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Reseña del  “Viernes de Escuela” (Conversación Clínica)

La reunión de este viernes 15 estuvo a cargo de Piedad de Spurrier, responsable de la “Conversación Clínica” en nuestra sede. La cuestión a trabajar fue: ¿cuáles son los aspectos relevantes de la clínica a transmitirse? Lo que retoma pertinentemente la pregunta de Lacan sobre cómo transmitir algo de lo intransmisible de la clínica psicoanalítica. Así nos aprestamos a trabajar sobre los modos de intentarlo: las invenciones para mostrar la práctica analítica.

Piedad inició señalando la inhibición-síntoma-angustia como respuestas a lo real, para dedicarse a hacer producir la díada “angustia-sorpresa”. Se refirió al discurso de Lacan a los psiquiatras y al seminario 2, donde se atrapa la sorpresa como falla, fisura, tropiezo, re-hallazgo, la que es recubierta por el fantasma. Esto cuando el sujeto mismo no es la fisura. Y ¿la angustia? Es el índice de lo real.

Desde este sesgo, la transmisión del caso es la del caso “escrito en el envés”. Tratándose de hacer la historia de las fisuras, de lo que no marcha, los modos y reacomodos que realizan el analizante y el analista en un análisis, de dar cuenta del acto del analista.

Entonces las primeras preguntas y comentarios: ¿De qué fisura se trata? Fisura de la cadena/ Fisura del semblante/ ¿Es la fisura un lapsus del nudo?/ La construcción se da por el ordenamiento lógico de la fisura.

A continuación se presentó un modo de lectura en la clínica a partir de la temporalidad y la pulsación. La temporalidad es la del significante y la pulsión que dan un ritmo-propio; mientras que, la pulsación muestra un sedimento no tomado por el ritmo: lo áfono, el punto de “no sé qué”. Así, los “casos de pase” muestran aquello que constituyó al sujeto como una contingencia.

La conversación se suscitó en singulares direcciones: anotar del lado del ritmo el goce de la contabilidad; la validez de la introducción del factor temporal en situaciones de “urgencia”; la transmisión de fragmentos; lo “seco” que puede tornarse la transmisión de las rupturas; una transmisión que no sea de las consistencias, sino de los perfiles del vacío, de sus bordes. Algunas referencias: el caso Signorelli y un “pase witz”.

El que Lacan se dirigiera a médicos fue bien articulado por una participante al hecho de que, en el campo médico existe una rítmica inalterable del protocolo; que el saber hacer, a partir de un diagnóstico de ítems, es para quienes no se dejan sorprender. 

Hacia el final, Piedad introdujo un nuevo elemento para el comentario: “la certeza”.

Nuevas preguntas puntúan el ritmo de próximas conversaciones: ¿cómo hacer sobre un borde que no sea el de la significación?, ¿cómo usa el cuerpo el analista en su acto?, ¿qué de la angustia del “es eso”? 

Sin dudas, este es un espacio de Escuela muy valioso para la discusión psicoanalítica lacaniana.

Jessica Jara

Comisión de Biblioteca.

 

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