Por tanto, cito “habría que tomar en cuenta que los signos discretos en las psicosis, por más sosos o humildes que sean, resultan ser interesantes, siempre que sigamos la exhortación de Lacan de abstenerse de comprender y no borremos ese momento de perplejidad que los signos discretos pueden evocar por mas insulsos que puedan parecer.”

Así Palomera en este texto nos indica que lo que encontramos en las psicosis ordinarias, es el hecho de que las relaciones con la lengua, efecto de la forclusion, más que remitir a los trastornos de lenguaje propios de las psicosis clásicas, nos hablan de la especificidad de determinadas funciones del lenguaje. La cuestión es saber cómo logra cada uno “hacerse” con una lengua propia a partir de la lengua ordinaria.

Sería un modo de anudamiento diferente de la metáfora delirante, como la clásica referencia a Joyce, que no se trata en ningún momento de interpretar el sentido de su obra, lo que interesa aquí es interpretar su posición de goce, interesándose por los medios con los que obtiene el goce. Si bien su escabel es el juego de la letra fuera de sentido, hay que decir, “si, pero no fuera del goce”.

Tercer texto

Así encontramos también en un tercer texto de los Papers #1 de François Anserment de la- nls titulado “Warburg entre invención y descubrimiento”, la invención como una salida posible, sintomática, para la psicosis.

Una invención privada que puede quedarse como un bricolaje propio del sujeto, pero también puede manifestarse con un alcance que va bastante mas allá: una invención privada que puede resultar en un descubrimiento. Es el caso de Aby Warburg, historiador de Arte fundador de una corriente importante que no han dejado de referirse a él, de llevar su nombre. Sus sorprendentes interpretaciones de Historia del Arte abrieron el camino a toda una escuela innovadora permitiéndole al mismo tiempo superar sus insoportables tensiones mentales que le atormentaban.

Warburg vivió el desencadenamiento de un estado psicótico en 1.918. Después de la derrota de Alemania y la caída del régimen, se sintió acosado, perseguido, llegando a amenazar a su familia con un revólver con el objetivo de hacerlos desaparecer a todos para permitirles escapar al destino que imaginaba. Hospitalizado primero en Iéna, fue trasladado en 1.921 a la clínica Bellevue, dirigida por Louis Binswanger, en Kreuzlingen, cerca de Zurich. Presentaba a la entrada un estado psicótico grave acompañado de una excitación psicomotriz intensa que requería un internamiento en régimen cerrado. Como consta en su historia clínica: “Graves ideas delirantes persistentes: la col rizada es el cerebro de su hermano, las patatas son las cabezas de sus hijos, la carne es la carne de miembros de su familia…no debe comer los panecillos del desayuno, ya que si no es a su propio hijo a quien come”.

El mismo Kreaepelin había ido a la clínica Bellevue en 1.923, participando en la discusión del diagnóstico diferencial, y haciendo que se optara finalmente por el diagnóstico de un estado mixto maníaco-depresivo, al subrayar también que él no consideraba que la patología de Warburg fuera irreversible. Esta posición de Kraepelin respecto a un “diagnóstico absolutamente favorable” fue desde luego un factor que contribuyó a una curación posible de Warburg, sin perjuicio de que fuese infinita.

De esa forma Warburg intento una apertura hacia lo que podría llamar Agamben “una ciencia sin nombre”, una ciencia de la cultura que traspase los límites de las ciencias de su época, al anudar Historia del Arte, Antropología, Etnología, Mitología, Psicología, incluyendo una referencia a la Biología.

Es en la exploración de los puntos de fractura, de los intervalos, de donde surge lo nuevo, en un contexto de repetición. Para Warburg el símbolo y la imagen pertenecerían en efecto a una esfera intermedia – Zwischenraum, otro concepto introducido por Warburg – una especie de no man’s land en el centro de lo humano que conduce a Warburg hacia una “iconología del intervalo”: intervalo entre las causas y las imágenes, entre las emociones y los símbolos.

Hacia al congreso sobre Psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia

Estimados Colegas y Amigos

Este Viernes de Escuela, 1 de diciembre, seguiremos con la preparación hacia al congreso sobre Psicosis ordinarias y las otras bajo transferencia, exposición a cargo de Rodolfo Rojas.

Sede de la NEL, 17h.

Un cordial saludo,

El directorio

Discontinuidad – Continuidad
Jean-Claude Maleval –ecf

El Nombre-del-Padre sufre profundas revisiones en la enseñanza de Lacan, inicialmente
significante de la Ley, inherente al Otro, se aligera hasta el punto de no ser más que
aquel cuya nominación soporta el sinthome. ¿Hay que concluir que la forclusión del
Nombre-del-Padre cesa de ser apta para aprehender la estructura de la psicosis? Para
nada, puesto que es el Nombre-del-Padre, afirma Lacan, en 1975, el que “del triskel,
hace nudo”1 . Su función de anudamiento de los elementos de la estructura subjetiva
sigue siendo un dato constante. La acepción primera del término forclusión, que
colocaba el acento sobre la exclusión de un significante, tiende a ser suplantada por la
noción de falla del anudamiento borromeo. Nada indica que en su última enseñanza
Lacan recuse este concepto, por el contrario él afirma, aun el 16 de marzo de 1976, que
si la forclusión puede servir es, ante todo, cuando se pone en correlación con el Nombredel-Padre, incluso si este parece “a fin de cuentas, algo leve”2 .

La aprehensión Lacaniana de la estructura psicótica conduce a una aproximación
continuista en el campo de la clínica de la psicosis. Existe, señala J.-A. Miller, “una
gradación en el interior del gran capitulo psicosis”3. Las formas de pasaje entre
esquizofrenia, maniaco-depresiva y paranoia no son raras4. Conviene ahora agregar la
diversidad clínica de la psicosis ordinaria con la posibilidad de mutaciones inherentes al
“gran capitulo psicosis”. Sin embargo, la clínica borromea no es continuista sino bajo
ciertos aspectos. La continuidad de la cual se trata no es de la que sugiere pasajes
posibles de la neurosis a la psicosis y viceversa. No hay continuidad sino sobre la base
de la forclusión generalizada, la cual es común a todo parlêtre. “La oposición, subraya
Zenoni, no es ya entre locura y no locura, sino entre una diversidad de ‘locuras’ respecto
a una norma que falta, respecto a un real sin norma y sin brújula que es el sino de todo
parlêtre”5 . Cada uno está obligado a inventar lo que puede, estándar o no, universal o
particular, para hacerle frente al agujero de la forclusión generalizada. En este sentido,
la distinción entre neurosis y psicosis no es pertinente, ya que lo que cuenta es la
invención del sujeto, la suplencia que él está o no en condiciones de elaborar.

Lo importante viene a ser el anudamiento propio del sujeto. Además, lo que es continuista
es la ausencia de norma para decir el goce. Para cada uno la comunicación no está
completa, para cada uno no hay relación sexual. Cada quien está obligado a inventar los
síntomas para limitar el goce: “Esto es válido de manera transestructural, subraya
Stevens, es verdad tanto para la psicosis como para la neurosis, y es acá que tenemos
con el ultimo Lacan una clínica que se puede llamar continuista”6 .
Si es legítimo sostener que el delirio es común a todo parlêtre, es en razón del vacío de
referencia, lo que Lacan escribe Ⱥ, y lo que J.-A. Miller llama “forclusión generalizada”.
Hay que recordar que esta noción no tiene nada en común con la tesis kleiniana de la
universalidad del núcleo psicótico. No hay clínica de la forclusión generalizada: esta vale
para todo parlêtre, psicótico o no. Existe en cambio una clínica de la forclusión
restringida, la del Nombre-del-Padre. La distinción entre delirio edípico y delirio
psicótico se opera a partir de signos clínicos que testifican o no de la propiedad
borromea.

La forclusión generalizada implica ciertamente una cierta perspectiva continuista. Todo
parlêtre está obligado a inventar para hacer frente a la inexistencia del Otro. Cada uno
debe acomodarse con la ausencia de relación sexual. Esta es transestructural. Sin
embargo, se da un paso más cuando se argumenta en favor de una clínica continuista
para borrar la diferencia entre neurosis y psicosis, resaltando al sinthome como su base
común. Es conveniente precisar que éste es infra-clínico, él se sostiene del S1 que
implanta el goce del sinthome, inherente a una lalengua por debajo de la norma social.
Ahora bien, cuando nos situamos a nivel clínico, resulta que el S1 que está en el principio
del síntoma neurótico no posee las mismas propiedades que las del S1 sinthome de un
psicótico ordinario como Joyce. Lacan indica que este último está “desabonado del
inconsciente”7 y su escritura permite despejar la esencia del síntoma en un S1 solo, que
no hace llamado a los S2. El inconsciente es alojado por Lacan en el Otro, mientras que
el sinthome se arraiga en lo Uno, por consiguiente él no es una formación del
inconsciente: él constituye la parte inanalizable del síntoma. Desde los años 50 Lacan
consideraba que el síntoma del psicótico “está claramente articulado en la estructura
misma” revelando “los determinantes más radicales del hombre con el signifcante”8.
Por el contrario, el síntoma neurótico porta un velo sobre esto: él está abonado al
inconsciente, el S1 se conecta ahí a los S2, lo que produce efectos de metáforas
interpretables. La forclusión del Nombre-del-Padre puede traducirse, observa J.-A.
Miller, como “la forclusión de ese S2 que permite al neurótico descifrar todo sin
perplejidad”9, ella hace posible la emergencia de un “elemento simple, aislado y distinto
de un anillo”10 en la base de los fenómenos elementales. Forclusión del S2 en lo uno,
conexión al S2 en el otro, en consecuencia el sinthome psicótico no es el fundamento
clínico del síntoma neurótico, mientras que la distinción neurosis-psicosis continúa
siendo importante en la conducción de las curas. Todo el mundo delira pero la estructura
psicótica sigue siendo la prerrogativa de ciertos parlêtres.

A pesar de esto, en 2008 J.-A. Miller se muestra menos afirmativo en cuanto a la
diferenciación de la neurosis y la psicosis. El considera que “la incidencia del concepto
de sinthome es profundamente desestructurante”, de manera que “borraría” las
fronteras clínicas. Borrarlas no parece, a pesar de todo, hacerlas desaparecer. La
distinción neurosis-psicosis recuerda J.-A. Miller, descansa en “una distinción
significante: la presencia o no del Nombre-del-Padre. Pero, de hecho, eso se traduce por
una tipología de los modos de gozar. O hay en la neurosis un condensador de goce,
estrictamente delimitado por la castración, que es lo que Lacan escribe a sobre menos
phi. O hay desborde; no existe el límite de la castración, y por lo tanto el modo de
presencia del goce es desplazado, es aleatorio, y en general excesivo; y perturba –entre
comillas- la armonía, hasta la circulación social. La distinción neurosis-psicosis se refleja
como una tipología de dos modos de goce cuyas fronteras parecen, en este nivel,
singularmente móviles. Dije […] exceso, pero por algo Lacan llamó al objeto a objeto
plus-de-gozar: y es que el goce en sí mimo implica un desborde. Además, su
investigación sobre la sexualidad femenina también lo condujo a considerar que el goce
femenino no tiene la localización estable de la sexuación masculina”. De acá una
conclusión equilibrada, que da un paso hacia una clínica continuista radical pero sin
franquearla: “la distinción neurosis-psicosis es operatoria a nivel significante, pero lo es
mucho menos al nivel del modo de gozar”11. El borramiento de la distinción se puede
entender como un velo colocado sobre esta y no como su desaparición. Algunos meses
antes, en Mayo 2008, J.-A. Miller lo mostraba de manera más precisa: “dimos más
flexibilidad a la oposición neurosis/psicosis, recordaba él, al indicar que desde cierto
punto de vista esta diferencia se atenuaba”12. La flexibilidad de la oposición y el que se
diluyan las tablas clínicas no llega sin embargo a invalidar las diferencias estructurales
anteriorme
……………………………………………………………………..
1 Lacan J., El Seminario, Libro 22, R.S.I., clase del 15-4-75, inédito.
2 Lacan J., El Seminario, Libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 119.
3 Miller J.-A., Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Buenos Aires, Paidós, 2008,
p. 395.
4 Maleval J.-C., La logique du délire [1997], Presses Universitaires de Rennes, 2011.
5 Zenoni A., « Après l’Œdipe que devient la psychose ? », Quarto, revue de
psychanalyse, 2013, 104, p. 92.
6 Stevens A., « Un sujet non standard », L’a-graphe, Institut du champ freudien,
Section clinique de Rennes, 2010-2011, p. 21.
7 Lacan J., «Joyce le symptôme II»., in Joyce avec Lacan, sous la direction de J. Aubert,
Navarin, Paris. 1987, p. 24.
8 Lacan J., “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”,
Escritos, Siglo XXI editores, México, 2001, p. 519.
9 Miller J.-A., “La invención del delirio”, El saber delirante, Buenos Aires, Paidós, 2005,
p. 96.
10 Ibíd., p. 87.
11 Miller J.-A., Sutilezas analíticas, Buenos Aires Paidós, 2011, p. 76.
12 Miller J.-A., Todo el mundo es loco, Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós,
2015, p. 310

Videoreseña de Seminario en la NEL-Santiago

Estimados​ colegas de la NEL,

Con alegría, compartimos la primera videoreseña realizada por la Comisión de Medios y Difusión, correspondiente al “Seminario sobre las Psicosis Ordinarias” que realizó José Fernando Velásquez en marzo del presente año.

A continuación, el link para acceder a la videoreseña:
https://www.youtube.com/watch?v=nmuYechIgWQ