Archivo de la categoría: Primeras Jornadas Nel Guayaquil

Reseña de la Jornada de NEL Guayaquil

La primera Jornada de Nel Guayaquil “¿Que quiere una mujer? Los tratamientos de lo femenino. El Psicoanálisis y otros discursos”, desde su idea inicial fue causada por el primer testimonio del Pase de María Cristina Giraldo, un año atrás en la Jornada de la NEL en nuestra ciudad.  Lo femenino en el lugar de lo no mostrado, lo escondido, interpretado por Marié Hélene Brousse en aquella ocasión, originó nuestra demanda a María Cristina y se programó poniendo en el lugar central el nuevo testimonio “La forma femenina de lo oculto”, luminosa construcción dando cuenta de la opacidad como tratamiento  La opacidad luminosa que en la interlocución de Marcus Vieira se lee como un no uso de la mascarada histérica, sino más bien un hacer con el vacío donde se ubica lo femenino , que además dio paso al anudamiento a la posición de Analista, posición del analista y pase que hace a la política de la Escuela, en una enseñanza desde lo singular.  

 
Fue un privilegio haber acogido en nuestra sede esta enseñanza con unas articulaciones tan finas entre teoría y la experiencia llevada al punto de la demostración de lo que el psicoanálisis causa en la vida de alguien.  Clara María Holguín, presidenta de la NEL nos introdujo al tema de la Jornada desarrollando el primer seminario “El goce femenino.  Los conceptos de la clínica Lacaniana”, seguido por el seminario de Marcus André Vieira “Los tratamientos de lo femenino en el fin de análisis y el Pase”, magníficas elaboraciones que fueron situando el recorrido de un análisis desde la marca de goce del significante del Otro hasta hacer del goce 
sinthome, pasando por el atravesamiento del fantasma.  

   

 
Y como abrochamiento especial de nuestro trabajo de Escuela, la Conversación política en el STP, con la presencia de su presidenta y de los invitados Marcus Vieira y María Cristina Giraldo, los miembros de Guayaquil y de las distintas sedes, que nos llevó a interrogarnos sobre la construcción de la Escuela No toda, en la que el Pase descompleta con la lógica de lo singular, la Escuela como lugar para la transmisión de la escritura de la letra fuera de la cadena de sentido y sin embargo en un ejercicio dirigido al Otro, a ser escuchado por una comunidad, muchas veces conmovida, tocada, que lleva uno por uno a enlazar la propia división, las propias soluciones, la propia experiencia de análisis. 

La primera Jornada Tratamientos de lo femenino recorrió por cuatro ejes de elaboración del tema, que suscitaron transferencia de trabajo en nuestra comunidad, en una intensa etapa preparatoria, estudiando, elaborando la articulación del tema en presentaciones públicas en cuatro mesas:  Tanto en las políticas públicas e institucionales, con exposiciones destinadas a situar un lugar a lo femenino, a lo singular allí donde se lo desconoce.   O desatacando el lugar de lo femenino en el arte.  O en los casos y elaboraciones sobre la clínica, a partir de los padecimientos subjetivos frente al horror a la castración y las soluciones del síntoma.  Finalmente sobre lo femenino en el fin de análisis y el Pase. 

No quiero dejar de reconocer el 
affectio societatis que sostiene el lazo en la Escuela Una evidenciado en la generosa contribución del audio sobre los tratamientos de lo femenino que nos envió Leonardo Gorostiza, con el que dimos apertura a la Jornada.  Así como varias contribuciones de colegas de otras escuelas para el blog de nel Guayaquil en la etapa preparatoria: Jose Fernando Velásquez, María de Angeles Morana de la NEL, Gerardo Arenas, Graciella Lucci, Silvia Tendlarz, de la EOL, Leda Guiimaraes de la EBP y nuestros  propios miembros y asociados con sus ponencias en las mesas: Rodolfo Rojas, Mayra de Hanze, Juan de Althaus, Álvaro Rendón, Nora Medina, Adriana Pérez, Juan Pablo Bitar, Jessica Jara y Mauricio Orrala.

Dejo constancia de la mucha alegría por lo conseguido y el agradecimiento de nuestra sede por todos los que la hicieron posible.

Ana Ricaurte

Directora Nel Guayaquil 

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Cuando lo “ Έτερος” constituye la fuente de una inspiración

Presentación al texto para I Jornada Nel-Guayaquil

Vamos a cerrar las publicaciones que contribuyeron a la preparación del tema ¿Qué quiere una mujer? Los tratamientos de lo femenino, tema de la Primera Jornada de Nel-Guayaquil, con la participación de nuestra querida colega María de los Ángeles Morana, de Nel-Cali, quien entusiasmada por la temática de la Jornada, nos envía una fina articulación epistémica, “Cuando un hombre puede prestarse de relevo para que una mujer consienta a convertirse en Otro para sí misma y para él” sin temor a contagiarse de la feminidad y quedar sometido a su influencia.

Lo hace a partir del intercambio  epistolar que mantuviera Juan Rulfo con su novia Clara Aparicio, ella después de 50 años, publica a modo de libro, “Aíres de las colinas” las 81 cartas recibidas por su novio Juan Rulfo.

Mayra de Hanze

Cuando lo “ Έτερος” constituye la fuente de una inspiración

Por: María de los Angeles Morana P.

Dice el Dr. Lacan en el Aún que el Otro representa “aquello con lo que la mujer está intrínsecamente relacionada”[1]. Años atrás en un congreso sobre la sexualidad femenina indicó que el hombre puede prestarse de relevo para que ella consienta a convertirse en Otro para sí misma y para él[2].  El relevo, del latín relevare, exonerar de un peso o poner algo de relieve y exaltarlo es la función que cumple un hombre cuando no teme “contagiarse” de la feminidad y quedar sometido a su influencia[3]. La alteridad femenina, vinculada a Otra cosa, le permite a él servirse de que ella sea no-toda para él. En palabras de Juan Rulfo, esa alteridad encarnada por Clara Aparicio le ayudó a  “defenderse contra la inclinación a batallar solo”[4] y le impulsó a introducir una perturbación en el intento vano de calcular la vida, ya que el alma no tolera muy bien la incertidumbre, como escribe el 21 de marzo de 1947: “… no debes dejarme en paz”, le dice, “Porque cuando siento que quiero estar en paz es cuando tengo la tendencia a dejar que el mundo camine por su cuenta y que pase todo sin importarme a mí nada”[5].

Rulfo, huérfano de sus padres tempranamente, es depositado por sus parientes en un orfelinato. En sus cartas a la amada, confiesa su gran temor al daño que procede del otro y su andar por la vida “solo y desamparado”; haciendo de la lectura su refugio pero también gozando de apartarse. Convoca pues a Clara a despertarle de la desidia y de la ensoñación para proveer los sueños del suelo de la hiancia, sobre la que zozobran los semblantes que pretenden sostener un Otro de la consistencia. En una carta anterior (fines de febrero del mismo año), describe su trabajo como capataz en una fábrica de neumáticos del Distrito Capital: “… en este mundo extraño el hombre es una máquina y la máquina está considerada como hombre” (…) “nunca había visto yo tanta miseria junta; tanta fuerza unida para acabar con el sentido humano del hombre”. Pero también allí exalta la compañía de ella en la distancia, sobre la que prosperan versos: “Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.

Es una cosa que nos mira y se va.

Como se va la sangre de una herida.

Como se va la muerte de la vida”[6].

Releer algunas de sus cartas teñidas por la queja frente a las difíciles circunstancias de sus vidas, le lleva a pelear con su tristeza, a no abundar en ella, allí donde el secreto a voces de su inspiración encuentra un nombre: “Clara, rosa, claridad”. El escritor habla de una mujer “puesto que de más de una no se puede hablar”[7] y le habla a una lo que para él significa que “en el horizonte está la alegría”[8]. Cuando un hombre no reprocha ser Otra a la elegida, es posible un amor sin amuro. Allí lo hétèros como una flor abriéndose de súbito permite:

“En un grano de arena ver un Mundo

  y en cada flor silvestre el Paraíso,

  vivir la eternidad en una hora,

  sostener en la palma el infinito”. W. Blake[9].

 

[1] Lacan, J. El Seminario. Libro XX. Aún. Paidós, Barcelona, 1981. cit., p.98

[2] Lacan, J. Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina. En: Escritos 2. S.XXI Ed. 1987. pp.710-711.

[3] Freud, S. El Tabú de la virginidad. En: Obras Completas. T.III. Biblioteca Nueva, Madrid, 1973. p.2447

[4] Rulfo, J. Aire de las colinas. Cartas a Clara. Ed. Sudamericana, Bs., As. 2000.

[5] Op., cit.

[6] Op., cit. Carta No 7. Guadalajara 10/1944.

[7] Lacan, J. Psicoanálisis, Radiofonía y Televisión. Anagrama, Barcelona, 1977.cit., p.128.

[8] Miller, J.-A. Los divinos detalles. Paidós, Bs., As. 2010. cit. p. 189.

[9] Blake traducido por J. L. Borges. En: Biblioteca ignoria. Blogspot.com.co/09/2017.

Feminidad: mil y Un maneras de gozar

Por: Gabriela Febres-Cordero

“¡Y sin embargo, no es mi muerte lo que me asombra, sino que mi cuerpo, después de la ruptura, siga deseándote!”
Tomado de Las mil y una noches: Historia de Amina, la segunda joven.

Los relatos que conforman Las Mil y Una Noches surgen a raíz de que Una mujer decide no tener el mismo fin de sus antecesoras; éstos comienzan con la historia de Scherezade. Ella se ofrece como esposa del rey, sabiendo que éste, al haber sido engañado por su esposa (y al enterarse que su hermano el sultán también fue traicionado por la suya) se ha propuesto desposar y asesinar a todas las mujeres vírgenes que encuentre. La tarea de encontrar a las futuras esposas del rey es encomendada al visir, padre de Scherezade. Ella se ofrece como esposa al sultán, aún ante la prohibición de su padre. Desde la primera noche, la noche en que debía morir, ella comienza a desplegar una serie de historias. Logra inventarse y desplegar aquello que la hace Una, irrumpiendo de algún modo en el esquema del rey de “todas las mujeres son infieles” y dando paso más bien a un postulado psicoanalítico: no hay una mujer igual a otra.

Todo neurótico habita el terreno del goce y el que va más allá del goce, pues da cuenta de que la falta está articulada a la subjetividad. Los matemas de la sexuación que Lacan presentó explican esta dinámica. El lado izquierdo, donde se encuentra el Todo, es un conjunto cerrado y que tiene como principal referente el Padre. El lado No-todo, no tiene referente y por eso es ilimitado. A la posición femenina Lacan la llama No-toda y en tanto lugar es posible que hombres y mujeres se sitúen en él. Se caracteriza por el vacío, lo ilimitado y la ausencia de referente. Cabe precisar que el vacío no es la falta sino que da cuenta de que no tiene límites y al hablar de que es ilimitado quiere decir que no existe en él referente alguno. No existe La mujer, tal como sí existe referente en el lado Todo: el Padre. El referente que se sitúa del lado Todo hace existir un límite, da al neurótico cierta tranquilidad respecto a lo que le acontece, por esto ubicamos aquí al Padre, como figura de referencia que el neurótico se inventa y a quien en ocasiones le confiere la razón de sus desgracias. No podemos decir La mujer, pero podemos decir Una mujer. En el análisis de lo que se trata es de que cada una llegue a estructurar su propia manera de mujer.


En tanto lo femenino es un lugar, también hay un modo femenino de gozar. Este es llamado por Lacan el Otro goce S(A/) el cual da cuenta del vacío, de la falta de significante; concierne por lo tanto a un lugar del que nada puede decirse. Hay entonces dos lugares desde los que una mujerpuede gozar: el goce fálico y el goce femenino, este último sobrepasa toda regulación, escapa a las palabras y por lo tanto puede tornarse peligroso.

Miller retoma a Lacan al establecer que “no hay límites en las concesiones que una mujer puede hacer por un hombre… cada una es capaz de ir hacia el no tener, y es capaz de realizarse como mujer en el no tener.”1 Cuando se ha cedido demasiado comienza a aparecer la cara mortífera del goce femenino, dada su falta de referente propia de esta posición. A pesar de que Lacan establece que tanto hombres como mujeres pueden ubicarse del lado del Otro goce, no es lo mismo para los dos. Aquello que no puede decirse se siente en el cuerpo, por lo tanto el goce femenino, más allá del falo, es un goce del cuerpo. Las mujeres, al encarnar el vacío en su propio cuerpo, están más relacionadas con ese Otro goce. Más que verbalizarlo, gozar de un vacío se siente. Y existen diferencias significativas entre determinar qué hay cuando existe un límite y saberlo cuando no existe límite alguno.

Se trata entonces del trabajo con un real que dice respecto al cuerpo, sobre el goce del cuerpo. Leda Guimaraes (2014) establece que el goce femenino remite al goce pulsional ya que no puede ser significado por la función fálica. No se encuentra delimitado en una zona erógena específica y tampoco puede ser alcanzado por la palabra. Lo ubica específicamente con “un fin pasivo de la satisfacción pulsional y, en esta medida, con una tendencia a lo femenino puesto que desde aquella posición hay un uso de la posición de objeto.”

La mujer femenina tiene, debe identificarse ella toda al falo como objeto causa de deseo, y el falo, que es razón de lo femenino, está en el padre. En cambio la histérica se identifica imaginariamente al padre, apunta a ser viril como él. El padre es un referente, un modelo, en cambio del lado de la feminidad se pone en juego la propia invención para hacerse falo. Esto implica inventarse ahí donde existe la nada, y se presenta un cierto desconocimiento en tanto sí misma pues implica existir en tanto Otra. Ser femenina es habitar el terreno No-todo fálico pero sin abandonar el referente fálico. Es dar lugar al vacío que habita en el cuerpo, aquella pregunta que no tiene respuesta inmediata pero que cuando ese no saber de lo femenino se transmite en el propio cuerpo puede llegar a encantar en su singularidad, dando pie a aquello que la hace Una mujer.

Bibliografía
Freud, Sigmund: “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica” (1925), en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu, 1993.
Guimarães, Lêda, “Goces de la mujer. De la devastación a la vivificación”, Brasil, KBR, 2014.
Miller, Jacques Alain, “De mujeres y semblantes”, Buenos Aires, El Pasador, 1993.
Miller, Jacques Alain, “De la naturaleza de los semblantes”, Buenos Aires, Paidós, 2002. Cap. XI y XII.
Miller, Jacques Alain, “Conferencias Porteñas. Tomo 2”, Buenos Aires, Paidós, 2011.
Miller, Jacques Alain, “Los divinos detalles”, Buenos Aires, Paidós, 2010
Miller, Jacques Alain, “Sutilezas analíticas”, Buenos Aires, Paidós, 2011
Lacan, Jacques, “La significación del falo” (1958) en Escritos II, Buenos Aires, Siglo XXI, 1998.
Lacan, J. en “Televisión” (1973). Texto obtenido en PDF.
Lacan, Jacques, El Seminario: Libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 1998.
Laurent, Eric, “Posiciones femeninas del ser”, Buenos Aires, Tres Haches, 1999.
Laurent, Eric, “El goce sin rostro”, Buenos Aires, Tres Haches, 2010.

¿Qué quiere una mujer? Lêda Guimarães

Con la presente contribución concluimos la preparación a la Primera Jornada de NEL Guayaquil “Qué quiere una mujer?  Los tratamientos de lo femenino.  El Psicoanálisis y otros discursos”, a realizarse el Viernes 27 y Sábado 28 de 2017.

Varios analistas de distintas Escuelas bien provistos del affectio societatis que sostiene la Escuela Una, generosamente han participado con sus textos en esta etapa de estudio para nuestra Jornada.

Leda Guimaraes es ex AE de la Escuela Brasilera de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Ha publicado algunos textos, entre ellos, disponible en nuestra Biblioteca, “Goces de la mujer”.  Y el más reciente “Una mujer y un hombre después del análisis”, lo encontrarán en la librería de la Jornada.

El texto que nos envía en esta ocasión recoge la pregunta de Freud ¿Qué quiere una mujer?

¡Lo impronunciable¡ dice Leda Guimaraes.  Exactamente en contraposición del goce fálico localizado.

Y sin embargo, una mujer puede localizarse en lo que no es nombrable, con el deseo de la pareja amorosa, experimentándose amada y desada.  Recorre de la devastación neurótica cuando esto fracasa, a la erotomanía, certeza de amor en la psicosis.

Su desarrollo señala también un punto clínico muy importante y de dificultad en la práctica, la ferocidad del superyo como perturbación de lo femenino.  Pero también propone una salida a la repetición inexorable, citando a Miller, “en un compromiso de deseo no mezquino, no económico de sí mismo”.

Tenemos aquí un desarrollo que nos introduce con pautas firmes en la Jornada.

Ana Ricaurte

¿QUÉ QUIERE UNA MUJER?

Por Lêda Guimarães

La pregunta “¿qué quiere una mujer?” fue mantenida por Freud como un enigma indescifrable hasta el final de su obra. Pregunta que se apoya en una creencia en la mujer, en una creencia en las palabras de la mujer, y más aún, en una creencia en los lapsus insondables de los entredichos incapturables de las palabras de una mujer…Por lo tanto es una pregunta que se direcciona hacia una satisfacción extraña, enigmática, no descifrable, no nombrable, ¡impronunciable…! Satisfacción que la norma macho, norma fálica, norma universal, norma de la normalidad, desconoce.

Formular esta satisfacción enigmática como goce femenino consiste en adoptar un término propuesto por Lacan, exactamente para  ubicar esta satisfacción como radicalmente distinta del goce de la normalidad macho. A partir de esta nominación, el goce femenino podrá ser formulado como ilimitado, continuo, expansivo e inclinado a la infinitización, exactamente en contraposición al goce fálico, que es limitado, restricto, localizado, evanescente.

Ya que la limitación del goce fálico adviene de un entrecruzamiento de la palabra con el real, es decir de un entrecruzamiento del registro simbólico con el registro real, así como formula Lacan, el goce femenino exactamente por no ser nombrable equivale a una experimentación de una satisfacción real incomparable. De tal modo, Lacan formuló en el Seminario de la Angustia, varias expresiones sobre las mujeres, exactamente para diferenciarlas de este límite del goce que los hombres están condenados: “a la mujer no le falta nada”, la mujer se revela como “superior en el campo del goce”, “el goce de la mujer es mayor que el del hombre”, “la mujer es mucho más real y mucho más verdadera que el hombre”…

Pero, para un hombre es casi insoportable preguntarse cómo goza una mujer, porque le resulta especialmente difícil que sus defensas estructurales no vengan a su socorro, produciendo las respuestas que más agradan a su propio goce de macho. De este modo Lacan vino a formular en 1967, en el Seminario 14: La lógica del fantasma, que “sostener la pregunta sobre el goce femenino” abre “la puerta para todos los actos perversos”.  Lacan lo confirma siete años después en  Televisión: “si el hombre quiere a la mujer, solo la alcanza cayendo en el campo de la perversión”. Formulación que generaliza la respuesta perversa del sujeto masculino que se debate con el Otro goce.

Por otro lado, las mujeres en su neurosis cuentan con otro instrumento para buscar localizarse en lo que no es nombrable. Tal instrumento es el deseo del Otro, más especialmente el deseo de la pareja amorosa que gana el privilegio de constituirse como el eje enigmático, para experimentarse, a partir de este deseo del Otro, como amada y deseada. Pero, sabemos que tal sueño de erotomanía solo es alcanzable en la psicosis, pues en la neurosis este sueño desemboca habitualmente en la devastación, que conviene ser denominada como goce superyoico, ya que se efectiviza en su carácter de imposición y mortificación. Esto resulta muchas veces en un sufrimiento insoportable que moviliza defensas que impiden el usufructo y la emergencia del goce femenino.

En tal fijación de goce de los humanos impera el gusto por la mortificación, sea en la degradación de objeto presente en los sueños masculinos de perversión,  o en la degradación femenina resultante de la demanda de amor. Esta fijación de goce presente en el mecanismo de compulsión a la repetición, se distancia radicalmente de la experimentación vivificante del goce femenino, como también de su aceptación y usufructo, ya que para tanto es fundamental que ocurra el quiebre de la ferocidad del superyó, para que desaparezca la angustia, el temor y lo insoportable frente a la oscuridad luminosa del goce femenino.

Para alcanzar tal transformación, hay un recurso inhabitual que fue muy bien formulado por Miller en el final del prólogo del libro de Bernardino Horne -Fragmentos de una vida psicoanalítica- [1] cuando Miller nos dice que “la repetición que acarrea toda una existencia en un movimiento inexorable no es un síntoma: se confunde con el propio ser. No se puede esperar esclarecerla y modificarla sino en función de un compromiso de deseo que no sea mezquino, ni económico de  sí mismo”

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[1] Horne, B., Fragmentos de una vida psicoanalítica.  Zahar, Río de Janeiro, 1999